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FUSAL cumple 30 años de inversión social en el país

Seguridad alimentaria, salud, educación y prevención de la violencia son los cuatro pilares que sostienen la inversión social de la fundación. Durante este tiempo han incluido a casi 200,000 personas en los beneficiarios directos.
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El Salvador vivía uno de los capítulos más dolorosos en su historia. El terremoto de octubre de 1986 coincidió con un período oscuro de la guerra civil y miles de familias buscaban dónde volver a levantar su hogar sin entrar en un sitio peligroso.

Estas personas inspiraron la creación de la Fundación Salvadoreña para la Salud y el Desarrollo Humano (FUSAL) por iniciativa del empresario Luis Poma. Tres décadas después, la organización sigue con las comunidades y ha ampliado su campo de trabajo a la prevención de la violencia.

“El primer voluntario fue mi padre”, explicó Ricardo Poma, presidente de FUSAL. Ahora son 800 voluntarios que provienen de los mismos lugares donde ejecutan los programas, y 625 de ellos entregan su tiempo para el programa Libras de Amor. “Todos los que trabajan en FUSAL tienen una sensibilidad especial que los motiva a estar cerca de la gente”, dijo Poma. Estas personas lo hacen por convicción, aunque trabajen en zonas consideradas de riesgo por la criminalidad. “Es un privilegio que Dios nos ha dado de poder ayudar a los demás”, indicó el presidente de la fundación.

El primer aliado fue la Salvadoran American Humanitarian Foundation (SAHF), que provee donaciones en especie. Como su nombre en inglés lo dice, era un vínculo directo entre la comunidad salvadoreña en Estados Unidos y un grupo de benefactores en el país. Esta iniciativa con el tiempo se convirtió en Chance y ya tiene cinco áreas de acción. Durante 2015 distribuyeron el equivalente a $23.2 millones en donaciones, en 4,314 entregas.

Poma explicó de qué otra manera ha tenido impacto FUSAL a 30 años de su puesta en marcha, medido en números.

Libras de Amor, por ejemplo, nació hace 11 años y ha alcanzado a 160,000 beneficiarios, entre ellos hay 11,500 niños menores de cinco años y unas 550 mujeres embarazadas. Poma explicó que Libras de Amor tenía como misión original contribuir a reducir la desnutrición crónica, pero pronto comenzaron a pulir el programa para que tuviera un abordaje más integral. “Es un modelo de intervención eficiente y humano”, comentó el presidente de FUSAL.

Algunos resultados del programa indican que la incidencia de la desnutrición crónica en Apaneca (Ahuachapán) pasó del 47 % al 7 % después de la intervención, en San Julián (Sonsonate) pasó del 37 % al 10 %, entre otros.

Otro de los logros que destaca Poma es la residencial Libertad, en Tonacatepeque. Se trata de un proyecto de vivienda que la fundación echó a andar luego de los terremotos de 2001. Ahora se ha convertido en un oasis para 4,200 personas que tienen viviendas dignas y acceso a dos complejos: uno deportivo y otro educativo. Tienen, además, una clínica. Parte de la inversión es para un centro escolar, que las monjas regidoras decidieron nombrar Centro Escolar Ricardo Poma. Junto a la residencial Libertad hay otros dos proyectos de vivienda que impulsaron también por los damnificados de los terremotos de enero y febrero en ese año.

Este día FUSAL celebrará con sus voluntarios el aniversario.

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