Todos ven a Djokovic

Con la baja de Nadal, el serbio acapara el protagonismo.
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Aunque todavía no ha levantado nunca la Copa de los Mosqueteros, el serbio Novak Djokovic ya manda en París, donde impone su estatus de número 1 del mundo, en la pista y fuera de ella.

En su último duelo, que le sirvió para meterse en octavos de final contra el británico Aljaz Bedene, manejó el partido a su gusto con el objetivo de acabar antes de que se echara encima la noche.

Al final, cuando iba a hacer la entrevista desde la pista con la que se cierra cada duelo en las canchas principales, se permitió el lujo de llamar al árbitro del partido. “Va a hablar el árbitro, bajo mi responsabilidad”, aseguró ante las risas del público.

Djokovic maneja todas sus armas para hacerse con un torneo huérfano de su principal dominador, el español Rafael Nadal, y de su hombre más carismático, el suizo Roger Federer, el preferido de los franceses.

A la espera de levantar su primera Copa de los Mosqueteros, el serbio ha comenzado a conquistar el corazón galo.

Tras cada partido se dirige a ellos en francés, multiplica las citas con los medios de comunicación, canta, se disfraza, bromea, siempre tiene un gesto amable, una palabra para el niño que le pide un fotógrafo.

Ya no se comporta como hace unos años, cuando imitaba a Nadal o McEnroe. Ya no finge problemas físicos para desestabilizar al rival. Ahora, el bufón ha accedido al trono, aunque aún no lo ha conquistado.

Djokovic no lo tendrá nunca tan cerca como en esta edición. Con la baja de Nadal, su ruta hacia su cuarta final, la segunda consecutiva, aparece totalmente despejada.

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