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Guatemala es un punto estratégico para el grupo”

El Grupo Promerica compró las operaciones de Citibank en Guatemala, con lo que los activos regionales del grupo superan los $12,000 millones.
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El Grupo Promerica finalizó, en octubre pasado, la compra de Citibank de Guatemala, S. A. y Cititarjetas de Guatemala Limitada. Promerica ya opera en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Islas Caimán, República Dominicana, Ecuador y Estados Unidos con activos de $12,100 millones y una cartera de 1.7 millones de clientes.

Eduardo Quevedo, presidente de Promerica en El Salvador, explicó que operarán en el vecino país como Banco Promerica de Guatemala. Contarán con $1,600 millones en activos y 98 agencias.

Quevedo afirmó que para la casa matriz del banco, Holding Promerica Financial Corp. (PFC), la apuesta es volverse un banco regional que atienda a las pymes con un servicio personalizado.

¿Cuál fue el proceso para la adquisición de Citibank en Guatemala?

La firma se dio el lunes 31 de octubre, pero el proceso más que la adquisición llevó mucho tiempo, fue un proceso de mucho trabajo, dentro de un ambiente cambiante en Guatemala para el sector financiero. Por un momento se detuvo la negociación; después avanzó más rápidamente cuando las cosas volvieron a su lugar. Nos interesaba mucho concretar la adquisición.

¿Cuáles fueron los cambios que los retrasaron?

Se reformó una ley de tarjetas de crédito, y dado que la operación que se adquirió (de Citibank) tiene casi el 70 % de tarjetas, afectaba mucho si la ley como se había aprobado continuaba.

¿Cuándo iniciaron las pláticas para el proceso?

Comenzaron casi hace un año y medio, llevó bastante tiempo, pero no fueron las pláticas sino esta reforma que las estancó. Pero finalmente concluimos. Guatemala es para nosotros un país muy importante, nosotros nos definimos como una operación regional, tratamos de tener mucha fortaleza local, pero encima de todo eso hay un tema regional que nos interesa mucho, dado que los centroamericanos, por el tamaño de la región, nos movemos mucho entre países. Para los salvadoreños es más fácil ir a Guatemala, ya sea por turismo o por negocios, tenemos una conexión natural con ellos. El Salvador nos interesa, pero desde el punto de vista de PFC, que es nuestra holding, Guatemala es un punto estratégico y nos ayuda a consolidar lo que llamamos el cono norte, a ser más fuertes.

¿Cómo está actualmente la operación en el norte de Centroamérica?

Ya tenemos el Banco de Guatemala, que va a tener $1,600 millones en activos. Nosotros aquí, en El Salvador, que estamos cerca de los $1,100 millones. Y el de Honduras con $600 millones. Ya tenemos una organización en el Triángulo Norte con masa crítica para trabajar y atender principalmente a la mediana empresa, que es el enfoque que tenemos.

¿Cómo va la ampliación en la región?

El grupo es de origen nicaragüense y tiene su operación más grande en Ecuador, y en segundo lugar está Nicaragua, pero que tiene una importancia especial porque es el primer banco de Nicaragua. También tenemos una operación en Costa Rica, de más de $1,000 millones en activos, que ha venido creciendo orgánicamente. Recuerde que en Costa Rica hay bancos estatales gigantescos y es bien difícil querer igualarse a ellos, se trabaja en el servicio y en banca privada. En Panamá, con la adquisición del Banco de Ecuador, se adquirió también una parte de este que estaba en Panamá y se fusionaron las operaciones para sumar más de $1,000 millones en activos. En cada posición vamos haciéndonos más fuertes y un grupo consolidado. Estamos en alrededor de $12,000 millones, que han llegado a través de un crecimiento orgánico importante y también adquisiciones estratégicas cuando se da el momento.

¿Cuál es su enfoque actual? ¿Cómo calza la adquisición en Guatemala con los planes del grupo?

En Guatemala específicamente, con esta adquisición nos volvemos el número 1 en medios de pago. Estratégicamente se fortalece la red en Centroamérica y el enfoque en la región es pymes, con eso ya tenemos una red financiera para atender a los clientes en cualquier país y en sus operaciones regionales. Con el esquema que tenemos, si usted quiere ir a Guatemala y que le atiendan ahí, el ejecutivo llama y allá le atienden como si estuviera aquí. Eso es una diferencia que no todos los bancos tienen, esa regionalización para nosotros es diferencia, porque no es una regionalización que implica únicamente tener operaciones en cada país, sino que es una red que se habla, que se comunica, que atiende a la gente de forma personalizada. Son cosas que nos van diferenciando de las otras operaciones.

¿Cuál ha sido el crecimiento que han tenido?

En las operaciones regionales ha sido enorme, en crédito hemos tenido, por ejemplo, el ingreso de atención a las personas que fabrican queso. La mayoría de queso que se consume en El Salvador viene de Nicaragua, pero la mayoría de productores son salvadoreños, tienen sus fincas allá y lo traen a El Salvador. Todo ese flujo ha sido tradicionalmente en efectivo y hay que ordenarlo, hay mucho riesgo en el manejo de efectivo y hay que ordenarlo. Si usted deposita en Nicaragua o aquí, inmediatamente tiene el dinero al otro lado para el cliente al que le está pagando. Tenemos una Centroamérica sin fronteras, con todo el cuidado que eso implica, con la documentación necesaria, pero eso es lo que queremos: conocer y hacer fáciles los negocios.

¿Cómo facilita o dificulta este tipo de planes la regulación bancaria regional?

Hay dos industrias en el mundo que son las más reguladas: las líneas aéreas y la bancaria. Uno se puede quejar de las regulaciones, pero hay que vivir con ellas y cumplirlas. Al final son las reglas del juego y nos protegen. Son negocios especializados, uno aprende a moverse en ellos, cuesta entrar porque son negocios con mucha profundidad en cuanto a regulación. Cuando usted las conoce, las entiende y ve el porqué, entonces se cumplen. Desde afuera uno las ve complicadas, pero la cuestión es adecuar todos los sistemas y las tecnologías y hacerlo fácil para ir cumpliendo. Cuando son regulaciones nuevas, hay que adecuar los sistemas y además hacer inversiones, pero después ya se va entendiendo y se hace más fácil. Ese es el secreto de manejar los negocios, no ponerse en contra de la regulación, sino entenderla y manejarla.

¿Cómo se adecúan a los cambios que ha habido recientemente en la regulación para combatir lavado de dinero o activos y otros delitos financieros?

Hay una ola importante sobre ese tema, pero debemos tener conciencia de que detrás de eso hay cosas terribles, hay que ayudar a proteger a la gente, porque si hay lavado y corrupción, es una sociedad que va para atrás. Debemos colaborar para que las cosas sean mejores y como deben ser.

¿Hay armonización en estos cambios para el sector financiero que opera en la región o varían de país a país?

En general, es muy parecida e implica inversiones fuertes en tecnología y entrenamiento. Implica consultorías, revisiones permanentes de los supervisores y de entes externos. Por ejemplo, trabajamos mucho con corresponsales, con otros bancos, y cada vez que uno de estos bancos nos da dinero, viene a hacernos una revisión, una “due dilligence”, hay que estar preparados y listos para todo eso. Nadie le da su dinero a uno si no está primero seguro de que lo va a devolver. Hacen revisiones exhaustivas. Nosotros tenemos dinero de holandeses, de noruegos, de alemanes, mucha gente europea que son bien estrictos en sus revisiones. Sí implica prepararse, hacer inversiones fuertes, la tecnología es básica. Nosotros tenemos agencias, por ejemplo, en Chapeltique, en Morazán; si no tenemos la tecnología, no podemos tener un control, y también se requiere concienciación alrededor del tema de documentación, de identificación, de conocer a la gente. En estos lugares la gente se conoce, cuando llega alguien que es del pueblo, lo conocen, si llega un extraño, llama la atención. Hay que conocer al cliente, hay entrenamientos muy específicos sobre esto.

¿Cuáles cree que son las tendencias que sigue el sector bancario en Centroamérica?

Creo que el sector se está moviendo hacia los productos tecnológicos, la banca móvil, agentes. Se lo podría definir como acercarse más al cliente, ese sería el resumen de la gran tendencia, acercarse más a la gente. Y resulta un poco paradójico porque dicen que la tecnología es impersonal, pero lo que se busca al final es que usted pierda menos tiempo al ir a los bancos a hacer colas.

Los bancos vivimos preocupados por las colas que se hacen en las agencias, la gente piensa que no nos damos cuenta de las quejas que hay porque hay ocho cajas y pocos cajeros atendiendo. Nosotros vivimos preocupados por eso: hacemos que los cajeros coman a las 12:00 p.m. para que estén de vuelta a la hora que llega más gente.

Como Promerica, abrimos hasta tarde y abrimos sábado y domingo. Nuestro banco en línea está disponible las 24 horas, de modo que la tecnología ayude a estar más cerca de la gente siempre. Tenemos los corresponsales financieros, los agentes bancarios, que ya llevamos cerca de 100. Son pequeños establecimientos y básicamente los controlamos todos desde aquí, quien opera es el comerciante, pero lo controlamos vía tecnología. En Guatemala también se está desarrollando el tema de la banca móvil, en todos los países estamos muy en línea. También están las tarjetas sin contacto, yendo hacia las nuevas tecnologías.

¿Qué opina de los movimientos recientes en adquisiciones en la banca regional? Ha ocurrido no solo por parte de capitales suramericanos, sino de grupos centroamericanos.

Eso siempre pasa, vienen olas de adquisiciones. Hace unos años vino HSBC, Citi compró Cuscatlán, 10 años después estamos otra vez en otra ola. Creo que todo mundo siempre anda buscando nuevos negocios, más rentabilidad, mercados emergentes, hacia dónde van los clientes.

En esta industria, uno tiene que entender que los clientes no se quedan quietos, y los bancos debemos ir hacia donde van los clientes. ¿Por qué unos se van y otros se quedan? Nosotros estamos permanentemente creciendo, otros vienen y se van, creo que somos quienes entendemos mejor la región.

La región centroamericana, como la latinoamericana, es complicada, es una región con terremotos, inestabilidad política, conflictos sociales y de repente estos bancos que son más internacionales no entienden eso y prefieren irse. Cuando estaban los bancos internacionales, las aprobaciones de crédito se hacían en lugares como Londres y Nueva York. Nosotros decidimos atender a la gente más rápido, eso hace una gran diferencia.

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