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Agricultura peligra por baja inversión y desigualdad: FIDA

El cambio climático y el envejecimiento de los agricultores son los principales retos que enfrentan los países. Abogan por tecnificar el sector para asegurar la producción de alimentos y atraer a más jóvenes.
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Las comunidades agrícolas enfrentan hoy en día nuevos retos por la afectación del cambio climático y el envejecimiento de los trabajadores. Según Périn Saint-Ange, vicepresidente adjunto del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la agencia de Naciones Unidas para la erradicación de la pobreza en zonas rurales, es necesario mejorar técnicas de trabajo para hacer el empleo rural más atractivo a los jóvenes. “Las necesidades de la juventud rural son enormes debido a un monto de inversión en los espacios rurales que no ha sido cumplido”, dijo.

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Las inversiones traen beneficios porque dan a la juventud acceso a empleo, a tecnología y a servicios sociales, y eso, según el experto, está relacionado con la inseguridad y la migración.

“Esta falta de inversión y alto nivel de energía y ganas de querer hacer algo hacen que la juventud se salga del camino y sean atraídos a aspectos no productivos y destructivos del mundo moderno, que ya sabemos cuáles son. Esto podría evitarse si se dieran las inversiones y el apoyo para desarrollar las capacidades, la educación, los sistemas de salud, la infraestructura y el acceso a mercados en la zona rural”, explicó.

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De hecho, añadió que se crea una “frustración que no es aceptable” por la desigualdad, y que reducir la brecha “entre los que tienen mucho y los que tienen poco” es esencial para poder tener seguridad.

“Esta decisión atrevida y a veces cruel de migrar para tener mejores oportunidades que en muchos casos no se cumplen (...) Parte de la solución es asegurar una inversión sostenida en zonas rurales que contribuya a la transformación del espacio para que esos jóvenes que pueden hacer una diferencia tengan el incentivo de quedarse”, agregó.

En esa línea, Saint-Ange insistió en la necesidad de mecanizar la producción agrícola, “ya no es aceptable utilizar la energía humana en vez de la mecánica o electrónica”, puesto que son “los padres y los abuelos” que llevan la carga física, “si pudieran mecanizar un poco más, eso haría una diferencia importante para la motivación de la juventud para quedarse en el espacio rural”.

Argumentó que es necesario encontrar un balance en la sustitución del trabajo, ya que no se trata de provocar desempleo. “Lo que no se puede aceptar es que dejemos de invertir por el riesgo que existe en reemplazar la actividad humana por una máquina, creo que hay suficiente espacio para las dos cosas”.

En cuanto al cambio climático, Saint-Ange explicó: “No hay suficiente agua o en algunos casos hay demasiada agua, y hay menos habilidad de los cultivos de resistir enfermedades y shocks de temperatura o retrasos en la época de siembra”.

En casos como el maíz, dijo que ni Estados Unidos que tiene muchos recursos ha logrado superar la vulnerabilidad. Lo que quiere decir que la agricultura nunca va a ser un sector sin riesgos, pero lo importante es que estos se pueden mitigar.

La apuesta del FIDA es que los agricultores tengan un mejor nivel de organización para poder acceder a los mercados y ser más competitivos, así como facilitar el acceso y compartir las tecnologías y el conocimiento necesario para crear cultivos más resilientes.

La agencia de Naciones Unidas está adoptando desde 2015 una estrategia de trabajo para obtener resultados de forma más rápida y más eficiente, ya que hay menos recursos económicos disponibles. En El Salvador, el FIDA ha completado desde 1984 unos ocho proyectos en los que ha aportado $108.6 millones en préstamos.

Actualmente mantiene otros programas de competitividad agrícola y de acceso a mercados; de estos, los programas de transformación Rural Adelante aún siguen en discusión en el parlamento.

El reto de países como El Salvador está en que tienen que renovar el trabajo rural para nuevas generaciones y garantizar la producción necesaria para alimentar una población que crece. Una de las alternativas que el FIDA ve es la tecnología en la industria de semillas, porque de otra forma es imposible llegar a los niveles de rendimiento necesarios para ser competitivos.

Aunque Saint-Ange aclaró: “Las mejores semillas tienen que ser investigadas por los responsables para evitar desastres naturales. Ha habido desastres naturales provocados por el hombre por la falta de atención en investigar los sistemas de producción en países industrializados como en desarrollo”.

Entre los puntos positivos que señaló el vicepresidente del FIDA es que hay una consciencia en el sector público y privado de apostarle a la sostenibilidad.

En el caso específico de El Salvador, dijo que los productores se están organizando cada vez más, lo que es beneficioso porque facilita las alianzas comerciales con otras empresas, además de ser más competitivos. Explicó que si en otro países logran exportar con mejores empaques y precios que los de aquí, es porque aún hay innovaciones que los productores nacionales todavía no están aplicando.
 
 

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  • agricultura
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