Entrenador salvadoreño de fútbol lucha contra la deportación en Estados Unidos

Roberto Rivas  se dedica a formar jóvenes talento, pero el fin de un programa de beneficio migratorio lo amenaza. Esta es su historia.
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Roberto Rivas es un entrenador de fútbol que nació en el país y se crió en la isla Zacatillo, en el Golfo de Fonseca, hasta que a los nueve años de edad emprendió un viaje a Estados Unidos. Encontró un futuro prometedor, pero ahora está en riesgo de ser deportado por su condición de inmigrante ilegal.

El gobierno de Donald Trump anunció el 5 de septiembre del año pasado el fin del programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, en inglés) implementado por Barack Obama desde 2012. El programa favorecía a unos 750 mil jóvenes, incluido Roberto, quienes ahora han quedado en el limbo.

Rivas se formó y egresó de la carrera de Administración de Empresas en el Molloy College de Nueva York, en donde vive. Eso le permitió además meterse de lleno a la carrera de entrenador de fútbol, su pasión. A sus 34 años es un devoto del balompié y de enseñarlo a los más jóvenes.

Su experiencia como técnico le permitió ser parte de las juveniles del New York Cosmos, equipo de la NASL -en donde jugaron tres salvadoreños el año pasado- y acumula más de una década en academias juveniles y universitarias del Estado. Tiene el segundo rango más alto de entrenadores de la National Coaching Soccer Asociation of America.

 

"Yo estoy entrenando en la academia de East Meadows, pero trabajé antes para los New York Cosmos, en el área juvenil; he sido siete años técnico universitario y tengo experiencia dirigiendo en estas categorías juveniles en Nueva York", comenta Roberto.

Junto al exmadridista Raúl González, en un curso de LaLiga.

FIN DEL APOYO
Pero tras la medida adoptada en septiembre del año pasado en Washington, a Roberto le ha tocado buscar por sus medios la forma de no ser deportado, ya que él es parte de los denominados "dreamers" (soñadores) beneficiados con la acción migratoria que le permitió estudiar desde muy joven en esa nación.

"Cuando salió el DACA ya volvimos a un estatus legal, temporal, hasta ahora que lo han cortado. Estamos con la incertidumbre de si lo cortan definitivamente o si nos dan papeles. Si es la primera, se acaban las posibilidades de legalizarse", confiesa.

También lamenta que los procesos de migración sean tan caros y difíciles de llevar por los abogados. 

"Cuando los abogados miran que tu caso es un poco difícil no te lo quieren agarrar. Se ha gastado bastante dinero en eso, si fuera por dinero ya fuéramos legales. Para pedir un perdón y mantenerse en el país tenemos que pagar 5 mil dólares, solo para solicitar el trámite. Ya tenemos más de 10 años, podríamos ser residentes y quedarnos", cuenta.

CIUDADANO EJEMPLO
Destacado como líder de su comunidad en Long Island, en el este de Estados Unidos, ahora Rivas espera que su trayectoria profesional, el apoyo que brinda a la juventud de su localidad y el reconocimiento que ha logrado en la nación que lo adoptó desde chico le permitan quedarse en su nuevo terruño.

Dependerá de los seis meses de plazo que se ha dado al Congreso estadounidense para aprobar nuevas medidas en torno al DACA y así saber si se podrá mantener al menos por dos años más en el país o si se quedará sin el amparo de este programa.

Mientras tanto, Rivas acude a las canchas a entrenar a sus chicos, que rondan edades entre los ocho y nueve años, y formando material que las academias más avanzadas en Estados Unidos terminan de pulir. Todo ello pensando en que él, sus dos hermanos, su esposa y su madre corren el riesgo de salir de mala forma de una nación conformada por migrantes.

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