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Barcelona sacó el boleto a semifinales de Copa del Rey. Lo espera Real Madrid.
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Soberana.  El desfile fue engalanado por la reina de la feria ganadera, Tatiana García.

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Al Barça le sienta bien la Rosaleda, en la Liga y en la Copa, sobre todo si el partido se presenta exigente y el desafío es mayúsculo, cuando hay mucho que perder y nada a ganar, días en que se impone combatir las dudas y ejercer la autoridad.

Así, el campeón copero sigue en pie y acude al encuentro del Real Madrid en semifinales del torneo. Habrá clásico también en la Copa. Los azulgrana se corrigieron a tiempo en una noche vibrante y emotiva, de ida y vuelta, excelentemente bien defendida por el Málaga. El Barça se entregó al intercambio de golpes y de goles y no paró hasta reventar finalmente al conjunto andaluz, valiente pero sin premio.

Jugó ayer el Barcelona la Copa con el equipo de la Liga, señal de la dificultad del partido y también de la necesidad del equipo por revertir una dinámica negativa, sobre todo desde la visita del Málaga al Camp Nou. El único rastro copero fue la presencia de Pinto. Aunque se puede discutir sobre la titularidad de Alves y Mascherano, respecto a Adriano y Puyol, la apuesta azulgrana en la vuelta tuvo poco que ver con la de la ida, cuando cedió un empate (2-2): solo repitieron cuatro futbolistas (Pinto, Mascherano, Messi, Iniesta) por siete del Málaga, que afrontó la cita con más naturalidad, sin tanta presión, capaz de competir muy bien tanto sin Isco ni Toulalan como sin Monreal.

Los blanquiazules, al fin y al cabo, estaban clasificados cuando empezó el partido. No podía especular en cambio el Barcelona. Tiraron los azulgranas del manual ofensivo de siempre, de los viejos automatismos, de las jugadas que salen de memoria y nada más pisar el área contaron un gol: Xavi habilitó con un toque a Alves, el brasileño levantó la cabeza, templó el centro y Pedro cabeceó a la red.

Pero la respuesta del Málaga fue inmediata y contundente, igualmente efectiva, síntoma de su bravura y al mismo tiempo de las debilidades defensivas del Barça, incapaz de gobernar el choque y el marcador: Joaquín enganchó en la media luna un pase de Duda en una contra y empató: 1-1.

La finura azulgrana contrastaba con la garra del Málaga. Abanderados por Iturra, los chicos de Pellegrini metían la pierna dura y fuerte en cada jugada, a veces incluso sin mediar la pelota, e intimidaron al Barça, de nuevo descontrolado, sobrado de buenos delanteros y escaso de tensión en la zaga, menguado su juego por una cancha mala y resbaladiza y demasiado pendiente del pito de Mateo Lahoz.

Presionaba y contraatacaba el Málaga, recurrente en las faltas tácticas, y atacaba el Barça de manera selectiva. Intensa y caliente, a menudo bronco, la contienda era frenética, únicamente interrumpida por las patadas y las protestas: seis tarjetas se contaron antes del descanso.

Kameni le sacó un remate de gol a Messi, Iniesta remató al larguero y Wellington evitó que se colara un tiro en suspensión de Messi. A cambio, Piqué, Mascherano y Pinto eran requeridos por Joaquín y Camacho. A los azulgrana les faltaba afinar la puntería. No se notó el desgaste físico en la reanudación y los dos equipos siguieron combatiendo como si nada. Tan intenso y en sintonía fue el encuentro que siguió incluso el mismo guion del inicio: volvió a marcar el Barça y a empatar el Málaga.

Iniesta asistió estupendamente a Piqué y el central controló y definió como si fuera un nueve de toda la vida: rompió el fuera de juego entre las líneas de la defensa andaluza, bajó de pecho y remató de izquierda, fuerte, certero, al fondo.

El partido giró descaradamente a favor de los azulgrana, más asentados y dominadores, muy superiores al Málaga, cada vez más abatido y desfondado. Messi tuvo el 1-3 y volvió a fallar ante Kameni. No perdonó en cambio el Málaga en una nueva contra, manejada por Joaquín y remachada por Santa Cruz con Cesc en suelo blanquiazul pisoteado por Wellington.

La réplica del Barça resultó brutal a efectos del marcador y deliciosa en cuanto a fútbol: volvió a tomar el balón, dejó de mirar al árbitro y apuntó a Kameni con un juego de salón. Conectado entonces a su mejor versión para la recta final del duelo, en la que un gol le daba esa ventaja que no había tenido en el global, ya no hubo dudas sobre el ganador: marcó Iniesta después de un toque celestial de Cesc enfrente del área y por fin anotó Messi. Y de cabeza.

Marcó el 10 con la cabeza y fue sustituido por Thiago, cosa igualmente sorprendente, porque ya se sabe que no le gusta abdicar al rey del mundo, a no ser que sintiera molestias, afectado por la fatiga.

Fue así un final diferente para un partido extraordinariamente copero. La respuesta del campeón fue inequívoca, con todas las de la ley, por su aguante en el primer tiempo y calidad en el segundo y sobre todo por sus goles. El triunfo que se habían pedido para celebrar el nacimiento del hijo de Piqué y dedicar al ausente Tito. Quieren llegar al clásico con Vilanova. En una semana será.

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