Santaneco, aficionado y goleador nacional

El máximo goleador del fútbol salvadoreño en el siglo XX (apenas superado el año pasado por Williams Reyes) y mayor romperredes en la historia del FAS fue seguidor y símbolo del equipo santaneco toda su vida.
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La últimaEn la temporada 1986 David Cabrera disputó su último torneo con FAS antes de retirarse del fútbol profesional.

La últimaEn la temporada 1986 David Cabrera disputó su último torneo con FAS antes de retirarse del fútbol profesional.

En selecciónDavid Cabrera compartió vestuario en la selección nacional con Luis Baltazar Ramírez en el ataque. También se combinó con “Mágico” González.

En selecciónDavid Cabrera compartió vestuario en la selección nacional con Luis Baltazar Ramírez en el ataque. También se combinó con “Mágico” González.

Santaneco, aficionado y goleador nacional

Santaneco, aficionado y goleador nacional

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Nacido el 29 de enero de 1949, David Cabrera creció en la colonia El Palmar, a cinco cuadras del estadio Óscar Quiteño, aunque en su infancia debía atravesar Santa Ana para ver a su querido FAS en su primera sede, la Finca Modelo. Eran tiempos en que cada adulto con boleto pagado podía ser acompañado de un niño, y Cabrera fue de aquellos cipotes que iban a la cancha seguros de entrar gratis por cortesía de cualquier asistente. No tenía impedimento para ver al equipo de sus amores.Su relación con el FAS apenas empezaba. El mayor de sus tres hermanos, Salvador, trabajó como voluntario en la construcción del estadio Quiteño, y cuando David creció, se transformó en asiduo visitante. Los domingos intentaba ir a los partidos, y entre semana aprovechaba la pista alrededor de la cancha para practicar atletismo. Fue entonces cuando frecuentó los entrenos del equipo y lo conocieron muy de cerca entrenadores como “Pipe” Ochoa, quien lo hizo debutar en liga mayor, y Raúl Miralles, quien pulió su estilo.

Cabrera era un goleador natural, y por eso apenas a los 21 años integró la selección de El Salvador en el mundial México 1970. No jugó minutos en el torneo, pues era la tercera opción como número “9” tras las figuras de Juan Ramón “Mon” Martínez, su compañero de habitación durante la copa, y Sergio Méndez, pero la experiencia fue invaluable y le ayudó a crecer de forma exponencial para lo que se vendría en el futuro.

En el FAS de esos años también compartió plantel con cracks y mentores como el brasileño Odir Jacques, Mario Monge y “Cayaca” Marín, pero aquel equipazo tigrillo dejó la triste anécdota de tres subcampeonatos seguidos entre 1968 y 1970, todos perdidos en las fechas finales. Mucho dolor para jugadores y afición.

“Eramos subcampeones vitalicios”, recuerda Cabrera sobre esa etapa, pero su carrera apenas empezaba. A finales de los setenta, se formó un FAS de ensueño que no solo rompería la sequía de títulos, también llegaría a cimas no igualadas antes ni después por otro cuadro salvadoreño.

Época de gloria

David Cabrera era un goleador completo: ambidextro, veloz y con un potente remate de cabeza. Fue su poder aéreo el que dio al FAS el triunfo clave para su esperado alirón, festejado el domingo 5 de marzo de 1978, con un 1-0 al Marte que ahora, casi 40 años después, el goleador recuerda con claridad: “Fue centro de (el uruguayo) Maldonado. Yo venía corriendo y salté con (el central marciano Ramón) Fagoaga por la mancha penal. Le pegué de cabeza y (el balón) entró tan colocado que el arquero (Carlos) Cañadas ni intentó tirarse. La alegría fue increíble. Recuerdo la gran cantidad de vehículos en la caravana a Santa Ana. Queríamos ir a la catedral a dar gracias, y no pudimos por la multitud”.

Cabrera no solo anotó goles a montones: dobletes, tripletes y manitas, y no se detuvo en sumar tres títulos de máximo anotador (en los campeonatos de 1972, 1981 y 1983); su marca registrada fueron los goles importantes, bajo presión máxima.

Cuando el FAS ganó la Copa de Campeones de la CONCACAF en 1979, Cabrera sumó dos goles en el 7-1 de la final contra el Jong Colombia, pero el triunfo más importante, contra el Tigres, campeón de México, en las rondas previas, fue gracias a una anotación suya, en un tenso 1-0 frente a las tribunas del Cuscatlán.

“Ese gol contra Tigres lo marqué a los 20 segundos”, recuerda Cabrera, “fue una jugada premeditada. Al iniciar el partido, le toqué la pelota a Manolo (Álvarez), y él dio un pase en diagonal buscando banderín de córner; ahí llegó (Roberto) Casadei corriendo, me tiró el pase, le pegué con la derecha y gol. Los Tigres se quedaron parados, los sorprendimos”.

Fue en 1979 cuando Cabrera integró la gran delantera de aquel FAS junto a Roberto Casadei y “el Mágico” González. Para el “9”, aquella línea funcionaba porque eran impredecibles: “No teníamos posiciones fijas. Yo empezaba como centrodelantero, Jorge como ‘wing’ derecho y Casadei de ‘wing’ izquierdo, pero en el partido cambiábamos siempre como nos indicaba el técnico Fernández Siguí”.

Pese a que Cabrera alcanzó un nivel insuperable en esas épocas, no integró la selección en el proceso rumbo al mundial 1982. Habría sido su segunda copa, pero el técnico “Pipo” Rodríguez prefirió otras opciones.

Cabrera cerró su carrera a finales de los ochenta, siempre con el FAS, equipo al que admiró desde chico y en el que logró todo.

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