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Historia de un desplazado

En menos de un kilómetro dos grupos delincuenciales disputan cada día su territorio. Ese fue el principal motivo por el que Antonio Cruz de 47 años, docente de matemáticas y padre de tres hijos, una mañana tomó sus cosas y abandonó la casa que había pagado durante 15 años.
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Sin interés  Hay viviendas en estado semidestruido pues han quedado en total abandono de sus propietarios.

Sin interés Hay viviendas en estado semidestruido pues han quedado en total abandono de sus propietarios.

Historia de un desplazado

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El docente de cabello banco y baja estatura, cuenta mientras cruza los brazos, que se mudó con su familia a una comunidad en Ilopango en 2000. La violencia, en ese entonces, no era tan notoria como en estos días, afirma.

Pero un día reunió a su familia, se sentó y habló con ellos. La comunidad donde residía contaba con 20 pasajes, donde 10 le pertenecían a un bando y los restantes a otro, por lo que la violencia en el sector se vivía a diario y ya no era soportable para Antonio y sus hijos.

El sonido de las balas se había hecho común para Cruz. El constante enfrentamiento de ambas pandillas causaba tiroteos continuos y muchos habitantes de la zona resultaban heridos, desaparecidos o, en el pero de los casos, muertos. La comunidad, describe el testigo, solo tenía una entrada. Eso implicaba que algunos de los habitantes debían pasar por ambos sectores para llegar a sus hogares.

Cuando las personas llegaban tarde de su trabajo siempre eran asaltadas, el que vivía al final de la colonia primero era asaltado por un grupo y al llegar al otro era asaltado por el bando contrario. Sin embargo, confiesa que su mayor temor no era pasar por el sector contrario, ni los tiroteos, sino la seguridad de sus hijos. “Yo tengo dos hijas y si un joven me decía que le gustaba, teníamos que dársela. Conociendo la mentalidad de esta gente yo no iba a permitir eso, ya era un momento crítico, por eso dije me voy o me voy”.

Así fue como una mañana contrató un camión de la mudanza. “Cuando yo me fui alguien se acercó para preguntarme que a donde me iba y que le entregara las llaves de la casa, como hacían todos”, asegura el testigo.

Hubo un momento, explica Antonio, en el que muchas familias optaron por retirarse, la mayoría de las viviendas de la zona quedaron solas y eran ocupadas como casas “destroyer”. “Esta colonia de donde yo salí experimentó una migración masiva, el mismo día salieron unas 15 o 12 familias en un solo día y fue así como yo también salí con mi familia”, cuenta Cruz.

El docente, comenta entre risas, que su mamá lo obligó a estudiar psicología, carrera que nunca ha ejercido, porque su pasión era enseñar a jóvenes, pero con el tiempo y la experiencia, esa visión se ha desgastado.


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