Grande como una iglesia

Con gol de José Iglesias, Alianza derrotó 1-0 a Águila ayer en el Cuscatlán, en juego marcado por la polémica arbitral.
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Dos años tenía Alianza sin ganarle un partido a Águila como local. Dos derrotas consecutivas tenían los albos en el Clausura 2015. Dos semanas vivieron con el bocado amargo atorado en la garganta de ver a su técnico caminar por la cuerda floja y solo ratificado en un atisbo más de ultimátum que de buena fe, ahora con un asesor deportivo que si no tuvieron antes nadie explica por qué sí deberían necesitarlo ahora. Y todo ello, los dos años, las dos semanas y las dos derrotas se borraron de un plumazo ayer en el estadio Cuscatlán.

Un plumazo. Y quien lo sufrió fue el Águila. Pletóricos de confianza, con el liderato en sus espaldas, el gol 1,000 a la espera y un rival ablandado por su entorno, los emplumados fallaron. Pecaron de exceso de confianza y cuando despertaron fueron maltratados por el error de un juez de línea. Cayeron, perdieron el liderato y volverán a la tierra, ahí donde los partidos no se ganan antes de jugarse.

Alianza, mientras, tendrá al menos un par de días de paz. No despedirá a su técnico (como cualquiera pudo haber pensado si se sufría ayer una tercera derrota consecutiva) y se reengancha a la tabla con un triunfo de doble valor, por el rival; y tres puntos de triple potencia, por el salto de tres posiciones en la tabla: del octavo al quinto puesto, con 12 puntos, a cuatro del cuarto lugar.

No necesitó Alianza de reinventarse para derrotar a los emplumados. Solo recuperó la actitud y el coraje que no tuvo en sus dos derrotas anteriores. Presionó y presionó allá donde vio una camiseta anaranjada hasta asfixiar a los orientales, confiado en que la concentración y la aplicación le darían rédito y lo encontró en las botas de un juvenil que quizá no cobra como para aparecer en portadas pero que tiene galones, y de sobra, de esfuerzo: José Manuel Iglesias.

El 43 albo fue puro corazón. Cuando nombraron a Milton Meléndez como asesor deportivo esta semana, “Tigana” dijo que a este equipo le hacía falta identidad, pero Iglesias demostró que algunos sí la tienen. Que les cueste hacerse un espacio en el equipo titular es diferente.

Al menos ayer sí lo tuvo y el entusiasmo de Iglesias contagió a todos sus compañeros, ante un Águila tímido, que no se conectó en ningún momento del partido y que tuvo sus chances más producto de la inercia de la insistencia, y al que el reclamo de un gol mal anulado quizá le quedará muy grande para el pobre juego que demostró en comparación con lo de fechas anteriores.

Alianza fue mejor y por eso ganó el partido. Maniató el balón los primeros 15 minutos y ni siquiera permitió que Águila rematara una sola vez entre los tres palos en ese lapso. Eso sí, a su aplicación defensiva le faltó elaboración ofensiva, toda vez que así como tampoco pasaban apuros para hacerse del balón en su zona del campo, no provocaron una jugada de peligro de verdadero susto sobre el arco emplumado en los primeros minutos del encuentro.

Debieron pasar 20 minutos para que con un remate de Óscar Cerén que se fue desviado Águila se sacudiera algo de la presión capitalina. Tras arrinconar a los orientales al inicio del partido, Alianza replegó luego y dosificó energías en la presión, más para buscarle las cosquillas al equipo oriental y sorprenderlo a la menor oportunidad.

Tuvo la primera sobre el minuto 29. Un trazo largo que encontró al exaguilucho Isidro Gutiérrez. De derecha, en el área chica, por el sector derecho, enganchó hacia adentro y prendió de zurda. Su remate: repelido por Benji y génesis de un contraataque emplumado que finalizó con otro remate sin peligro en el arco de Arroyo.

La insistencia por interrumpir la salida emplumada le dio dividendos a los pupilos de Ramiro Cepeda en un nuevo contraataque sobre el 36'. La diferencia fue que esta vez los emplumados en lugar de buscar jugar en largo optaron por la peor decisión: salir por el centro.

Ahí donde los técnicos dicen que no debe rechazarse porque siempre hay un jugador rival, ahí intentó salir en carrera Óscar Cerén. El resultado fue que quedó detenido en seco, le robaron la pelota y el argentino Matías Córdoba, experto en ver espacios, vio el que Iglesias tenía a la espalda de Ibsen Castro.

Asistente y goleador fueron, entonces, uno solo. Sin esperar más, Córdoba filtró e Iglesias definió como los buenos arietes: de primera y colocado, abajo, donde Benji Villalobos no podía bajar bien para detener. El balón superó al meta y se coló al fondo de la red, para disfrute albo.

De lo plano al vértigo

Con desventaja en el marcador, Águila intentó ordenarse pero no encontró ruta para su juego. Gilberto Baires fue repetidamente ablandado por las faltas de los capitalinos hasta anularlo y su falta de protagonismo le restó compañía también a los intentos en solitario de Cerén por la banda, convirtiendo a los orientales en un equipo previsible, en el que solo un remate de fuera de área de Santos Ortiz, bien controlado por Arroyo, fue el único remate entre los tres palos blancos del primer tiempo.

La segunda mitad mantuvo el listón en lo ya visto, pero con los cambios orientales comenzó a desatarse el mismo y a ganar velocidad el encuentro. Alianza ya no tuvo oportunidad para cerrar el partido con un segundo tanto y el partido se convirtió en un querer y no poder oriental, primero para querer encontrar opción y luego poder conseguir el milagro de un empate.

Llegó Williams Reyes en lugar de Álvaro Lizama, Miguel Camargo por Gilberto Baires y Marlon Trejo por Santos Ortiz y Águila ganó verticalidad. Su traslado ganó fluidez y obligaron a los paquidermos a llenarse de tarjetas (los cuatro defensores capitalinos y hasta su portero, de hecho, fueron amonestados).

Sin embargo, cuando consiguió generar peligro, se quedó a medias. Al 58' casi encontró el empate en un tiro libre de Nicolás Muñoz que pasó pegado al poste, lo que terminó de encender sus ánimos y de hacerlo empujar hasta conseguir centros y tiros de esquina por montón, pero sin tino en la concreción.

Alianza, mientras, también replegó líneas. Llegó Érick Molina por Roberto Maradiaga para darle pausa al juego y no perder el balón tan rápido, e Isaac Portillo por Córdoba para blindar definitivamente el sector defensivo. El tercer cambio, Fito por Iglesias, fue más el intento de tener piernas frescas adelante para alguna carrera, cuando no una imagen certera del ingreso del ídolo, ayer suplente, en lugar del que debería ser el nuevo consentido del equipo blanco. Papeles cambiados.

Pero Águila no había dicho su última palabra. Al 74', en una escapada por derecha de Cerén que acabó en un remate de Reyes por izquierda y el rechazo de Arroyo. Nicolás, habilitado cuando salió el remate de su compañero pero en posición de fuera de juego cuando el arquero albo rechazó el balón, la empujó al fondo y comenzó la celebración, frenada inmediatamente por el auxiliar ante la frustración de los orientales.

Fue el aviso precisamente para los capitalinos, ya que luego llegó el cambio de Portillo por Córdoba y Alianza quedó encomendado al sacrificio de cuidar el marcador. Tuvo un contraataque al 82', en un dos contra uno, pero el defensa oriental desarmó sin problemas al atacante y acto seguido el visitante montó su contra desaprovechada en un remate sin dirección.

Todavía tuvo Águila otro momento para bajarle el ánimo a los albos. Un tiro de esquina al 87' encontró la testa de Henry Romero y no quedó del todo claro si un compañero la prolongó al fondo. Si fue así, tanto bien anulado; si no, el línea se comió el que era el tanto del empate emplumado.

Consideró el árbitro la primera opción y sentenció el partido. Águila ya no tuvo más que un remate de Camargo a las manos de Arroyo y la frustración de sentir que le metieron la mano a la bolsa porque no solo perdió el partido, sino también el liderato. Alianza, en cambio, puede olvidarse de las dos semanas anteriores, a la espera de que el próximo cataclismo no sea pronto.

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