Ningún otro como “Mágico” González

Describir al “Mágico” González en palabras fue, es y será una tarea imposible. Jorge fue siempre más mito que realidad. Más leyenda que reportaje. Que se llevó a dos, tres o cuatro defensas. Que hizo la culebra macheteada. Que el portero rival quedó tan impresionado con el gol en su contra que le fue a dar la mano. Que llegaba al estadio tras noches sin dormir y jugaba mejor que nunca. Que se dormía en el banquillo, entraba de cambio y hacía el gol.
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Ningún otro como “Mágico” González

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<strong>Buen humor</strong>
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Quienes conocen muy de cerca a Jorge González aseguran que es una persona muy jovial. Y esta imagen demuestra esa faceta del mejor jugador salvadoreño de la historia.

Buen humor
Quienes conocen muy de cerca a Jorge González aseguran que es una persona muy jovial. Y esta imagen demuestra esa faceta del mejor jugador salvadoreño de la historia.

<strong>Recuerdos</strong>
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Un jovencito “Mágico” González acompañado por una señorita en uno de los torneos juveniles de fútbol en los que participó en San Salvador.

Recuerdos
Un jovencito “Mágico” González acompañado por una señorita en uno de los torneos juveniles de fútbol en los que participó en San Salvador.

<strong>Ante el R. Madrid</strong>
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“Mágico” González y Emilio Butragueño, dos de los mejores jugadores que han pasado por la Liga española, según los especialistas.

Ante el R. Madrid
“Mágico” González y Emilio Butragueño, dos de los mejores jugadores que han pasado por la Liga española, según los especialistas.

<strong>Con selección</strong>
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En 1981 la selección salvadoreña trabajó como un club y concentró a los jugadores a tiempo completo. El resultado fue la clasificación al mundial de España 1982, con Jorge González como uno de los estandartes.

Con selección
En 1981 la selección salvadoreña trabajó como un club y concentró a los jugadores a tiempo completo. El resultado fue la clasificación al mundial de España 1982, con Jorge González como uno de los estandartes.

Ningún otro como “Mágico” González

Ningún otro como “Mágico” González

Ningún otro como “Mágico” González

Ningún otro como “Mágico” González

Ningún otro como “Mágico” González

Ningún otro como “Mágico” González

Ningún otro como “Mágico” González

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¿Cuál es la historia de Jorge? ¿La que vivió o la que contamos? ¿O la que imaginamos? Todas y ninguna, porque no se trata de un ser de este mundo. Esos genios no se hacen. Nacen y son irrepetibles. En sus primeros partidos de liga mayor, en aquel cipotero del ANTEL 1976-1977, ya despertaba asombro en las gradas. “¿Quién es ese?”, se preguntaban. “Es el hermano menor de ‘Pachín’”, respondían, y ahí comenzaba la explicación. “Pachín” González fue uno de los mejores gambeteadores salvadoreños en la década del sesenta, y sus hermanos no se quedaban atrás. Efraín y Jesús González también brillaron en liga mayor. Miguel “la Mica” González fue un goleador de época, y jugó en el ANTEL con Jorge y otro crack, “el Pajarito” Huezo; los tres aterrorizaban defensas.

Jorge tenía la gambeta de “Pachín”, el instinto goleador de “la Mica” y su propio arsenal de jugadas. Preguntas a los arqueros que lo enfrentaban, y casi todos coinciden en el mismo calificativo: “Era impredecible”.

De los pocos videos que sobrevivieron a sus primeros años, sus goles contra Guatemala y Panamá en las eliminatorias de 1980 son un canto al fútbol. Pero las anécdotas de goles no registrados con ANTEL, Independiente, FAS o en otros partidos son galácticas.

En 1976-1977, con un Jorge de 19 años el ANTEL alcanzó la hazaña de llegar a semifinales, donde fue eliminado por un FAS potente y maduro. El ANTEL se desmembró a final de temporada y sus estrellas fueron repartidas entre otros equipos; Huezo y “la Mica” fueron al Marte; Jorge fue al Independiente. Su paso por San Vicente no fue del todo feliz; el Independiente acabó décimo, mas su año en el ojo del aficionado fue decisivo: se consolidó en la selección nacional en la hexagonal eliminatoria en México y ganó el oro en los Juegos Centroamericanos con la juvenil.

Por fin en 1978-1979 lo fichó el FAS y llegaron los éxitos colectivos: el campeonato de liga, con gol suyo en la consagración ante el Marte, y la Copa de Campeones de la CONCACAF, con doblete incluido en la final contra el Jong Colombia en el Cuscatlán. En la cuadrangular de 1979 y toda la campaña 1979-1980, formó aquella delantera insuperable con el argentino Roberto Casadei y el goleador David Cabrera. A inicios de 1980, aquel FAS arrollador perdió el título doméstico apenas en las fechas finales frente a un gran Santiagueño, pero se dio el gustazo de la final de la Copa Interamericana contra el Olimpia paraguayo.

En tanto, Jorge alcanzaba cimas nunca vistas con la camiseta azul. En 1981, la selección de El Salvador trabajó como un club. Jorge y sus compañeros dejaron a sus equipos, se concentraron tiempo completo y pasaron el año en amistosos espectaculares que reventaban el Cuscatlán.

Por fin en la eliminatoria, El Salvador consolidó sus esfuerzos con un boleto mundialista, que dejó quizá la gran escena icónica de nuestro fútbol: “el Mágico” galopando rumbo a la meta de México, con Leo Cuéllar persiguiéndolo en la jugada previa al gol de Éver Hernández, en 1-0 clásico frente al once azteca.

Luego llegó el mundial, su exposición planetaria, sus glorias en el Cádiz, ese catálogo de goles y trucos que hicieron de Jorge un mito en Europa. En El Salvador veíamos sus jugadas insólitas en resúmenes esquivos, y lo esperamos hasta que regresó al FAS en 1991. Fue otra época dorada cuando dijo que sería “campeón aunque sea con bordón”, y sus tigrillos ganaron el título 1995 con triplete de un argentino llamado Bordón.

En los noventa, Jorge ya no era la flecha de los goles explosivos; se consolidó como un volante sabio, un pasador intuitivo, un vivo capaz de ganarte un partido o un campeonato en dos toques de balón. No siempre era titular, pero cuando entraba de cambio alteraba el trámite, y para los espectadores fue un festín. “El Mágico” acabó por fin su carrera en 2002, con San Salvador. Tenía 44 años.

Hoy, a 13 años de su último juego en liga mayor, hemos visto cómo el recuerdo del “Mágico” envejece bien. Las nuevas generaciones abrazan su recuerdo, babean reviviendo sus goles en YouTube y se dan el gusto de hallarlo en alguna cancha de San Salvador, siempre accesible, tan bonachón como dicta su carácter querible.

La admiración no se limita a nuestra comunidad futbolera. En Cádiz todavía se le venera, se le escriben canciones, poemas, nostalgias. Y aquellos que jugaron en su época pasan mil tertulias hablando de sus encuentros.

En 2013, el Salón de la Fama del Fútbol Internacional incluyó al “Mágico” en la lista de los mejores de la historia. El día de su inducción al salón en México, Franco Baresi, quizá el mejor líbero de la historia, buscó a Jorge como niño a su estrella favorita para tomarse una “selfie” con él y tuitearla al mundo.

La mística de Jorge no tiene fin. Basta hablar con quienes lo hemos visto en persona. Nos pasamos noches enteras con sus madrugadas hablando de nuestros encuentros con él, sobre qué hizo, qué dijo. Y siempre relatamos esos encuentros con una sonrisa. Nuestra máxima estrella en las canchas también es un crack en nuestros corazones.

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