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El problema de la deuda es un problema de principios y valores

Cada vez que nosotros tomamos una decisión consciente o inconscientemente, consultamos un set de valores que nosotros tenemos. Las decisiones que tomamos tienen consecuencias, unas inmediatas y otras toman más tiempo, por eso nos cuesta asociarlas a nuestros valores y principios.
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Cuando nuestros valores son buenos, los frutos son buenos; y cuando son malos, bueno, ya sabemos cómo nos va. El éxito en la vida está ligado a nuestros principios y valores.

La mayoría de nosotros hemos puesto al dinero en un lugar que no le corresponde, es por eso que le sacrificamos tiempo, familia, amigos, etcétera.

Creemos que al tener dinero vamos a ser felices y podremos tener lo que necesitamos para sentirnos completos, esa es la razón principal por la cual estamos dispuestos a ser esclavos de alguien por medio de la deuda. Es por eso que después de tener cubiertas nuestras necesidades, la única justificación válida para tener más de lo que necesitamos es poder ayudar a los demás.

Por otro lado, no existen los medios para educarnos sobre cómo manejar nuestro dinero y no sabemos cómo manejarlo una vez lo ganamos.

La mayoría de nosotros carecemos del conocimiento de cómo hacer un presupuesto balanceado, de cómo tener un balance general o medir el patrimonio, no conocen cómo elaborar un plan real para pagar las deudas, de cómo ahorrar, provisionar e invertir, y cómo protegernos de las cosas que no podemos controlar, cosas como enfermedades, perder el trabajo o una muerte inesperada del proveedor principal del ingreso.

La segunda parte del problema es una banca agresiva. La banca se ha enfocado en ofrecer más dinero de lo que las personas pueden pagar, siempre y cuando estos préstamos estén garantizados por medio de órdenes irrevocables de descuento (OID) o tarjetas de crédito que estén ligadas a la cuenta en que te pagan la planilla, solo importa tener una buena garantía, o sea, una buena forma de cobrar primero. Esto es a lo que yo llamo esclavitud de los tiempos modernos.

La última parte de la tormenta perfecta es la poca regulación del Gobierno, que no tiene la capacidad de aplicar las leyes de la manera en que debería, y no tiene el interés suficiente para poder cambiar leyes que le beneficien a la mayoría, dejando a los bancos fiscalizándose a sí mismos.

No me gusta hablar mucho sin poner ejemplos específicos, tales como que hemos visto clientes a los que los bancos les han prestado 40, 50, 60 y, el récord, 87 veces su salario.

También hemos visto bancos dando préstamos con OID cuando el empleado ya tiene más del 35 % de su salario comprometido, haciendo que esto no solo baje su calidad de vida, sino disminuyendo su poder adquisitivo y deteriorando la calidad de vida de la persona. La consecuencia real de esto es familias desintegradas, problemas de violencia, delincuencia y frustración social.

Lo grave de esta situación es que estos préstamos, en su mayoría, son créditos personales que sirven para consolidar deudas de tarjetas de crédito que ya no se pueden pagar.

El problema de la deuda es de principios y valores, no tiene que ver nada con cuánto gano, no tiene que ver nada con qué tan inteligente soy ni tiene que ver nada con lo que estudien; la libertad financiera es 20 % conocimiento y 80 % comportamiento.

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