Génesis de nuestro deporte

Los III Centroamericanos y del Caribe San Salvador 1935, inaugurados hace 80 años, marcaron al deporte salvadoreño.
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Hoy se cumplen 80 años de la celebración de los III Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 1935, una de las primeras competencias que colocaron a El Salvador en el mapa deportivo y asentaron la base del olimpismo local.

La silueta de un indio con un arco y una flecha a punto de ser lanzada sobre una elevación fue el logo de la justa regional que el país organizaba por primera vez y que estaba programada para 1934, pero los daños ocasionados por un ciclón que azotó El Salvador obligó a los organizadores a solicitar una prórroga y celebrarlos hasta marzo de 1935.

Tras superar los embates de la Madre Naturaleza y el retraso en la cons-trucción del Estadio Nacional Flor Blanca la cita deportiva fue inaugurada el 16 de marzo y El Salvador escribió un pasaje histórico crucial.

El Salvador había aceptado el reto de organizar la justa en 1930 bajo el mandato del presidente Pío Romero Bosque y terminó con el encargo el general Maximiliano Hernández Martínez a quien los juegos le cayeron como anillo al dedo puesto que el 1.º de marzo había tomado posesión como presidente.

La sede de la tercera edición de los CAC fue otorgada a El Salvador en la Asamblea General de 1930 en Cuba al delegado Rubén H. Dimas, fundador del Colegio García Flamenco, sin tener las garantías de apoyo del Gobierno, el cual después fue decisivo.

La dimensión dada a la cita deportiva fue grande, incluso fue reconocida por muchos como los Juegos Olímpicos Centroamericanos y se contó con atletas de Cuba, Puerto Rico, México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y El Salvador.

Los juegos matizaron un ambiente deportivo con una recesión económica mundial y efervescencia política.

“Por un lado, había un creciente interés entre sectores militares y civiles por promover algunos deportes, como el fútbol, el basquetbol, el esgrima, el tiro con pistola y rifle y otros, debido a que fomentaban la participación de soldados, cadetes, oficiales en su práctica, a la vez que le daba mucho posicionamiento social y mediático a sus practicantes”, comentó el historiador salvadoreño Carlos Cañas Dinarte a LA PRENSA GRÁFICA.

De ahí que la imagen del corredor Ricardo Arbizú Bosque con la bandera nacional durante el juramento olímpico y la delegación cuscatleca vestida de blanco saludando a la tribuna presidencial con el general Maximiliano Martínez en primer plano es una de las postales más recordadas de la ceremonia.

Ya el 16 de marzo de 1935, el desfile inició a las 4:40 de la tarde y la delegación cubana fue la primera en hacer el recorrido protocolar por la pista del Flor Blanca; detrás venían Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Puerto Rico, México y cerraba El Salvador, según registró LA PRENSA GRÁFICA en la nota de la inauguración con sus reporteros Julio Deport, Little Indian y Víctor Hugo Lucha. Nicaragua no participó en el desfile tras su llegada al país un día después de la ceremonia.

De acuerdo con los informes de la época, los CAC 1935 fueron clausurados el 6 de abril tras 18 días de competición, con la participación de más de 700 atletas y la confirmación de la inclusión de atletas femeninas además de sumarse el golf, la equitación, el boxeo y la lucha en el programa deportivo que fue de 14 disciplinas.

Al finalizar la justa, los máximos honores fueron para México que se proclamó campeón al obtener 37 medallas de oro, 20 platas y 21 bronces por delante de Cuba, que aseguró el segundo puesto con 31 doradas. El Salvador ocupó la cuarta casilla en el medallero con cuatro oros, igual número de platas y 10 bronces.

Atletismo fue el primer deporte en desarrollarse en el programa de competencias que tuvo además natación, clavados, boxeo, lucha, esgrima, tiro (pichón), ecuestre, polo, tiro de precisión, tenis, golf y en deportes de conjunto hubo acción en fútbol, baloncesto, voleibol y béisbol.

Entre algunos datos interesantes de esa cita deportiva fue la visita del compositor mexicano Agustín Lara y su presencia no pasó inadvertida en los planos artístico y social.

Según información que el Comité Olímpico de El Salvador (COES) planteó con motivo del 78.º aniversario del olimpismo en el país el “padrino de honor” de los juegos fue el barón Pierre de Coubertin, fundador del COI y creador de los Juegos Olímpicos Modernos.

El 4 de abril a las 5:57 de la tarde, el general Hernández Martínez clausuraba la tercera edición de los CAC y acto seguido sonaron las notas del himno nacional y salvas de artillería a falta de fuegos pirotécnicos en ese fecha.

Ángel Soler Serra, presidente del Comité Olímpico Nacional, entregó la bandera del comité organizador a Pablo Orellana, alcalde de San Salvador, para que la traspasara a manos del alcalde panameño, ciudad que fue designada como sede de la cuarta edición en 1938.

Los juegos tuvieron como camarógrafo oficial a Alfredo Massi, quien documentó la fiesta deportiva regional en una cinta cinematográfica que luego fue donada por familiares de él, convertida a un formato actual y presentada como preestreno para los Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 2002.

Los juegos de 1935 no estuvieron exentos de crítica y según publicaciones de LA PRENSA GRÁFICA de la época algunas quejas estaban enfocadas en el comité organizador por la logística, como los horarios establecidos para las eliminatorias de natación o los inconvenientes con el boxeo en sede del Cine Popular que iniciaban con retraso por el espectáculo.

Según los archivos, otra de las críticas lanzadas fue por el trato que recibió la prensa nacional y extranjera durante la ceremonia de apertura, dado que no se les respetó el espacio asignado para la cobertura y este fue entregado a otras personas que se encontraban cerca de esos espacios a los cuales fue difícil acceder por el cúmulo de personas que asistieron al estadio Nacional.

Según Cañas Dinarte, los juegos cumplieron con otras funciones además de probar la capacidad organizativa del país en una competencia de alto estándar.

“El deporte se convirtió en una fuente de publicidad gubernamental, por lo que mereció fondos especiales y le brindó la oportunidad de posicionar el nombre del país en el ámbito deportivo y olímpico internacional”, explicó el historiador.

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