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Un dulcito

El Real Madrid fue muy superior al Legia Warsaw y sacó un triunfo sin despeinarse.
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El Real Madrid firmó su segunda goleada de la semana (5-1), en el encuentro más plácido que tendrá en Liga de Campeones ante un débil Legia, sin necesidad de forzar la máquina y con tantos que no tuvieron la firma de Cristiano Ronaldo, que negado en el remate en sus mil intentos acabó regalando dos.

Era un día perfecto para saciar el hambre de goles, mejorar estadísticas y sumar en la puja por el liderato de un grupo complejo. Al Santiago Bernabéu llegaba la cenicienta, un Legia de Varsovia para el que ya era un sueño pisar el coliseo madridista y decidió disfrutarlo con descaro, consciente del peaje de goles que pagaría por su osadía. La endeblez defensiva y un portero de bajo nivel para la competición hicieron el resto.

El Legia no se encerró y recibió su castigo por mera inercia. Lanzaba una contra que fue cortada antes de que el balón cayera a Bale e inventase el primero. Desde el costado derecho se orientó a su zurda y con un disparo ajustado abrió la lata. Era el minuto 16. El encuentro se le haría eterno al Legia.

Dio la impresión incluso de bajar los brazos, cuando cuatro minutos después en una acción insólita de Kroos, con bicicletas en una esquina del área, acababa en pase atrás y disparo con fortuna de Marcelo a la red. El rechace de la defensa envenenó el balón. Pero un nuevo error defensivo madridista dio el tanto del honor al conjunto polaco. Danilo derribó con claridad dentro del área y Radovic no desaprovechó el regalo en un marco incomparable.

Nada igualaría el encuentro y el acoso madridista encontró antes del descanso la sentencia. Malarz sacó como pudo un disparo de Benzema y una falta blanda de Cristiano que no se atrevió a bloquear. La osadía defensiva de un balón al rival en un intento de taconazo de Varane o una pérdida en su área por regatear de Bale no recibió castigo y Marco Asensio fue el encargado de firmar el tercero, su primer tanto de muchos en la Liga de Campeones, tras asistencia de Cristiano Ronaldo.

El portugués marcó el último de los seis del Villamarín y rumiaba su ansiedad goleadora, tras los tres tantos en una parte sin su sello. Ve cerca el hito de ser el primero en alcanzar el centenar de dianas y la segunda parte sería una búsqueda de su tanto. De falta, desafortunado. Lo buscaría en juego, pero no llegaba y su ansiedad crecía.

Pepe desaprovechaba la más clara tras un balón muerto a un rechace, y el encuentro entraba en una siesta eterna de la que solo despertaría con la entrada de Álvaro Morata y Lucas Vázquez.

La afición madridista ovacionó la actitud de Morata, peleando cada balón, presionando y mostrando el trabajo que la “BBC” no hizo ante un rival débil. Mientras, Cristiano seguía buscando su gol.

Como no era su noche, en el remate decidió Cristiano ser generoso. Acabó repartiendo su segunda asistencia, al ímpetu de Morata que engañó a Malarz en la definición y firmó la manita. Todos buscaron a Ronaldo, pero no era su noche.

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