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José Tobar, el otro legionario salvadoreño en Guatemala

Conocé la emotiva historia del salvadoreño que está por debutar en la primera división chapina.
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José Tobar, el otro  legionario salvadoreño en Guatemala

José Tobar, el otro legionario salvadoreño en Guatemala

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Siquinalá es uno de los municipios del departamento de Escuintla, en Guatemala. Es un lugar netamente comercial, cálido la mayor parte del tiempo, y quizás lo que más le define es que ama el fútbol. Desde hace poco más de un año es el hogar de José Tobar, un salvadoreño oriundo de Candelaria de la Frontera, en Santa Ana.

Su hogar en El Salvador, donde aún vive toda su familia, está a a 251 kilómetros de Siquinalá, a cuatro horas de viaje en autómovil, pero eso no fue impedimento para que “El Chero” Tobar tomara sus maletas y viajara hasta Escuintla.

Llegar hasta donde lo ha hecho no ha sido fácil. Una tragedia familiar fue el detonante para que regresara al fútbol más fuerte.


¿Cuánto tiempo tiene de estar jugando en el fútbol guatemalteco?

Un año. Es mi primera oportunidad de jugar en el extranjero. Muy bendecido, gracias a Dios he tenido éxito en lo poco de estar aquí.

¿Cómo llegó hasta acá?

Un amigo me vio jugar y me invitó a jugar. Me dijo que el equipo estaba peleando para ascender a primera y que estaba habilitado para que jugaran extranjeros; entonces él habló con el entrenador y el aceptó. Me vine a hacer la prueba y gracias a Dios le parecí y tengo una bonita historia con este equipo.

Cuénteme cuál es...

Soy el primer salvadoreño en jugar acá (Siquinalá), el primer salvadoreño en anotar un gol, el primer salvadoreño en quedar campeón y lograr un ascenso, eso va a quedar grabado en la historia del club.

¿En qué equipos jugó en El Salvador?

Comencé en el Juventud Candelareña a los 6 años, ellos me formaron en la escuelita. A los 17 estuve en el proceso de la sub 20, pero lastimosamente al Premundial de Jamaica ya no fui. Yo soy de la camada de Andrés Flores, William Maldonado, Jorge Morán, Jaime Alas y Edwin Sánchez. A los 20 años debuté en el Malacoff en liga de ascenso; después de ahí fui al Once Lobos y luego pase a Metapán, en la liga de ascenso, jugué un año. Luego me vine para Siquinalá.

¿Le costó tomar la decisión de venir a Siquinalá, a un lugar totalmente desconocido para usted?

Sería mentiroso si le digo que no me dio miedo. Cuando vine acá muchos dudaban de mi capacidad, estaban acostumbrados a jugadores brasileños, uruguayos, hondureños. Yo sabía que para mi era un reto por ser salvadoreño. Lastimosamente al jugador salvadoreño lo tienen por indisciplinado, pero sabía que con lo único que ellos (afición y directivos) podían cambiar de opinión era por mi trabajo y entrega en cada partido. Gracias a Dios, con el pasar del tiempo, la afición me ha tomado mucho cariño. Soy conocido como “El Chero Tobar”.

¿Cuáles son las expectativas que tiene con Siquinalá, ahora que están en la Liga Mayor?

Son grandes. Sabemos que todo es paso a paso, pero el primer objetivo que tenemos es clasificar, luego hacer la mayor cantidad de puntos posibles para alejarnos del descenso porque todos nos hemos comprometido a que Siquinalá de batalla y que esté mucho tiempo en Liga Nacional.

¿Cómo se vive el fútbol en Siquinalá?

Es algo increíble, algo que en los estadios de El Salvador no se vive. Acá se juega siempre a estadio lleno, a las 9:00 de la mañana la gente ya está en el estadio. Es bonito porque cuando uno va entrando al camerino ya la gente le aplaude y eso lo motiva a uno para hacer las cosas bien dentro del terreno de juego.

¿Genera un poco de presión eso?

No, el futbolista siempre tiene presión. A uno por eso le pagan para hacer las cosas bien dentro de la cancha, por eso uno entrena todas las semanas, se prepara y sabe que tiene que hacer lo mejor posible. Uno no puede relajarse, como futbolista siempre se está en constante presión, tanto de la directiva como de la afición.

¿Qué ha sido lo más difícil que le ha tocado vivir en Guatemala?

Estar lejos de mi familia, lejos de mi esposa eso fue lo más difícil. Me costó adaptarme al calor. Siquinalá es un lugar muy caliente.

Me mencionó anteriormente que se había ausentado del fútbol tras la muerte de su hijo.

El fútbol para mi es la mejor medicina que puede haber en este mundo, ya que lo hace olvidar problemas. La pérdida de mi hijo fue muy difícil... me retiré del futbol para dedicarme a mi matrimonio, quería hacer mi familia. Uno de mis sueños es ser padre y lastimosamente por cosas que solo Dios sabe... a las ocho semanas mi esposa tuvo un aborto. Pasé tres días llorando y me cayó la oferta de acá (Siquinalá). Mi esposa me apoyó en todo momento, ella ha sido muy importante para mi y gracias a Dios logré entrar. Mi hijo siempre es mi inspiración para seguir adelante.

¿Qué quiere lograr en el fútbol?

De pequeño siempre tuve sueños, uno de ellos era jugar en la liga mayor de El Salvador. Hice pretemporada con Metapán, pero al entrenador solo le gustaba gente de experiencia. Estaba Cheyo Quintanilla, Nico Muñoz, Paolo Suárez, ‘la Rastra’ Escobar, Alfredo Pacheco... yo sabía que no tenía cabida. Preferí irme a Once Lobos, ahí tenía más oportunidad de sobresalir. Gracias a Dios me fue bien.

¿Ha abandonado ese sueño?

No, nunca lo voy a abandonar. Le voy a contar, tengo otro sueño: jugar en la selección. Primero Dios lo voy a cumplir. Haré las cosas bien para que la gente y los directvos en la federacion se den cuenta de que hay otro talento que pueden tomar en cuenta. Para mi sería un orgullo jugar en la selección de El Salvador.

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