La mentalidad no reconoce nacionalidades”

Jesús “Chucho” Ramírez compartió las experiencias y pensamientos sobre cómo se ganó el mundial sub-17 con México en 2005 y cómo cambió el panorama para las juveniles luego de eso.
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Entrenador, pero también, en algún momento, maestro o padre. Esos son los papeles que según el mexicano Jesús Ramírez debe jugar un técnico de combinados juveniles nacionales. Y esos fueron los que jugó él mismo cuando estuvo al frente de la selección sub-17 de México y ganaron el mundial de esa categoría en Perú 2005. Sobre qué significa ello y qué cambió tras el campeonato fue de lo que conversó ayer “el Chucho” Ramírez con LA PRENSA GRÁFICA.

¿Qué significado tiene para usted ser campeón del mundo juvenil?

Es uno de los logros más importantes de mi carrera deportiva. Ver cristalizado un sueño, pero lo más importante es cómo se dio, porque mucha gente, a veces, creen que las cosas suceden porque te tocaba, por suerte o porque era un grupo de jóvenes que jugaban muy bien; y yo creo que no es así. Fue elegir gente idónea para este proceso y gente que pensó un objetivo común, lo trabajó y evidentemente tiene que haber capacidad, no se puede de otra manera. Coinciden diferentes formas en una sola que es ganar y hay una exigencia interna, que es importante en este proceso, para ser parte de esta selección.

Todo comenzó con una selección sub-15 en 2001, que era inédita en el fútbol mexicano, ¿cómo fue ese trabajo en algo que aún no se había hecho antes?, ¿sintió falta de apoyo?

No tanto falta de apoyo, sino que no había esa ideología. Como era una selección de chiquitos no se estaba tan acostumbrado a lo que hoy es. Hoy para México una sub-13, una sub-15 es sumamente importante. En ese momento era la primera vez; entonces cuesta un poquito arrancar las cosas. Pero yo sí tuve apoyo. Alejandro Murillo, que era gerente de selecciones, me llevó a la selección. Nos dijo que teníamos que hacer un trabajo diferente y te digo: se unen gentes idóneas para realizarlo. Hoy te puedo decir que, afortunadamente, las selecciones de México tienen un staff bastante amplio de colaboradores en cada una de las selecciones, que es lo obvio: el desarrollo y el crecimiento te van marcando las necesidades.

¿Cómo era el trabajo de juveniles en México antes y cómo fue después que se ganó el mundial de 2005?

En México hubo un cambio total. Yo salí de un equipo que trabajaba muy bien, debuté en Primera División a los 17 años, en el Pumas de la UNAM, que era un equipo que daba oportunidad a los jóvenes en ese momento. Creo que esa etapa fue muy importante, quizá fue parte de mi desarrollo, porque en el Pumas se acostumbraba a eso: en trabajar en juventud, con chicos, en aprovechar la oportunidad. Yo de ahí nací, ahí jugué al lado de Hugo Sánchez. Quizá esa ideología de ese club incide en tu desarrollo en un futuro.

¿Siente que cambió la perspectiva de los clubes respecto a categorías inferiores luego de que México ganara el mundial sub-17?

Había equipos que se destacaban como Pumas, Atlas, Chivas. Esos equipos se caracterizaban por tener un buen trabajo de divisiones inferiores. Obviamente, luego se van sumando más equipos. Hoy te puedo mencionar al Santos, tiene unas instalaciones espectaculares; el Pachuca, para jóvenes es impresionante. La verdad es: hoy para los clubes mexicanos las fuerzas básicas ya es normal.

Leía que a Carlos Vela lo encontró en una “cascarita”, un partido de barrio, y no en una asociación...

Sí, en un partido de llano; o sea, como muchos otros, como al capitán (Patricio Araujo), de esos partidos que vas un fin de semana y ves jugadores y así como él varios. Nunca hay que descartar nada: les enseñaba la cancha de pura tierra, ahí elegí a Torres Nilo, que ya jugó mundiales, no fue al sub-17 pero después con el desarrollo estuvo ahí. Fue una selección muy rica en cuanto a porcentaje: unos jugaron el sub-17, otros jugaron el sub-20, otros después el mundial mayor. Fue un proceso muy rico realmente.

¿Qué siente hoy cuando ve a jugadores como Carlos Vela o Giovanni Dos Santos u otro de esa sub-17?

Afortunadamente sigo teniendo contacto con ellos. Recuerdo cuando estábamos en selecciones menores, yo les preguntaba dónde querían jugar: “Yo en Europa”, “yo en tal parte”. Todo lo que platicamos en esos años hoy se ha convertido en realidad. Te digo: ha sido un proceso bonito y de continuidad.

¿Qué es lo más difícil de trabajar en juveniles, profesor?

Creo que convencerlos. Yo digo que el chavo empieza a ser obediente, te empieza a hacer caso, pero yo lo que pienso es que no te tiene que hacer caso por obligación, sino por convicción, que el jugador se convenza que esa es la forma y que no la invente yo. Es una fórmula universal para conseguir cosas. Que el jugador deje de ser obediente para ser razonador y elegir por convicción.

¿Cuál considera, entonces, el perfil adecuado de técnicos de juveniles?

Es diferente. Te conviertes en un papá. Tienes que enseñar, repetir, ser paciente, orientar. Como si fueras un papá porque convives con ellos mucho tiempo. Sí incides en el desarrollo de la persona, olvídate de los conceptos y de la forma de jugar: eso es, entre comillas, otro tema. El perfil del formador tiene que ser alguien de paciencia, que sepa transmitir, porque no compites inmediatamente. Es de hacer una preparación y luego competir. Es un maestro, un papá o alguien que te haga sentir bien, confiado, para hacer el trabajo.

¿Considera reproducible su método en países como El Salvador?

Yo creo que es reproducible en cualquier parte del mundo. No tiene etiqueta de nada. Lo mismo puede hacer un alemán, brasileño, mexicano o salvadoreño. La mentalidad no reconoce nacionalidades ni edades ni estatus económico ni nada. Simplemente lo que pasa por aquí (se señala la cabeza).

¿Pensaría trabajar en El Salvador, donde se habla de querer un coordinador de selecciones menores?

Sí. Bueno, siempre está uno abierto, es parte de la profesión. Si llegara una situación, pues claro que la podría valorar, con mucho gusto. Ahorita terminé un contrato en Japón y tengo otros proyectos en México, pero no descarto la posibilidad, por qué no.

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