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Eficiencia tecnológica: reto para hacer crecer el país

El expresidente de Estonia, quien impulsó una estrategia digital que permitió dar un importante salto de crecimiento económico a su país, visitará El Salvador. Ambos países tienen un desempeño casi opuesto en competitividad.

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Referente.  El economista de FUSADES explicó que Estonia puede ser un ejemplo de cómo impulsar cambios.

Referente. El economista de FUSADES explicó que Estonia puede ser un ejemplo de cómo impulsar cambios.

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El Salvador mantiene profundos atrasos que debe afrontar para despegar e integrarse a la revolución digital y convertirse en una economía competitiva, como otros lo han hecho. Un ejemplo es Estonia, que al igual que El Salvador carece de recursos naturales, pero al término de la Guerra Fría se volcó a convertirse en una potencia digital con estrategias de facilitación de trámites para atraer el capital humano.

Toomas Hendrik Ilves, expresidente de Estonia y reconocido como el arquitecto del salto en innovación y competitividad de ese país, visitará El Salvador esta semana por la invitación de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES).

Cuando Estonia salió de la esfera de influencia soviética, en la década de 1990, se encontró con una infraestructura económica e institucional desfasada. El país vio como referente a Finlandia, que en ese entonces sobresalía con Nokia en la telefonía celular y apostó por buscar la conectividad de sus habitantes.

Ilves, que gobernó entre 2006 y 2016, ayudó a levantar la nación de 1.3 millones de habitantes hacia la senda tecnológica. Hoy cuenta con el título de ser el país más digital y emprendedor de Europa. Donde sus ciudadanos pueden votar, pagar impuestos, comprobar archivos médicos y hasta registrar una empresa en minutos; esto sin tener que dejar la casa.

En 2000 el país promovió la iniciativa llamada e-Estonia, y se convirtió en la primera nación del mundo en declarar el acceso a internet como un derecho humano. Actualmente el 99% de los servicios públicos se pueden realizar en línea. Solo es necesario salir de la casa para matrimonios, divorcios y transacciones relacionadas con los bienes raíces. Pedro Argumedo, investigador del Departamento de Economía de FUSADES, explicó que Estonia implementó el concepto de "residencia digital", que deja a cualquiera hacerse residente. Esto permite beneficios como el establecimiento de una empresa en la Unión Europea (UE).

Más de 270 personas de países de Latinoamérica han pedido ya la residencia digital. La mayoría son de Brasil, Argentina y México, pero también hay de El Salvador o Nicaragua, según un reportaje de BBC. "Uno de los problemas del país (para sumarse a la cuarta revolución industrial) es que tenemos cosas de la anterior revolución que no hemos resuelto aún. Uno de estos es el trámite; los trámites se han ido completando de una forma fuerte", dijo Argumedo.

El Foro Económico Mundial (WEF en inglés), en su índice de competitividad 4.0 de 2018, ubica a El Salvador en el puesto 98 de 140 países; Estonia es el 32. Argumedo enfatizó en que ambas naciones comparten el tener escasos recursos naturales, aunque Estonia tiene poco más de un millón de habitantes para un territorio que es el doble de El Salvador. Esto, aunque pone menos presión ecológica, también implica menos disponibilidad de talento humano. De hecho, en el pilar donde ambos países tienen el desempeño más parecido es en tamaño de mercado. También hay un desempeño similar en salud y en el sistema financiero (ver gráfico).

Una de las debilidades más fuertes de la economía salvadoreña es la capacidad de innovación; allí el país ocupa el puesto 123, después de Bolivia y antes de Sierra Leona. El primer puesto lo ocupa Alemania. En el pilar institucional El Salvador también está atrás, en el puesto 131, aquí la peor nación es Venezuela. No obstante, en el área específica de crimen organizado, la economía salvadoreña es la peor, con el puesto 140. Guatemala y Honduras también ocupan los últimos puestos. Costa Rica está el lugar 81 y Estonia, en los mejores lugares, el número 5. "Un Estado eficiente necesita un Estado fuerte y eficaz. Estonia es un Estado de leyes", agregó el economista y mencionó otras brechas, como la independencia del sistema judicial, la incidencia de la corrupción y la eficiencia del marco regulatorio, todos indicadores en los que El Salvador está muy atrás.

Argumedo matizó que cuando Estonia inició su transformación ya tenía un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita más alto que El Salvador; es decir, ya era un país más rico; pero desde entonces creció a un ritmo mucho más dinámico. Al punto que la economía salvadoreña aún no supera a la de Estonia de la década de 1990. En cuanto a inversión, la nación europea se ha mantenido como un centro más atractivo para el capital que El Salvador, que en los últimos años suele estar en los últimos lugares de Centroamérica. Pero no son solo los flujos de inversión extranjera directa, sino que la inversión de la misma empresa privada domiciliada en el país y del sector público.

La diferencia no es solo en cuanto a regulaciones económicas; de hecho hay una diferencia abismal en cuestiones de educación, como pensamiento crítico, la formación profesional, la relación entre el número de profesores y alumnos y el número de graduados. Argumedo agregó que la lección de Estonia es cómo un país pequeño "con una estrategia puede lograr cambios importantes velozmente" y que la clave fue hacer uso de las nuevas tecnologías y "ponerlas al servicio de las personas". Esto implica para la economía europea un ahorro del 2 % del PIB que se traduce en un crecimiento constante.

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