“El Pelé” que nació en El Salvador

La imagen del “Pelé” Zapata es una de las más vivas en la memoria colectiva del futbolero salvadoreño. Es la del 15 de junio de 1982, en Elche, España. Su gol fue un oasis en una noche trágica. Una alegría única, exótica en medio de una terrible pesadilla. En la mayor goleada recibida en los mundiales, El Salvador luchaba por su primer tanto en copas FIFA.
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<strong>Legionario</strong>
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Luis Ramírez Zapata forma parte del grupo de futbolistas salvadoreños que jugó en el extranjero. Estuvo en México, Costa Rica y Estados Unidos. En El Salvador brilló con Águila pero debutó con Dragón.

Legionario
Luis Ramírez Zapata forma parte del grupo de futbolistas salvadoreños que jugó en el extranjero. Estuvo en México, Costa Rica y Estados Unidos. En El Salvador brilló con Águila pero debutó con Dragón.

<strong>En mundiales</strong>
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En la historia de los mundiales “Pelé” Zapata es el único jugador salvadoreño en marcar un gol. Fue en el partido ante Hungría.

En mundiales
En la historia de los mundiales “Pelé” Zapata es el único jugador salvadoreño en marcar un gol. Fue en el partido ante Hungría.

<strong>Histórico</strong>
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Luis Ramírez Zapata es considerado uno de los más letales goleadores que ha tenido el fútbol salvadoreño. Su etapa más gloriosa la vivió con Águila.

Histórico
Luis Ramírez Zapata es considerado uno de los más letales goleadores que ha tenido el fútbol salvadoreño. Su etapa más gloriosa la vivió con Águila.

<strong>Luis Ramírez</strong>
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<strong>Posición:</strong> Delantero
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<strong>Trayectoria:</strong> Entre 1971 y 1992 jugó en Águila, Alianza (El Salvador), Cartaginés (CRC), Puebla (México) y Diplomats (EUA).

Luis Ramírez
Posición: Delantero
Trayectoria: Entre 1971 y 1992 jugó en Águila, Alianza (El Salvador), Cartaginés (CRC), Puebla (México) y Diplomats (EUA).

“El Pelé” que nació en El Salvador

“El Pelé” que nació en El Salvador

“El Pelé” que nació en El Salvador

“El Pelé” que nació en El Salvador

“El Pelé” que nació en El Salvador

“El Pelé” que nació en El Salvador

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En 1970, aquel mundial de México tan lleno de fútbol ofensivo, quedó la mancha negra de no celebrar un solo tanto. En España 1982 se debutó contra Hungría, y los magiares ganaban 5-0 cuando “el Mágico” comenzó a driblar por la banda izquierda y luego “el Pajarito” Huezo controló el balón al borde del área y cedió al “Pelé” Zapata para dejarlo solo contra el arquero Meszaros. “Entré con la convicción de anotar”, recuerda Zapata, que había ingresado de cambio por “el Chelís” Rugamas. “Vi al arquero grande. Fue un toque justo con la parte interna del pie derecho. Cuando el arquero reaccionó, ya estaba el balón debajo de él”.

Zapata gritó su gol. En cada repetición del video no deja de conmover aquel compatriota que se dio un gusto irrepetible, saltando con su camiseta blanca número 14 con una sonrisa iluminada a pesar de la adversidad. “Me dijeron que no lo gritara mucho, pero lo grité a todo pulmón. Ese gol fue lo más grande para mí”.

Su marca es el gol de El Salvador en la derrota 10-1 contra Hungría en el mundial 1982, pero no borra otros tantos de una trayectoria memorable.

Había iniciado, como casi todos los grandes goleadores en San Miguel, con el equipo Dragón durante su adolescencia en la década de 1960, pero su prodigioso instinto de goleador lo catapultó al Águila, donde arrancó su carrera en liga mayor en los setenta.

“‘Mirá, cipote, vas a entrar’, me dijo Barraza, y me puse nervioso porque era mi debut y ante el Juventud Olímpica. Quedamos 0-0 ante un gran equipo, pero yo era cipote, eran mis primeros pasos”, recuerda “Pelé” Zapata sobre sus primeros pasos en el máximo circuito.

En 1971, Barraza, el mejor aguilucho de la historia, tuvo un gran inicio como entrenador. Formó un conjunto de jóvenes, entre ellos Zapata, y San Miguel vivió un ciclo feliz. A aquel plantel lleno de juventud se le llamó “el Kínder de Barraza”, por aquella camada de J. J. Polío, “el Muñeco” Coreas, Regalado, Luigi Rivas, “el Cisco” Díaz y aquel crack brasileño llamado Pinho.

Ganaron el campeonato de 1972, y en 1973 elevaron su nivel al punto de dominar la región. En una inolvidable Copa Fraternidad Centroamericana, el Águila fue el gran protagonista; le ganó al poderoso Saprissa en Costa Rica con gol de Zapata en la ronda inicial, pero su mala fortuna lo llevó a perder la final justo contra los morados. Para Zapata, aquel ciclo fue entrañable: “Tengo dos goles que son especiales. El primero, es uno que le anoté al Saprissa jugando en Costa Rica, jugando con el Águila, en una victoria 1-2. Fue un gol de media vuelta. El otro fue el que le hice a Canadá de tiro libre en 1977”.

A mediados de los setenta, Zapata subió otros escalones en su leyenda. En los campeonatos de 1975-1976 y 1976-1977, fue el máximo goleador, y su Águila acabó como campeón. No solo hacía goles abundantes junto con aquel gran ataque de Pinho, “el Cisco” Díaz, “Pechemono” González y Helio Rodríguez; para Zapata fue una costumbre anotar en partidos grandes, como la final de la liga mayor 1977, un 1-0 sobre el Once Municipal que el Águila festejó con un tanto suyo o la final de la Copa de Campeones de la CONCACAF 1977, contra el caribeño Robin Hood, definida 3-2, y el tercer tanto naranja fue del “Pelé”.

Esas faenas, y su presencia en la selección nacional en las eliminatorias de 1977 lo catapultaron al Cartaginés de Costa Rica y el Puebla mexicano. Sin pena ni gloria en esas etapas, regresó a El Salvador en 1979; tuvo un paso fugaz con el Alianza, en la cuadrangular final, más recordada por una expulsión apenas en la segunda fecha del circuito. Al año siguiente volvió al Águila, donde permaneció en la década de 1980.

Quedó eso y su presencia en la selección nacional. Tras el mundial de 1982 y su famoso gol a Hungría, Zapata incluso pudo quedarse en el fútbol español, pero tomó una decisión que luego lamentó. “Hay algo que pocos saben. Cuando estábamos en España, recibí una propuesta del Murcia, no la acepté y el equipo español contrató al hondureño (Roberto) ‘Macho’ Figueroa”, contó Zapata. “Cuando (el entrenador español) Fernández Siguí (que había trabajado en El Salvador) habló conmigo, él quería el 60 % de la negociación y por eso no quise firmar. Yo desistí y (Siguí) ya no volvió a hablar conmigo”.

Con el Águila fue campeón de nuevo en 1983 y 1988, pero nunca volvió al tremendo nivel mostrado en los setenta. Bajó su producción goleadora, se reinventó como volante, siempre aportando jugadas inteligentes, lúcidas, que daban alegrías a la afición migueleña.

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