La noche más triste

la selección de playa no pudo con la suerte y el portero de una costa rica que se llevó el boleto al mundial.
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Se rompió. La tradición de los mundiales consecutivos para El Salvador se quebró ayer en casa. Costa Rica derrotó al representativo nacional por 1-2 e hizo añicos el sueño de un país de disfrutar de una clasificación mundialista en su estadio, con el calor de su gente.

Con un juego muy trabajado, estudiado y perfectamente analizado por parte de la selección costarricense, El Salvador se vio reducido en su accionar ante un rival que pareció no querer jugar a nada, pero que era su estilo. Y en juegos como el de ayer, en los que todo lo que importa es ganar, valen este tipo de recursos.

A Costa Rica la benefició su estrategia y su portero, Bladimir Adanis, uno de los baluartes para el boleto. Anoche no hubo ni Batres, ni Elmer, ni Tin, ni Ramos que pudieran contra él. El único que consiguió batirlo fue Frank Velásquez, que sigue agrandando su marca regional; sin embargo, como lo había asegurado, si marca, pero la selección no gana, no vale de nada. Ayer, con lágrimas en los ojos, evidenció que sus palabras eran ciertas.

En todo caso, no hay nada que achacar a los guerreros de playa, que como siempre lucharon hasta el final y, a decir verdad, merecieron mucho más.

Como había sucedido ante Bahamas en el juego de cuartos de final, a balón parado llegó el primer susto para los ticos y ese primer síntoma de que las cosas podían salir bien para El Salvador. Una falta técnica de la zona defensiva de los costarricenses derivó en un tiro libre desde el medio campo, y Heber Ramos hizo estremecer los dos postes antes de salir de la portería.

Después fue el turno del portero Bladimir Adanis, que se convirtió en muro al rechazar otro bombazo de Ramos. Y antes de que llegara la mitad del primer período fueron Rubén Batres y Eliodoro Portillo los que llevaron los avisos.

Es cierto, Costa Rica sufría en su campo, pero Adanis se agigantaba y salvaba una y otra vez a un equipo que buscaba ser letal en una contra pero que no tenía la oportunidad para poder golpear, como sí machucaba constantemente El Salvador.

En el inicio del segundo período Costa Rica realizó su primer tiro a meta, tratando de sorprender a Eliodoro, quien pocos minutos después sí se vio petrificado cuando Deyber Villegas se inventó una chilena en el costado oriente del área y coló la pelota en el ángulo contrario. Fue un baldazo de agua congelada que resintió la selección y la afición en las gradas que se quedó muda, sin mucha reacción.

El tiempo se convertía en ese enemigo que martirizaba a paso lento (o rápido) a todo un país. Sin embargo, apareció uno que no arruga. De esos que llevan el traje de héroe tatuado en la piel, además de una sangre fría, para levantar los ánimos con un golazo. El empate salió de Frank Velásquez con un bombazo de derecha que dejó sin reacción a Adanis. Fue lo único que dejó pasar el meta tico, que después volvió a frustrar cada intento azul.

Por delante estaban 12 minutos en los que la vida o la muerte era el destino. Y por lo visto en los primeros tres minutos Costa Rica no quería morir y por eso se agazapó en su campo con apenas la idea de aprovechar una posibilidad. Y esa se le presentó a falta de 7:24, cuando Heber Ramos cometió una falta a Greivin Pacheco, quien se cobró justicia para desnivelar la balanza.

De nuevo tocaba remar contra la corriente ante un equipo que adelante no quería nada. Tras la anotación apostó por acumular tres en su zona y solo dejar arriba a Pacheco. Aun así la Azul creó oportunidades, pero no fue posible. Adanis jugó el partido de su vida.

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