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Para no olvidar

El Salvador ganó ayer el primer partido de su historia en un mundial juvenil gracias a la sub 20, que venció 2-1 a Australia.
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No era imposible. Era solo un posible que aún no se había concretado. Uno que hubo que esperar durante años y años. Durante 43, desde que El Salvador debutó en un mundial de fútbol once de la FIFA. ¿El qué? Ganar un partido en un evento así. Ayer se acabó la espera, ayer los salvadoreños descubrieron qué se siente ver que el árbitro pita el final de un partido tras 90 minutos y poder seguir la celebración. Ayer, El Salvador ganó su primer partido en un mundial juvenil de fútbol.

Gracias. Gracias a la generación sub 20, la generación apadrinada por FESA, que metió al país por primera vez a una copa del mundo juvenil de fútbol; a Australia, que acrecentó su espera por ganar un partido en mundiales de la categoría (ya lleva 12 y contando); al técnico Mauricio “el Tuco” Alfaro, que corrigió la plana de la alineación titular, y gracias a que la historia consideró que era hora de darle otra alegría a los cuscatlecos a través de lo único que luce capaz de conseguir que el país entero se una en júbilo: el fútbol.

Porque hasta ayer a las 9 de la mañana la nación era la misma de siempre un martes por la mañana. Una entrevista descafeinada por aquí, insufribles tuits de intolerancia en redes sociales y los contados aficionados que nunca han perdido la confianza ni la fe en un fútbol pequeño en estructura y organización pero enorme en corazón y pasión. Turquía había quedado atrás y las matemáticas mandaban a buscar el triunfo ante los “socceroos” para sobrevivir en la aventura mundialista, a pelear contra la historia de 31 años sin anotar un gol en mundiales y la de 43 desde el debut en uno sin saborear una victoria.

Algo tenía que cambiar. Y cambió desde el atuendo. No más el blanco de los siete partidos mundialistas. El color de la selección es el azul y azul fue el color orgulloso de las camisetas de los seleccionados ayer en el Yeni Rize. Cambiaron camiseta y cambió “el Tuco” el once con la incorporación de Tomás Granitto en la doble contención junto a René Gómez para que Kevin Barahona pasara a la izquierda y Maikon Orellana al banquillo. Sustituidas las bujías, el motor funcionó mejor: “Momo” tuvo más apoyo en el centro y “Bara” se jugó el partido de su corta vida por izquierda, como apoyo y complemento ideal de Miguel “Chalate” Lemus.

Con la plana corregida, la selección vivió 90 minutos históricos. Desde el pitazo inicial hasta el final, con el gol australiano de Joshua Brillante, al minuto 9, para sufrir, hasta el tanto de Diego Coca, al '17, para ilusionarse y darse cuenta de que anotar goles no era tema prohibido para El Salvador en los mundiales.

Con el empate y en adelante, la Azulita se creció hasta encontrar su cita con el destino. Sobre el '40, tras una gran jugada colectiva, “Chalate” metió un centro y José Ángel Peña le metió un puntazo. Cuando vio el balón en el fondo de la red, se quedó en el suelo, viendo al cielo, como quien le agradece al Creador la oportunidad de jugar y anotar en un mundial. Y con él, agradeció todo El Salvador. Poco más de una hora después, el final y el primer triunfo escrito en tinta imborrable. El Salvador ganó su primer partido en un mundial de fútbol y el viernes, ante Colombia, peleará por un boleto directo a octavos de final.

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