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“Es urgente mejorar el clima para la inversión”

Francisco de Sola, miembro del Consejo para el Crecimiento, dice que es momento de profundizar el diálogo entre privados y Gobierno, y hacer lo mejor para el país.
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Francisco de Sola es un empresario salvadoreño que ha formado parte de importantes foros sobre el desarrollo del país, como la Comisión Nacional de Desarrollo y, actualmente, el Consejo para el Crecimiento.

Este consejo se formó como parte del Asocio para el Crecimiento, firmado entre los gobiernos de Estados Unidos y El Salvador, y lo conforman varios de los principales empresarios del país. A pocos meses de que finalice el período de cinco años del asocio, De Sola hace un llamado a que se aprovechen foros como este para tratar los grandes temas del país y corregir los problemas que afectan a la población, como la inseguridad y el desempleo.

Al empresario le preocupa que el diálogo político se base en la confrontación y la mutua descalificación. Resolver esto debe ser el primer paso a tomar, dice.

¿Cuál es el estado actual del Asocio para el Crecimiento y del Consejo para el Crecimiento?

El asocio está llegando a su final. El período para el cual nos escogieron ya terminaría en 2016, de los temas que nos competen y hemos estado trabajando ya hay proyectos y planes que están en marcha, y por tanto, el asocio está en una fase de ir preparando su conclusión. No obstante, con lo que se ha constituido, como es un foro que tiene una credibilidad muy especial por la forma en que fue formado, se estima que hay temas de gran interés nacional que pueden ser eficazmente discutidos ahí. Y en esa vena lo que ha ocurrido después del congreso del FMLN, a donde muy desafortunadamente se dio a conocer el pensamiento formal del partido, ha provocado una oportunidad para que el asocio tome concurso con temas muy importantes que hay que discutir.

¿Por qué afecta lo que se habló en el congreso?

Porque lo que el FMLN declara y discute es una descalificación y el rechazo del concurso de gente como la que estamos en el asocio para resolver los problemas del país, y aunque es un discurso propio de partido, al ser público pone en entredicho nuestra participación. Por fortuna nosotros no creemos que el diálogo debe cesar, es más, todos queremos democracia, y como dice la escuela pragmatista, democracia es una conversación que debe seguir y, por tanto, creemos que nos compete seguir discutiendo y tratando de corregir los pensamientos equivocados.

¿Cuál ha sido la experiencia hasta el momento? El Consejo para el Crecimiento ha tenido una relación directa con el Gobierno, ¿qué tan alineado ha estado el Ejecutivo con las declaraciones del partido?

Las declaraciones del partido van más allá del alineamiento práctico del Gobierno y eso es parte de lo que tenemos que trabajar, y por allí es donde creemos que ahora se necesita la intervención de estadistas, que tienen que haber en el FMLN, en el Gobierno mismo y en la oposición, para girar la discusión de una de acusaciones y descalificaciones, y básicamente revancha, a una propositiva. Hay que discutir cosas de fondo, lo que le afecta a la población.

Dice que lo ve como una oportunidad...

Definitivamente es una oportunidad y además una responsabilidad de que continúe el diálogo.

¿Pero cómo hacer que este diálogo vaya más allá, que se pase a la acción?

Una de las frustraciones es que de propuestas y conclusiones que se logran en el asocio, muchas veces las expectativas son altas y no se cumple con lo que se ha prometido. Sin embargo, hay que reconocer que mover un Gobierno y la acción de un Gobierno no es tan sencillo, es complejo, y al FMLN y al gobierno anterior del presidente Mauricio Funes les costó ejecutar medidas de reforma de lo que se ha concluido en el asocio. Eso no quiere decir que uno se dé por vencido. Los temas que ahora creo y mucha gente en el sector privado cree que es esencial discutir son, por ejemplo, la seguridad, el principal que aqueja a la población; así como el empleo, la falta de generación de inversión está causando que muchísima gente no tenga empleo y por eso no estamos creciendo; también el problema serio de la institucionalidad, que está al acecho; y el sentir ya palpable en la población de que tenemos un problema de honestidad en la función pública.

¿Qué se ha logrado, desde el Consejo para el Crecimiento, en la parte de seguridad? ¿Qué hace falta hacer?

En seguridad no hemos tenido un rol protagónico porque el Gobierno migró la discusión al Consejo de Seguridad y Convivencia Ciudadana. El asocio no ha sido un foro de discusión pero sí hemos tenido informaciones de los personeros. Hemos observado que no se ha articulado ni explicado bien un proyecto y una estrategia de combate a la violencia y el rescate de la gente que cae en los problemas de la violencia. Por otro lado, se ha hablado interminablemente de lo que va a costar un plan que nadie entiende. Eso crea un vacío de liderazgo y comprensión, no tenemos una unión ciudadana para poder atacar este problema central. El miedo, la extorsión, la duda son lo que más aqueja a la población.

¿Qué se debe poner sobre la mesa para que sea más efectivo?

Medidas para mejorar la comunicación entre el Gobierno, la población y la gente que puede aportar, y pasar a un proyecto consensuado y unido, que sea de largo alcance para que la población entera se una tras esto. Es complejo y va a tomar tiempo y mucha paciencia.

Hablaba de la parte del empleo, ¿qué se debe hacer? El problema de bajo crecimiento económico lleva más de una década.

Es dramático el problema del empleo. Hay que crear 60,000 nuevos empleos cada año para atender la demanda, y el desempleo está en el 7 %, esa es gente buscando trabajo, y la informalidad está en el 70 %, eso es muy grave. ¿Por qué no crece el empleo? Básicamente porque por un lado no hay un clima de confianza y de facilitación de hacer inversión, y por otro lado, la violencia, que es un detén muy serio a la generación de confianza. Dicho sea de paso, mensajes como los del Frente son muy antagónicos al clima de inversión. En la medida en que se genera empleo se generan recursos para el Estado, se generan salarios y la economía crece. Entonces, el meollo es el clima de inversión para generar empleo. Incluso hay un cúmulo de leyes que han estado saliendo que afectan directamente todo esto, como la imprescriptibilidad del delito fiscal, y todas las que atentan contra la libertad de expresión. El cúmulo sucesivo de reformas tributarias, muchas de ellas mal elaboradas, nos hacen menos competitivos, hacen de El Salvador un lugar caro para operar, que el micro y pequeño empresario tengan duda de meterse a un negocio, no están protegidos, y fracasan. Es un círculo vicioso difícil de romper, pero lo primordial es mejorar rápidamente el clima de inversiones.

¿Qué respuesta obtienen del Gobierno cuando se le hace este señalamiento?

Es un diálogo difícil porque se trata de la coordinación de procesos en muchas de las instituciones del Estado, que son difíciles de implementar, implica mucha legislación que lamentablemente se traba en la Asamblea Legislativa, donde no existe un consenso de todos los partidos de que el problema está en el clima de inversión. Este es el tema central que tratamos en el Asocio para el Crecimiento, y el que más nos frustra. Las finanzas del Estado están en una situación muy difícil, eso impide que el Estado sea eficiente, y la inversión que debe hacer en educación, salud, capacitación, proyección al exterior e infraestructura no se puede hacer porque las finanzas andan mal. El Estado recibe menos de lo que gasta, el potencial de endeudarse se le está cerrando más cada día. Hay que darle vuelta a eso para que el Estado tenga los recursos para hacer lo que necesita hacer.

Usted se refiere al diálogo difícil con el Gobierno en cuanto al clima de inversión. Ustedes como sector privado, ¿qué pueden hacer desde su lado para mejorar el crecimiento y la generación de empleo?

Los que participamos en el consejo tenemos un buen pulso de lo que nos ofrece la globalización, y cómo un talante y una visión internacionalista de las oportunidades que se nos ofrecen pueden ayudar a atraer inversión extranjera. Traer inversión extranjera es una buena forma de generar empleo, capital social y conocimiento. Ese rol lo tratamos de ejercer a través de diálogo. También trasladándole a los ministros la experiencia práctica desde nuestras empresas, todos lidiamos con aduanas, con los terribles problemas de obtener permisos, y con las inconsistencias en cómo se aplican los procedimientos y las leyes. Todo eso es un cúmulo de los detenes a tener un clima de inversión a donde se privilegie la productividad y la competitividad.

El Banco Central de Reserva ha presentado estudios en los que se sostiene que el país ha intentado competir con base en salarios bajos y no una mayor productividad, ¿cree que el sector privado está tratando de hacer ese cambio para competir con otros factores que no sean los salarios?

La verdadera competitividad no viene de detener el crecimiento de los salarios. Es reformar y mejorar las empresas para que sean más eficientes y productivas. La meta de tener salarios mejores y dignos para nuestra gente capacitada es primordial para los empresarios. Así lo vemos en el asocio. La era de decir que El Salvador era un buen destino para la inversión por salarios bajos se ha terminado. El capital humano salvadoreño capacitado siempre se sigue desempeñando muy bien, lo que pasa es que la situación nacional, con la violencia y la falta de Estado de Derecho, impide que venga más inversión.

¿Por qué se insiste tanto desde el sector privado en que hay problemas de institucionalidad en el país?

Hemos vivido ya cinco, seis años en los que ha habido muchos ataques a las instituciones más importantes del país, la prensa, la Corte Suprema de Justicia, algunas instituciones regulatorias. Nos mueve una idea importante, que leyes e instituciones nos hacen libres. Tener un Estado de Derecho firme e instituciones que lo hagan funcionar garantiza la libertad de los salvadoreños. Si los salvadoreños se sienten libres, pueden desempeñarse bien y hacer que el país crezca. Las amenazas con este lenguaje abusivo, la mala praxis de algunos funcionarios públicos, la falta de confianza en el buen manejo de las instituciones y la percepción de que funcionarios toman ventaja malhabida de sus puestos minan la confianza en las instituciones. A final de cuentas, si no tenemos buenas instituciones, que perduren y trasciendan períodos y partidos, no vamos a lograr la competitividad y el progreso que queremos. Por eso es un tema esencial en este diálogo que hay que seguir.

¿Cree que en esta área ha habido deterioros o avances?

Ha habido avance en el sentido de que la institucionalidad se ha vuelto un tema del momento, la gente ya se ha dado cuenta de que hay que proteger nuestras instituciones, por un lado, y por otro lado que hay que mejorarlas. Hay que mejorar las instituciones de supervisión financiera, supervisión policial, la Corte de Cuentas, las instituciones electorales, no es como que uno las pueda borrar, ese es un gran avances. También hay un gran avance en que hay una conciencia de que hay que cumplir las leyes. Lo que ha deteriorado es el discurso público de ataque y descalificación de algunas de las decisiones que toman estas instituciones, como los ataques a la Sala de lo Constitucional, y en general a la Corte Suprema de Justicia.

¿En transparencia ha habido avances?

El tema de transparencia es otro que hay que discutir, porque en la medida que se generalice un sentir que algo anda mal en el manejo del erario público y de las instituciones públicas se pierde confianza no solo en nuestros mandatarios, sino en nuestros legisladores y nuestros funcionarios públicos. De allí viene esta petición ahora creciente por una comisión de combate a la impunidad al estilo de lo que ha ocurrido en Guatemala, que ha tenido consecuencias importantísimas. Allá se ha llegado al punto en el que el gobierno anterior salió en desgracia. Nuestro sistema necesita una inyección fuerte de credibilidad y ese es un punto a discutir de primer orden. Nuestro sistema también necesita una Fiscalía que verdaderamente sea la protagonista de un Estado de derecho, y que esa sea su misión y su mantra. Es un tema incómodo para mucha gente, difícil de comprender porque nunca hemos experimentado con esto pero es un tema que no se va a desaparecer.

Hay sectores que señalan que las herramientas con las que se cuenta son suficientes para combatir la corrupción.

Eso es parte de la democracia, de la discusión, hay diferentes formas de entrarle a esto, puede ser una comisión internacional o a través de una Fiscalía independiente y protagonista del Estado de derecho. El papel de la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia es loable y necesario.

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