Estafan a otros dos futbolistas colombianos

Los colombiano David Sierra Grajales y Johan Sebastián Pérez acusan a los salvadoreños Noel Benítez, Ricardo Sosa y Roberto Machuca de formar parte de una trama afincada en Cali que los engañó con que vendrían a jugar a El Salvador, a cambio de pagos nunca reintegrados.

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Dos futbolistas colombianos ingresaron al país en junio pasado con la promesa que, previa inversión de $2 mil, jugarían en la primera división; una vez en el país, obligados a entregar $500 para alimentación y vivienda, apenas se entrenaron en equipos de segunda división profesional. Debieron recurrir al auxilio consular para regresar a Colombia.

Ambos, David Sierra Grajales y Johan Sebastián Pérez, compartieron su historia con GRUPO LPG, y responsabilizaron a tres salvadoreños, a un argentino radicado en Colombia y a un salvadoreño también radicado en Colombia, por los vejámenes que sufrieron en ese viaje.

La historia se divide en dos: la primera fue corta, porque ni David Sierra ni Johan Pérez consiguieron entrar a El Salvador, el 18 de mayo de 2017, por falta de documentación migratoria. En un principio, cuando Jorge Rúa, DT argentino radicado en Colombia, se ofreció para intermediar y meterlos al fútbol de la Liga Mayor cuscatleca, creyeron que era un servicio seguro. En que tuvieran esa convicción tuvo mucho que ver un salvadoreño, Roberto Machuca, quien les envió una carta de invitación para venir al país en la cual les garantizaba que él los recibiría y “daría hospedaje, alimentación y consumos médicos”, según indica la carta enviada a Grajales, una copia de la cual fue entregada a GRUPO LPG. 
 
Sierra afirma que le garantizaron que ficharía por  Alianza o por  Santa Tecla y que Machuca “era el director deportivo de ambas instituciones”. También sostiene que antes de venir al país ya les había entregado $1 mil 200. “Pero el fichaje no se dio y luego lo único que me dicen es que se perdió esa plata porque Roberto se la robó”, relató Sierra.

Entrevistado telefónicamente, Roberto Machuca admite que él recibiría a David Sierra y a Johan Pérez como un favor a otro salvadoreño, el radicado en Cali Ernesto Burgos. Reconoce que llegó al aeropuerto la noche del 18 de mayo, pero niega estar vinculado con el fútbol salvadoreño como director deportivo o dirigente del Alianza o del Santa Tecla. “Ni me gusta el fútbol”, sostuvo.
Sostiene que conoció  a Ernesto Burgos hace más de 30 años, que perdieron comunicación y que no fue sino hasta hace unos meses que comenzó a recibir mensajes suyos vía WhatsApp. “Me llamó para saber si le podía recibir a unos jugadores, le dije que le haría el favor. Y de un día para otro, me avisaron que llegaban... Uno dijo una cosa y otro dijo otra, uno dijo que era vendedor... Al rato me avisaron que no los dejaron entrar. Burgos se aprovechó de mí”, afirmó.
Asimismo, negó haber elaborado y enviado las cartas a los colombianos y recalcó que su acto fue por estricta buena voluntad porque no recibió dinero a cambio. “Que (David Sierra) le pida (ese dinero) al señor al que se lo dio”, dijo.
GRUPO LPG intentó sin éxito recoger impresiones de los señores Jorge Rúa y Ernesto Burgos; no atendieron las llamadas a Colombia.

SOSA Y BENÍTEZ
La segunda parte de la historia arranca el 1.º de junio de 2017, cuando Ricardo Sosa, exfutbolista salvadoreño convertido luego en dirigente, muy activo en el balompié oriental, les envió cartas de invitación para entrar al país a los colombianos David Sierra y Johan Pérez; en el documento, del cual GRUPO LPG  tiene una copia, Sosa firma como asesor deportivo. La carta fue girada en papel membretado con el logo del migueleño equipo Dragón, e incluye el logo de la primera división profesional. La carta explica que se invita a los jugadores a que “vengan al país a realizar una prueba deportiva como futbolista en un club de primera o segunda división”. Tras la oferta, Sierra y Arango aceptaron viajar de nuevo a El Salvador, otra vez con la intermediación de Jorge Rúa y de Ernesto Burgos. Esta vez, se les aseguró que el Sonsonate sería su destino, que “el equipo los esperaba” y que “ganarían $4 mil dólares mensuales”.

Ricardo Sosa los recibió en el aeropuerto el 2 de junio, los trasladó a un restaurante y les presentó a Noel Benítez, dirigente de muchos años del fútbol nacional, sancionado en 2016 por la FESFUT por irregularidades como presidente de la segunda división. En una publicación sobre el ingreso de futbolistas colombianos a El Salvador de modo irregular hecha por GRUPO LPG en abril de 2016, Benítez fue mencionado por varios de los afectados. Según el testimonio de David Sierra, Benítez los trasladó a su casa, en San Pablo Tacachico, La Libertad. Ahí les aclaró que no serían contratados por el Sonsonate, y les exigió $500 dólares como gastos. Asimismo les dijo que si lo deseaban, serían puestos a prueba en equipos de segunda división.

Ambos dirigentes aceptan esta serie de hechos, pero con matices. Ricardo Sosa admitió que elaboró la carta de invitación a los jugadores “con permiso del Dragón”, pero que se trató sólo de un favor a Noel Benítez, que le prometió $100 dólares por cada carta. Cuestionado sobre el abandono de los futbolistas, que no fueron contratados por nadie en el país, sostuvo: “Quien les falló a ellos fue el señor Noel Benítez, entiendo que él recibió plata de ellos. Él me ofreció $100 por cada carta y después me di cuenta que él les cobraba $200.”
Según los futbolistas, Sosa recibió más que eso. “Si de entrada el señor Benítez me pidió $300  para pagarle al señor Sosa por habernos llevado”, recordó David Sierra.

Noel Benítez admitió que recibió a estos jugadores tras un contacto con el argentino Jorge Rúa, pero negó cualquier otra responsabilidad. “Quien los trajo al país fue Ricardo (Sosa). A mí me pagaron por tenerlos en la casa, eso fue lo que realmente sucedió, pero de equipos no, sólo el hospedaje y alimentación. Si llegan a un hotel de El Salvador, hubiera sido más gasto para ellos.”

Los jugadores mantienen su versión que Benítez los movió de un equipo a otro. A David Sierra, tras pedirle los primeros $300 dólares para dárselos a Ricardo Sosa, le pidió otros $200 por la  noche, a cambio de ubicarlo en segunda ivisión profesional. "Me dijo que en uno de esos equipos me podían dar $400 dólares mensuales, o entre $500 y $600 dólares si exhibía condiciones, y que si me convertía en la estrella del equipo, hasta $1 mil dólares”, añadió.

David Sierra añade que esa noche había siete colombianos en la casa de Noel Benítez.  Al siguiente día, tras unos trámites en Migración con otro de los jugadores colombianos, Benítez les presentó al dirigente Mauro Durán Ávalos, quien les indicó que debían de viajar con él a Puerto El Triunfo, Usulután, para someterse a una prueba con el Aspirante de Jucuapa.

“Él nos llevó a su casa, en malas condiciones, uno en Colombia no tiene una calidad de vida tan mala. El baño es letrina, sucio, pequeño, sin cama, nos tocó dormir en muebles y hamaca. La hamaca, con mal olor, al igual que el mueble (sillón), está orinado y ‘pupusiado’ por el gato y la perrita. Asqueroso, pero por el hambre de llegar a ser profesional y pagar toda la plata, nos quedamos. En la primera semana nos daba comida al menos las tres veces al día. No era tan buena la comida, huevo con arroz  y tortillas”, contó.

Ninguno de los jugadores pudo fichar con el Jucuapa y se regresaron a  Tacachico. Ahí, Sierra Grajales le exigió a Benítez que le devolviera sus $500 dólares; en el interín, desde Colombia, Ernesto Burgos le dijo que se esperara una semana más, y en es periodo se fue a probar sin éxito al San Pablo Municipal,  y a El Chagüite de la segunda división.

Al siguiente día, Sierra y Pérez recibieron una indicación desde Colombia para que se movieran a San Vicente arealizar una prueba con el Independiente de la segunda división, pero tampoco fueron tomados en cuenta. Compadecido por su situación, el entrenador Rubén Alonso les dio alojamiento en la casa club así como dinero para comprar comida. Tras dejar San Vicente, los dos jugadores acudieron a la Embajada de Colombia y pasaron 16 días en el Refugio del Inmigrante antes de volver a su país.

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