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Punto y ¿final?

la azul perdió en canadá y cierra las eliminatorias sin las leccciones aprendidas.
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Otro partido, otra derrota. Otra eliminatoria, otra eliminación. Otros cuatro años perdidos y otros cuatro que se vienen para intentar hacer las cosas diferente o para que se vuelva a hacer exactamente lo mismo y se obtengan los mismos resultados.

El Salvador se despidió ayer en Vancouver, Canadá, definitivamente de la eliminatoria a Rusia 2018. Por la puerta de atrás, con otro partido triste, gris y una derrota para finalizar la tortura en que se convirtió cada partido de la selección en el último año. Trece sin ganar. Trece.

El de ayer fue uno de trámite, sin mayor relevancia que la que le dio un asunto externo, con la oferta que Ricardo Padilla le hizo a los jugadores para ganar, empatar o “hasta perder 1-0” con los de la hoja de arce. Como en los últimos años, los juegos tienen más realce por lo que sucede fuera de la cancha que por lo que los jugadores hacen dentro.

En todo caso, además, tampoco es que en el rectángulo de juego hubiera mucho que destacar. La misma historia de siempre fue esta eliminatoria y la misma historia fue el juego de ayer, con buenos cinco minutos iniciales y un error que propició el tanto.

Una contra canadiense y un rechazo de la zaga. Un intento de despeje de Juan Barahona se desvió en la mano de un canadiense y cayó a los pies de Cyle Larín (metido en un enorme y horroroso fuera de juego), que acomodó y fusiló a Óscar Arroyo ante la parsimonia del árbitro central, al que se le olvidó para qué estaba en la cancha.

Luego, fue como hacer un “flashback” al momento más bajo de la historia de la selección: aquel período 2004-2006 de 12 partidos sin ganar, donde nadie quería ir a la selección, los partidos duraban hasta que caía el primer gol en contra y en cada encuentro la pelota era una papa caliente que nadie quería tocar. Demasiado parecido.

Atropellados, El Salvador fue un juguete roto al que Canadá tenía que anotarle cuatro y esperar la derrota de Honduras para conseguir boleto. Llegó el 2-0, la expulsión de Darwin Cerén, el 2-1 de Bonilla para la eliminación canadiense y el 1-3 final del marcador.

Y con el fin del partido se acabó la pesadilla de no ir a Rusia. Comenzó, al mismo tiempo, la de ver qué hace mal la FESFUT para no ir a Catar. Punto y final a Rusia. Punto sin final a todos los problemas que el fútbol salvadoreño nunca aprende a resolver. Otra vez.

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