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Leonel “el Apache” Guevara: de futbolista profesional a artista de las llantas

Leonel “el Apache” Guevara es uno de los hijos mimados de San Alejo, La Unión, donde ahora recicla llantas y las convierte en muebles. Mirá su historia.
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“Por Águila tengo mi casita, gracias a ese equipo tengo todo y ayudo a mi madre, mi familia entera”

Las canchas polvosas, 12 años de edad, un gran talento en el manejo del balón y mucho camino por recorrer. Eso es lo único que tenía Leonel Guevara para jugar al fútbol en su tierra natal: San Alejo, La Unión. Pocos se imaginaron que llegaría a ser un profesional, que vestiría la camisa de grandes equipos de primera y que incluso iría a la selección nacional. Pero lo logró. 

Pero más sorprendente es cuál ha sido su destino después del fútbol. El defensor aguerrido ha dado paso a un artista que tiene las llantas inservibles como principal materia prima, y lo hace desde San Alejo, su tierra, donde atendió a EL GRÁFICO para hablar de su nueva vida.
 
Equipos como el Gerardo Barrios, Chaparrastique y Vista Hermosa de segunda división fueron los primeros en abrir espacio a Leonel, que  a sus 17 años ya mostraba un carácter fuerte, serio y mucha madurez. Dice que adquirió todo eso jugando en la calle, aguantando patadas de los más grandes.  

Leonel, es un hombre de rostro singular. Su apodo, "el Apache", surgió su parecido con los Apaches de Oklahoma, Estados Unidos:  piel morena, nariz grande, cabello largo y liso color negro, ojos cafés oscuro, altura de 1.78 mts, brazos largos y fuerte. Una apariencia que le dio su apodo y con el cual ahora lo reconocen todos.

"Mi apodo surdió desde la primera vez que debute con Vista Hermosa, en primera división. El profe Mario Martínez me dio la oportunidad, y al día siguiente la portada de El Gráfico tenía mi apodo en grande", recordó Leonel, aunque no está seguro si gue un locutor de radio el primero en decirle "Apache". “No sé si será por mi cabello, porque siempre lo ando largo y amarrado, pero si me dio risa”, agregó. 

SU EXPERIENCIA EN PRIMERA DIVISIÓN
Luego de la anécdota sobre su apodo, Leonel contó sobre su experiencia en las diferentes ligas profesionales salvadoreñas.

“Nunca me olvidaré de don Ricardo Quintanilla, el técnico, el primer día que yo jugué con el Gerardo Barrios. Recuerdo que me tocó marcar a un jugador de apellido Asprilla, lo anulé por completo. Entonces ese señor vivía a la par de la cancha y me llamó, me dijo que si quería jugar en primera y me mandó al Dragón, pero no me pareció el sueldo. Luego él me llevó al UDET del Tránsito, ahí pase un año, del 2002 al 2003”, recordó. 
 
Acepta que como la mayoría de jugadores en el Oriente del país, su verdadero sueño era jugar en Águila. "Yo eso quería. Jugué con Vista Hermosa en segunda en el 2005, subimos a primera, y el presidente de ese entonces me llamó para decirme que si quería jugar en esa categoría mayor me tenían que rebajar $300 de mi salario y tenía que firmar por 3 años. Les dije que no quería así, pero Mario Martínez siempre me siguió la pista, y yo volví al equipo gracias a ese gran técnico”, contó.

Guevara tenía la seguridad que su talento lo llevaría a lograr cosas mejores y las ofertas no tardaron el llegar.

“Águila ya me seguía los pasos y pagaron por mí, ya que los del Vista me querían mandar al Once Municipal y yo no quise, porque sabía que mi destino era San Miguel. Desde que llegué al Águila siempre fui titular. Lo más bonito lo viví en ese equipo, su afición nunca me insultó, ni en los momentos más difíciles, siempre me respetaron”, dice con orgullo. 
 
El fruto de su buen trabajo lo llevó a cosechar muchos éxitos, tales como comprar su casa propia y construirla con sus propias manos, ya que desde los 17 años aprendió el oficio de la albañilería. Su deseo era darle un techo seguro y digno a su madre: doña Catalina, a sus hijos y su esposa. “Por Águila tengo mi casita, gracias a ese equipo tengo todo y ayudé a mi madre, a mi familia entera”, confesó.

HOMENAJE DE LA AFICIÓN
Tanto fue su amor por el Ágguila que "el Apache" recibió un recuerdo que para él es muy especial. De hecho todavía lo guarda: es una foto suya, del tamaño de su estatura, con su uniforme favorito, el negro naranja.

Una lesión muscular, de aductores, lo llevó a dejar el Águila. En ese momento Leonel pensó en retirarse, pero seguía recibiendo llamadas de equipos como Firpo y UES. Terminó jugando con los académicos, pero una lesión que casi lo deja inválido lo llevó a ausentarse poco más de un año de las canchas.

En 2013, cuando Nelson Ancheta dirigía el Ciclón del Golfo de La Unión, Guevara volvió de su retiro a pedido del entrenador, quien lo convenció de volver a jugar. 

En los próximos tres años saltaría entre el Dragón y el Ciclón en un par de ocasiones, hasta que en 2016 llegó al Fuerte San Francisco y las deudas del equipo le hicieron convecerse de que debía volver a su retiro, esta vez de manera definitiva.

LAS LLANTAS RECICLADAS, SU NUEVO NEGOCIO
En la actualidad, Leonel Guevara ha instalado un taller de reparación y reciclaje de llantas, con las que elabora sillas, mesas y otros muebles fabricados de manera muy original. 

“La gente se admira cuando me ven en el taller, no creen que yo éste trabajando de eso, pero luego se dan cuenta que soy igual que todos”, declaró.

También hace trabajos como y como carpintero, que le permiten llevar el sustento diario a la cancha.

“Aquí, en mi pueblo, todo mundo sabe quién soy, nunca le niego un saludo a nadie, eso me llevó a tener muchos amigos”, reafirmó.  

Leonel sigue viendo fútbol, pero cree que hoy en día los jugadors no aprovechan las oportunidades. “El fútbol salvadoreño en la actualidad tiene más oportunidades, pero los jugadores no valoran y lo que más afecta a la juventud son las redes sociales. Nadie tiene amor a la camiseta ya”, criticó.

Catalina Guevara, madre de Leonel, ha sido pieza fundamental para que llegará lejos en el fútbol y tiene gratos recuerdos de ella. “Me ayudaba con los pasajes para ir a entrenar antes, eso jamás lo olvido. Mi mejor recuerdo del fútbol, es cuando recibí mi primer pago en el Chaparrastique, en el 2003, jamás había tenido $500 en mi bolsa, nunca, no me lo creía, y yo bien nervioso por llegar a casa y darle la noticia a mi madre. El dinero me lo metí en los calcetines por miedo a que me lo robaran, recuerdo que le di sus primeros $300 y ella se puso bien contenta”. 
 
Pero también tiene malos recuerdos, sobre todo por lo cruel que pueden ser las críticas en el fútbol.

“Mi peor recuerdo es que algunos comentaristas deportivos no les gustaba lo que yo hacía, fuera bueno o malo. Recuerdo que a Fito Zelaya siempre lo hice como me dio la gana, él se molestaba y me insultaba. Una vez en un pique de velocidad lo dejé y él me agarró de la camisa y me doblé la rodilla, me levanté lleno de odio y yo iba a cometer una locura, pero caí de nuevo. No volví a jugar 
contra él. Hasta una cuadrangular en San Salvador y cuando él me vio, pidió cambio y no quiso jugar contra mí. Ya Dios sabe lo que hace, porque no sé de que hubiese sido capaz”, confesó. 

El consejo que Leonel Guevara le da a los jóvenes es no creerse más que los demás, siempre tener la humildad de aceptar los errores y de volver orgullosos a sus orígenes, tal como él lo ha hecho.

 

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