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Juan Gabriel y los derechos de propiedad intelectual

Encendí el televisor, de pronto el fragmento de una melodía: “No te miento fui feliz, aunque con muy poco amor”. Seguidamente, una desgarradora noticia: Juan Gabriel, talento de la música, ha muerto. Era el domingo 28 de agosto de 2016.
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Seguramente el cielo, celoso de su genio musical, programó oírlo cantar con Rocío Dúrcal, como aquí, en la tierra, dejándonos inmersos en un mar de tristeza. Su verdadero nombre fue Alberto Aguilera Valadez. Adoptó Juan Gabriel: Juan en homenaje a su maestro Juan Contreras y Gabriel, el nombre de su progenitor.

Este ídolo deja un legado inmenso: 1,800 canciones, 15,000 conciertos, CD vendidos por millones de copias, 1,500 artistas han interpretado sus éxitos. Según cálculos, cada 45 segundos desde el Ártico hasta la Patagonia se escucha una de sus composiciones.

Juan Gabriel, cariñosamente Juanga, al igual que Agustín Lara, The Beatles, Elvis Presley, Pedro Infante, Jorge Negrete y Cantinflas, se volvió ícono de una o varias épocas, imponiendo modas que son patrimonio de una región, un continente o referentes mundiales. Durante 50 años de carrera sentó cátedra como los mejores. ¿Pero qué protección legal tiene todo esto? Constituciones políticas avanzadas, leyes de propiedad intelectual y tratados internacionales, etc. reconocen derechos a los artistas, intérpretes o ejecutantes, músicos, promotores, productores de fonogramas y organismos de radiodifusión. La más conocida es la Convención de Roma de octubre 26 de 1961.

El Convenio de Berna ampara las obras artísticas y protegió a Juan Gabriel sobre sus creaciones talentosas, durante su vida natural y conforme las leyes mexicanas, por 100 años más a partir de su defunción.

El derecho de autor se ha instituido, de acuerdo con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, para “equilibrar los intereses de quienes crean contenido con el interés público de contar con el mayor acceso posible a dicho contenido”, que no es otra cosa que la riqueza cultural de un pueblo.

Las sociedades de gestión colectiva del derecho de autor se constituyen para defender y administrar los derechos de autores, artistas, compositores, intérpretes, representándolos en la recolección de regalías, celebración y tutela de contratos.

En Estados Unidos, México y otros países estos derechos se exigen a través de estas sociedades, como la Asociación Nacional de Autores (ANDA) de México, que Roberto Cantoral, autor de “La barca”, “El reloj” y “El triste”, presidió por años y obtuvo grandes logros. Lo conocí en Los Ángeles, California, en un evento de propiedad intelectual. Me contó anécdotas y cómo defendía a sus pares compositores. ANDA es hoy presidida por el gran talento yucateco Armando Manzanero.

La ley ampara también las marcas y otros signos que estén registrados a nombre de Juan Gabriel. Al igual que Agustín Lara, Consuelo Velásquez y José Alfredo Jiménez, Juanga nos obsequió tesoros musicales de la más variada gama: románticos boleros, baladas, música pop, canciones rancheras, esas que se comprenden mejor con tres tequilas “Don Julio”, nos hacen corear, llorar y brindar, hasta aquellas que nos empujan a bailar su contagioso “Noa Noa”.

Isabel Pantoja, otra grande de España que cantó con Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes de México, reaccionó: “Mi corazón se paralizó junto al tuyo. ¿Por qué no me has esperado?”

Otros exclamaron: “Nadie llenará el vacío que dejas. Gracias por todo lo que nos diste. Serás parte de nosotros siempre”.

Proféticamente, Juan Gabriel afirmó: “Cuando uno se va, lo único que se lleva es lo que dio”. Filántropo y dadivoso, nos regaló su música, lo más cercano a Dios. Es muy temprano para conocer qué pasará con la herencia musical de Juan Gabriel, pero sí estamos seguros de que la eternidad se verá inundada de romanticismo y alegría. Desde acá, lo recordaremos cada momento y nuestros labios, aún inconscientemente, musitarán: “Probablemente ya de mí te has olvidado, y mientras tanto yo te seguiré esperando...”.

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