La nueva realidad

Un año después de Rávena, la selección de fútbol playa vive una realidad distinta.
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<p>Se fueron como una incógnita y regresaron convertidos en hijos meritísimos. Ayer se cumplió un año del regreso de los seleccionados de fútbol playa desde Italia, donde en Rávena alcanzaron un histórico cuarto puesto en el mundial de la modalidad y lograron el estatus de ídolos en todo el país.</p><p>Hoy hace un año, la se-lección playera era la moda. Eran los más buscados por los políticos, que previamente habían dicho que su trabajo no era beneficencia; por los publicistas, para convertirse en imágenes de anuncios; por el Gobierno, para que participaran en los actos del 15 de septiembre; y por la afición, que los siguió por televisión mientras reescribían la historia del fútbol cuscatleco.</p><p>Desde entonces, un año. Doce meses han transcurrido de ese estado de éxtasis. Los homenajes llegaron, los reportajes y las entrevistas también. La Asamblea Legislativa los nombró hijos meritísimos y la Presidencia les otorgó una pensión de $700 al mes, sin contar los diferentes reconocimientos desde la empresa privada.</p><p>Con el paso de los días, la euforia bajó. Sin el desconocimiento que tuvieron previo a su explosión mediática como mundialistas, pero, un año después, la selección de fútbol playa ha vuelto a su normalidad y ahora se prepara para obtener una nueva clasificación a otra copa del mundo.</p><p>Rudis Gallo, técnico y artífice desde el banquillo del cuarto lugar en Rávena, vuelve la vista atrás y considera que los reconocimientos a sus pupilos les han permitido tener una vida más tranquila, pero que la esencia es la misma: “Gracias a Dios, la selección fue reconocida de una manera justa por los resultados en la copa del mundo”.</p>

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