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La Copa por los compas

Rubén Alonso quiere salir campeón con el Alianza por Carlos Reyes y Jorge Ribaga.
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Hace seis años, un viejo amigo de Rubén Alonso le dijo en un sueño que sería campeón del fútbol salvadoreño. Tarde, pero siempre mejor tarde que nunca, se puede hacer realidad.

Corría la mitad del torneo Clausura 2010. Alonso se había ganado, sin merecerlo, el mote de técnico “bombero”, toda vez que recibía equipos condenados una vez sí y otra vez también al descenso. Pero el charrúa nunca arrugó y sabía que la paciencia le daría frutos.

En efecto, ese Clausura 2010 Águila tocó a su puerta. Llegó en sustitución de Nelson Ancheta, que solo dirigió 11 jornadas, y llevó al equipo directo a la final sin perder un solo juego. Empero, había algo detrás de las gradas, fuera del terreno de juego, que motivaba a Rubén más que otra cosa.

Antes de firmar con los emplumados, un viejo amigo de Alonso se cruzó en su camino una noche. Carlitos Reyes. Fallecido un año antes, el 11 de junio de 2009, el eterno compañero de fórmula de Alonso se le apareció en un sueño antes que firmara con los negronaranjas y le dejó marcada la frase que lo acompañó, sin que otros lo supieran, el resto de ese torneo.

“Soñé que Carlos me estaba esperando en las puertas del estadio Barraza. Me recibía y me traía a la cancha y antes de entrar me decía: ‘Aquí vas a ser campeón’”, contó Alonso solo a sus conocidos de más confianza. Aún estaba fresco el recuerdo del amigo que partió y la voz se quebraba en cada entrevista en que le preguntaban si dedicaría ese campeonato, en caso de ganarlo, a su excompañero.

Empero, misteriosos como son los designios de la vida, Alonso no ganó aquel campeonato. Isidro Metapán se cruzó en su camino y le ganó el único partido que el suramericano perdió al frente de Águila ese torneo. Ahí se acabó su vinculo con el Águila y regresó el tiempo de sembrar hasta que otro equipo le permitiera cosechar en el fútbol salvadoreño

Seis años después, el equipo de sus amores le volvió a abrir las puertas y, cómo no, guardado entre sus recuerdos, Alonso se permite traer de nuevo aquel sueño de 2009. Carlitos le dijo que sería campeón con Águila. Quizá se refería a que jugando en el Barraza ganaría el partido que impulsaría a los suyos hasta llegar a una final y quedar a un paso de ganar la corona. Sobre todo porque una cosa es ser campeón con los orientales, otra cosa es serlo con el equipo de sus amores: con el Alianza.

“Sé que allá arriba me está viendo y apoyando”, dice Alonso con el sentimiento a flor de piel.

Avanza en sus comentarios de forma pausada y concienzuda y recuerda más a Reyes. “Con Carlos siempre teníamos sueños. Lamentablemente se fue y nunca quiso ser primer entrenador porque veía el fútbol muy bien y conmigo hizo buena mancuerna”.

Continúa y el míster confiesa que le dijo a Reyes que “no moriría sin dirigir al Alianza otra vez” y eso ya lo cumplió.

Alonso es un tipo espiritual y se lo traslada a todos a su alrededor. “Esto es la mano de Dios conmigo siempre y siempre le pido a Dios, y en el medio está Carlitos, intercediendo más cerquita para que las cosas se den”.

Inevitable resulta, tras hablar de Reyes, traer a memoria a otro gran motor de su carrera profesional: Jorge Ribaga, otro uruguayo que impulsó su carrera a finales de los setenta y con el que jugó en Guatemala y en el Alianza.

Ribaga, también ya fallecido, fue quien trajo a Centroamérica a Alonso. Además fungió como preparador físico en su cuerpo técnico. Hablar de los grandes momentos del trío en este momento le fue imposible al entrenador. Lloró y retomó fuerzas para entrarle con todo al último partido del torneo Apertura. “Es cierto que ya no están conmigo, pero allá arriba me están viendo y apoyando”, completa el míster albo.

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