La UES se ríe del Águila

Los académicos dejaron en evidencia al club emplumado, hoy fuera de puestos de clasificación.
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Ganar 17 puntos de los primeros 24 en disputa y luego solo sumar tres de los siguientes 18 parecería digno de una tragedia griega. Aunque, en este caso, no es griega sino salvadoreña y es la que vive el Águila, un equipo que se da el lujo de decir que tiene una plantilla brillante. Tanto que el mismo brillo no le deja ver sus enormes agujeros y sus carencias.

Pero sus rivales sí las ven. Y desde hace buen rato las tienen controladas. Águila se cae a pedazos. No tiene sorpresa, perdió el gol y, peor aún, perdió la chispa con que inició el campeonato y que lo tuvo hasta líder del torneo. Hoy es un equipo errante, que regala un gol sí y otro gol también, fracturado porque no tiene defensa y bloqueado porque ya no encuentra el camino al gol. Ayer cayó contra la Universidad de El Salvador (UES) y las semifinales parecen un sueño cada vez más lejano para un equipo armado para aspirar a todo y a unas cuantas jornadas de quedarse sin nada.

Y lo dejó en evidencia una de sus némesis. Sin el historial o la jerarquía que dan los títulos, la UES se ha convertido desde que regresó a primera división en una maldición allá donde sea que encuentra al Águila. Le había ganado cinco de los últimos siete partidos y ayer le ganó el sexto de ocho. Aprovechando los grandes huecos emplumados y recordando que saben sufrir (con tres meses sin salario porque la U se fue de vacaciones sin solucionarles el problema) pero saben ganar.

Los pupilos de William Renderos Iraheta le dieron una nueva lección de pragmatismo a los emplumados. Lo sacudieron en el primer tiempo para no dejarlo entrar en calor, lo golpearon antes de terminar los primeros 45 minutos y lo remataron en la segunda mitad defendiendo el tanto a favor y en una contra que reveló la defensa de vidrio del cuadro oriental.

A Águila se le lesionó el colombiano Eder Arias hace seis jornadas y la zaga emplumada se le hizo pedazos al panameño Julio Dely Valdés. Sin ir tan lejos, la zona que lucía más fija de su equipo ha mutado de manera tal que de su equipo base, hoy apenas es Deris Umanzor el único inamovible de la zaga, ayer remachada con Coreas en el arco; y Espinoza, Romero y Posadas acompañando a Umanzor.

Desdibujado y redibujado atrás, al equipo oriental le pesa también la ausencia de un jugador que haga la transición hacia adelante. Ayer Dely Valdez arrancó con René Gómez y Ronald Torres (en otros juegos ha sido Santos Ortiz y Miguel Camargo) y la ausencia de ideas fue evidente. Al club le tomaba un mundo salir de su campo con un toque improductivo hacia atrás, adelante y de regreso atrás que le permitía tener el balón y si bien no recibía daño tampoco lo provocaba sobre el arco de Douglas Batres, meta académico.

Y metido en la inercia del ir y venir, la UES fue más mortal. Sin perder paciencia, esperaron el error y este llegó en la cabeza de Marcelo Posadas, quien, al minuto 38, en su afán de jugar con su portero, (mal) cabeceó hacia atrás y dejó la pelota servida al argentino Francisco Ladogana, que se movía a su espalda, de modo que el gaucho solo tuvo que prender la volea y correr a celebrar ante el esfuerzo inútil de Coreas por contener el remate.

El mundo encima

El mundo se hizo demasiado pesado a Águila. No solo perdía sino que sabía que FAS estaba sumando de a tres en San Miguel, lo que lo obligaba a sumar también a ellos. Empero, ni así se notó un verdadero intento de reacción en los orientales: fatales en definición y pródigos para regalar más oportunidades al rival.

Una de esas fue la que derivó en el segundo tanto escarlata en el segundo tiempo. Cuando ya la UES había replegado fuerzas para buscar las contras, al minuto 78, una escapada le permitió a Jonathan Jiménez hacerse de espacio ante la tibia marca de Posadas para meterle un “globito” al intento de achique de Coreas, que solo alcanzó a saltar hacia atrás y a sacar de nuevo el balón del fondo de su arco.

Águila estaba condenado. Ni siquiera un gol de rebote en una mala salida de Batres, quien permitió a Arsenio Rodríguez meterle la rodilla a un balón que había medido mal, le dio aires para buscar la igualdad. No tuvo más chances reales y sí muchos reproches ante su quinta derrota en los últimos seis partidos y a su salida oficial de los cuatro primeros puestos de la tabla.

La UES, mientras tanto, respira en todos los frentes. En la acumulada, donde comenzaba a ver de reojo que se acercaban Pasaquina y Atlético Marte, sumó de a tres para tener ahora 11 puntos más que ambos (con 12 más por disputarse), por lo que prácticamente puede decir que ha salvado la categoría. Mientras, en la del Clausura 2015, está a seis puntos del cuarto lugar y no descarta el sueño del milagro y pelear por un boleto a semifinales.

Águila es la otra cara de la moneda. Dilapidó todo lo bueno de su primera vuelta y ahora es un equipo pesado, condenado a su mala suerte pero, increíblemente, aún con chances de revertir su situación.

De los cuatro encuentros pendientes de los orientales, le falta jugar contra Santa Tecla, Juventud Independiente y Alianza: tres rivales directos. No obstante, si los indirectos se ríen de él...

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