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Finanzas públicas siguen en la cuerda floja

En el marco del noveno aniversario de la revista El Economista, se celebró una conferencia magistral sobre la crisis fiscal.
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El Gobierno y la oposición han logrado acuerdos para que el país no caiga en quiebra, pero estos aún son muy incipientes y el peligro sigue latente.

Así lo consideraron los economistas Ariane Ortiz Bollín, analista de la calificadora de riesgo Moody's, y Pablo Saavedra, gerente de la Práctica Macrofiscal para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, durante la conferencia magistral que impartieron en el marco del noveno aniversario de la revista especializada del Grupo LPG, El Economista.

Ortiz Bollín es la analista a cargo de El Salvador y fue quien emitió el último informe de degradación de calificación de El Salvador el 11 de noviembre, que bajó de B1 a B3, con perspectiva negativa.

En opinión de la economista, las principales razones que motivaron a la degradación persisten en la economía, incluso después del acuerdo entre el Gobierno y la oposición para emitir $550 millones en bonos, y aprobar la Ley de Responsabilidad Fiscal.

“El acuerdo que alcanzaron la semana pasada es positivo por las señales que envía, pero no es suficiente para reducir los riesgos en el largo plazo. Además, la ley no indica cómo se ejecutará”, dijo Ortiz.

El problema de liquidez y la probabilidad de caer en impago son los dos problemas que mantienen en la cuerda floja al país. Eso sí, aclara Ortiz, si bien es cierto el peligro de caer en quiebra sigue latente, ya no se ve cercano, por lo menos, no en los próximos meses. Pero El Salvador tiene mucho que trabajar si verdaderamente hay voluntad política y técnica para corregir el abismo fiscal en el que ha caído y que se ve reflejado, entre otros aspectos, en el historial de las calificaciones de riesgo.

En el caso de Moody's, la primera calificación de riesgo para El Salvador la emitió en 1997 y fue de Baa3, en un contexto positivo en el que el país había logrado una transición exitosa de la guerra civil a la paz y se había logrado cierta estabilidad macroeconómica.

A la vuelta de casi 20 años, El Salvador ha descendido seis escalones en la calificación de Moody's y ha caído en perspectiva negativa. Este año hubo dos degradaciones y la lupa sigue sobre el país.

De manera que cualquier acuerdo o reforma en positivo podría hacer repensar la perspectiva en los próximos meses, pero para escalar un peldaño habrá que esperar al menos cuatro años y observar un cambio en la tendencia del desempeño financiero y económico sostenido.

Ortiz Bollín puso en la mesa algunos indicadores fiscales que demuestran que de seguir así el país solo avanzará en picada a la quiebra.

En los últimos 20 años, el crecimiento no sobrepasa el 2 % en promedio, muy por debajo del resto de la región que crece en un 3.5 %, la deuda en crecimiento que podría llegar a superar el 70 % del PIB hacia 2020 y un déficit fiscal promedio de 3.7 % en el último lustro.

La política fiscal integral es la salida

La analista de Moody's, al igual que Saavedra, del Banco Mundial, coincidieron a la luz de las condiciones salvadoreñas actuales que el único modo de salir de esa tendencia depresiva es aplicar una política fiscal sana y ordenada.

“Cada país ha tomado las decisiones sobre política monetaria. Si es dolarizada, entonces, la parte fiscal cobra más importancia. La política fiscal se vuelve el amortiguador de la economía”, explicó Saavedra.

Para el representante del Banco Mundial, está claro que en la región –pero con más urgencia en algunos países como El Salvador–, hay otros con necesidad de hacer ajustes fiscales y al respecto la gran discusión es sobre la calidad de estos. Saavedra, del Banco Mundial, fue enfático en que el margen de acción para resolver los problemas financieros se reduce a la aplicación o construcción de una política fiscal integral al ser una economía dolarizada, es decir, sin política monetaria.

El contexto internacional pone nueva presión al interior del país y requiere que las fuerzas políticas aceleren la construcción de un acuerdo fiscal amplio, con metas a largo plazo, que aborden el ingreso, pero también hagan eficiente el gasto y que disminuyan las posibilidades de caer en impago.

Los resultados de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en el que Donald Trump resultó ganador, han aumentado el ambiente de incertidumbre, principalmente para El Salvador, Honduras y Guatemala, países que quedan en vulnerabilidad por la alta dependencia de la remesas que provienen casi en su totalidad de ese país. En el caso salvadoreño, las remesas ya alcanzan el 16 % del PIB y son el principal motor del consumo a nivel local. Pero en el caso salvadoreño también, porque Estados Unidos es el principal socio comercial y el principal emisor de Inversión Extranjera Directa.

De momento habrá que esperar a que el presidente estadounidense electo tome posesión del cargo para identificar si se materializarán cambios que afecten a la economía salvadoreña y al resto del istmo.

Ortiz resumió que El Salvador enfrenta en el corto y largo plazo retos en la parte fiscal, pero además debe bregar con mejorar las condiciones de crecimiento para alcanzar, por lo menos, al promedio regional.

Además, atraer más inversión extranjera, misma que se ha visto contraída en los últimos años, al pasar del 16 % en el período 2008-2012 a 14 % en el período 2009-2015.

Y, especialmente, darle una solución técnica al sistema previsional, que representa una gran carga en el endeudamiento.

Las pensiones han llegado a representar la mitad de los déficit fiscales del país, y sin darle una solución técnica y coherente a este problema la deuda continuará creciendo de manera descontrolada en los próximos años, señala la economista de Moody's.

Finalmente, el tema de la inseguridad se incluye entre los retos de país, al ser El Salvador el territorio de mayor peligrosidad y con el más alto índice de asesinatos en Centroamérica.

Este análisis fue compartido durante la conferencia magistral que organizó la revista especializada del Grupo LPG, El Economista, en conjunto con Luis Membreño Consulting, en el marco de su noveno aniversario.

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