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¿Emprendedor o empresario?

En el estudio “Así somos” que en Ipsos Herrarte realizamos el año pasado y que tenía como objetivo conocer de una manera amplia y profunda las actitudes y los valores, hábitos y comportamientos de consumo, así como los sueños y las emociones de los salvadoreños a escala nacional
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En el estudio “Así somos” que en Ipsos Herrarte realizamos el año pasado y que tenía como objetivo conocer de una manera amplia y profunda las actitudes y los valores, hábitos y comportamientos de consumo, así como los sueños y las emociones de los salvadoreños a escala nacional, tanto de zonas urbanas como rurales, uno de los hallazgos que me parecieron más importantes es que la mayoría de salvadoreños se describen trabajadores y con una característica muy propia, como es “se rebuscan”. Esto me hizo pensar que la combinación de trabajador con “se rebusca” es lo que nos convierte en auténticos emprendedores.

De igual manera me llama la atención que el tema del emprendimiento parece haberse puesto de moda en los últimos años en nuestro país y no son pocas las instituciones, tanto públicas como privadas, que están tratando de fomentar y apoyar a los emprendedores, lo cual es digno de elogio.

Sin embargo, cuando veo de cerca algunas de estas iniciativas que están siendo apoyadas, me surgen muchas inquietudes sobre si, dentro de un análisis costo-beneficio, este espíritu emprendedor está siendo adecuadamente aprovechado. Por mi propia experiencia sé que emprender no es sencillo, que requiere de muchos sacrificios y se cometen muchos errores de los cuales se va aprendiendo, pero se debe tener una visión muy clara de lo que se quiere lograr y hasta dónde se puede llegar.

Aunque los términos emprendedor y empresario tienen cada uno sus propios significados, me parece que algunas veces se usan indistintamente o se confunden uno con el otro. Para mí, de una manera simplista, emprender es iniciar algo y ser empresario es generar riqueza para compartirla creando fuentes de empleo, trabajo para los proveedores, etcétera, y es por esto que considero que un emprendedor debiera convertirse en un empresario, de lo contrario se puede quedar únicamente en una figura de autoempleo o en el mejor de los casos en la forma de sacar adelante a la familia.

Por diferentes circunstancias profesionales y personales he tenido la oportunidad de relacionarme con emprendedores y he identificado en varios de ellos dos características básicas: saben hacer algo, un producto o un servicio, y lo hacen bien, pero piensan en pequeño y es por eso que se conforman con tratar de vender sus productos u ofrecer sus servicios en pequeñas ferias o mercaditos, muchas veces organizados por las mismas instituciones que los apoyan, a precios que apenas cubren sus costos, entre los cuales pudiera no estar el justo valor de su tiempo, entrando en un esquema más de subsistencia que de generación de riqueza, a pesar de que no se puede negar que hacen grandes esfuerzos.

En mi opinión, lo que más hace falta entre los emprendedores es un enfoque al mercado, porque el éxito no se obtiene de producir los mejores productos, sino de venderlos y venderlos bien, y para eso hay que estar totalmente claros en que no se trata de lo que nosotros queremos vender, se trata de lo que los consumidores quieren comprar. En este sentido, es importante conocer el potencial del mercado, es decir, cuántas personas estarán dispuestas a comprar mi producto al precio que haga posible la generación de utilidades, y ponerse metas claras, alcanzables y medibles; de lo contrario, se corre el riesgo de perder el rumbo hasta desaparecer y con ello desaparecen también las esperanzas, los sueños y los recursos invertidos, lo cual no es lo que queremos que suceda.

Quiero aclarar que mi intención no es ser crítica, sino, por el contrario, aportar ideas para que esta tendencia del emprendimiento tan fascinante y valiosa se convierta realmente en ese motor de desarrollo que tanto necesita nuestro país. Invito a todas las instituciones que tan buena labor realizan apoyando a los emprendedores a que lo hagan con pensamiento estratégico, apostándole al crecimiento y no solo a la subsistencia. Los emprendedores lo merecen.

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