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FMI señala que las reformas profundas deben ser prioridad

El Salvador es uno de los países con poco espacio para prepararse ante un inminente periodo de bajo crecimiento económico mundial.
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Los próximos años traerán una actividad económica lenta en todo el mundo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) considera que El Salvador tiene que hacer el esfuerzo por crear su propio blindaje, a través de reformas de largo alcance que hayan surgido como parte de un acuerdo social.

Mario Garza, representante de Centroamérica, Panamá y República Dominicana para el FMI, dijo ayer: “Las reformas estructurales deben ocupar el número uno en la lista de los hacedores de políticas”.

Garza mostró cuál es el panorama para América Latina durante los próximos dos años y El Salvador es uno de los países que tiene menor campo de acción para protegerse de un bajón en el escenario mundial. “La tarea no es tan sencilla. Es más complicado en el caso del país”, enfatizó Garza.

Desde China, pasando por Estados Unidos y hasta Brasil, el FMI espera un crecimiento más modesto en comparación con los años anteriores. Estados Unidos y El Salvador podrían crecer 2.4 % este año, mientras que Centroamérica en conjunto tendrá un promedio de 4 %.

“Los legados de la crisis financiera de 2008, como el alto endeudamiento y el alto desempleo, han sido más duraderos de lo que se pensaba originalmente”, comentó Garza.

Hay países que están creciendo a un ritmo más acelerado, como Panamá y Nicaragua. Otros pueden manipular el valor de su moneda local. El Salvador no cumple ninguna de estas dos condiciones: es el que menos crece en Centroamérica y además ocupa el dólar como moneda oficial.

Por eso es que el FMI insiste en las reformas estructurales y, en particular, las que fortalecen las finanzas del Estado.

Desde el análisis de Garza, El Salvador logró beneficiarse con situaciones como un petróleo más barato y también por los vientos favorables del principal socio, que es Estados Unidos.

Pero en casa hay otros problemas que podrían ser piedra de tropiezo. “El crecimiento de la deuda (pública) arriesga los objetivos de desarrollo... Puede tener su efecto –o frenar– en el progreso social o políticas redistributivas usando la herramienta fiscal”, dijo Garza.

¿Qué significa todo eso? Que si El Salvador continúa con un fisco debilitado por el incremento de los compromisos financieros, entonces cada vez habrá menos recursos para los programas sociales y para superar la pobreza.

La deuda pública, según el Ministerio de Hacienda (MH), tiene un peso estimado del 60 % del Producto Interno Bruto (PIB) hasta marzo. Es decir, el país debe más de la mitad de lo que produce.

El monto de la deuda total asciende a $16,893.7 millones, de los cuales, $930 millones corresponden a la deuda más inmediata o de corto plazo.

Por otro lado, el desequilibrio entre gastos e ingresos del Estado es de $900 millones, como promedio, que se puede comparar con un 4 % del PIB.

Garza también llamó a “cambiar los patrones del gasto” y asegurar más fuentes de ingresos propios. Así, el experto retomó las recomendaciones anteriores del FMI, como pulir la focalización de los subsidios, crear impuestos más progresivos, revisar los beneficios o exenciones que no traen mayor productividad o empleo y también eliminar las inequidades del sistema de pensiones. Garza detalló que frente a estas sugerencias “lo que ha hecho falta es el consenso”.

El FMI considera que sí hay claridad en lo que el país necesita, pero no hay acuerdos en cómo avanzar hacia esos grandes objetivos ni tampoco “cómo se distribuirán los costos”.

Además, explicó que hay otro tipo de reformas que traerán beneficio de largo plazo. Por ejemplo, buscar más compradores de productos salvadoreños en otros países y no estar concentrados en Estados Unidos.

Además, los bajos niveles de inversión amenazan las posibilidades reales de seguir creciendo. Ahora, entre la inversión del sector público y la del sector privado aportan el equivalente al 15 % del PIB. Con este nivel, Garza explicó que no se podrá sostener un ritmo de crecimiento de 3 %, sino que el potencial bajaría a un 2 %.

Garza también señaló que los trabajadores necesitan estar capacitados de tal manera que no dependan solo de una industria. La idea es que puedan participar en más actividades.

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