Me gusta ser siempre la mejor”

Miriam Osegueda es una mujer única. Ama el baloncesto, el que practica hace 52 años. ¿Dejar de jugarlo? Ni siquiera lo piensa.
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Hablar con Miriam Osegueda es contagiarse de optimismo. Es una mujer que ha entregado toda su vida al baloncesto y a sus 60 años todavía sigue dando guerra en este deporte que, a su juicio, le ha dado todo lo que es como persona y como profesional. El día que se realizó esta entrevista se jugó la penúltima jornada del primer Torneo Internacional de Maxibaloncesto. Vestía con su camiseta, short y cargaba una pelota en la mano. Se disponía a participar en la competencia de tiros libres de ese evento, mismo que ganó sin mayores problemas bajo el aplauso del público presente en el Gimnasio Nacional José Adolfo Pineda.

La gente le sigue apoyando, le tienen estima, doña Miriam...

Para mí, la mayor satisfacción que tengo del deporte es que las personas reconozcan el esfuerzo que he hecho. Me encuentro a alguien y me dice: “Miriam, usted era la máximo”. Me encuentro gente por todos lados y esos padres de familia les dicen a sus niñas: “Mirá, ella es la mejor jugadora de baloncesto” y esa niña me ve y ya me reconoce. Eso es lo máximo que me pasa.

En ese sentido, usted es considerada una de las mejores basquetbolistas del país. ¿Cómo se siente con eso?

Es lo mejor que me ha dado el deporte. Recuerde que antes uno lo hacía por amor, no andábamos pidiendo dinero. Yo siempre me entregué, siempre, lo que pasa es que mi mentalidad es ser siempre la mejor, en cualquier cosa que me meta: en mi carrera, mi trabajo, todo, ser la mejor. Ahorita tengo mi escuela y quiero que sea la mejor y trabajo para que eso sea así.

¿Qué escuela tiene?

La de Survivor. Trabajo con niños desde los cinco a los 16 años, entrenamos todos los sábados en el Gimnasio Nacional.

¿Le gusta trabajar con niños y adolescentes?

Me encanta. He estado en bastantes proyectos de la federación como centros de talentos, de todo, pero ese trabajo de iniciación es el que más me gusta porque al niño usted le dice que haga algo y lo hace.

¿Cómo forma usted a un niño, qué le dice para que no se desmotive?

Es bien difícil trabajar con niños. Yo creo que algunos entrenadores le huyen a eso porque uno debe comprenderlos. Hay unos que tienen problemas de motricidad, tienen miedo que si despegan el pie de un lado se van a caer. Mi labor es enseñarles coordinación, que tengan movimiento, que salten para acá, para allá, y de ahí puro fundamento, que es la base para mí.

A todo esto, no le he preguntado: ¿cómo inició en este deporte?

Inicié cuando tenía ocho añitos (ríe), hoy tengo 60... Hace muchos años allá en el barrio Lourdes tuve mis pininos. De ahí salté a primera categoría nacional, de un solo, no jugué en colegiales. Mi primer equipo en primera, por seis años, el Hispanoamérica, después pasé al STISS, luego en Figuras, en Cemento Maya, Martín Sports. No andaba de equipo en equipo, les agarraba cariño y me quedaba. También estuve en Dolofín, Toda la Vida, el equipo del Banco Cuscatlán y en selecciones nacionales.

¿Cuándo empezó a jugar en selección nacional?

Insisto, puede dar risa (se carcajea), pero fue allá por 1969. Y digo que puede dar risa que yo esté aquí jugando todavía. Mi primer técnico fue “Chorro de Humo” Pineda, también me entrenó el capitán Germán Arriaza.

¿Por qué nunca jugó fuera del país?

Tuve la oportunidad de irme a Costa Rica, pero en aquellos tiempos uno le tenía más amor a la familia, entonces ni siquiera lo pensaba. Ahora yo les digo a todas las que juegan basquet que existe la posibilidad de que consigan una beca en una universidad, si ellas se preparan bien. Nosotras no tuvimos esa oportunidad.

Por todo lo que hemos hablado, tengo la percepción de que aún no piensa en el retiro, pero debo preguntárselo, ¿lo ha contemplado?

No. Ya sea como entrenadora quiero seguir. La ventaja que he tenido es que no he sufrido lesiones, eso me ha ayudado. Mientras Dios me preste la vida para estar jugando en una cancha, sigo. Aquí lo ven mal a uno, lo critican, dicen: “Sesenta años y por qué está trabajando y jugando a estas alturas”. Yo sigo trabajando (en un banco), la gente lo ve mal, pero no saben que eso es salud, a mí me mantiene bien.

¿Cuál es la diferencia, a su criterio, del basquet que usted jugaba con el que se juega actualmente?

Es diferente. Ahorita no se entrena. Cuando nosotras jugábamos, entrenábamos todos los días y eran tres torneos en el año, o sea, pasábamos continuamente jugando basquetbol y aquí no hay continuidad.

¿Qué hace falta entonces?

No hay conciencia en el jugador de querer ser el mejor, no hay inspiración, y eso que hoy está la oportunidad de irse a jugar fuera del país, nosotros no la teníamos, pero yo entrenaba y entrenaba, era loca, me gustaba. Esa mentalidad no la tiene el jugador, yo trato de inculcarle eso a los niños, que si ellos entrenan pueden mejorar. Si practican van a ser mejores. Si yo estoy sentada viendo cómo lo hace aquel, no voy a aprender nada, tengo que hacerlo yo.

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