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La contracción del empleo empeoró la situación de pobreza

FUSADES señaló que el crecimiento del país no es inclusivo porque la pobreza ha incrementado. En lo que va del año se han perdido 5,999 empleos formales, según datos del ISSS.
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En los primeros cuatro meses del año se perdieron 5,999 empleos; de los cuales, más de 4,000 fueron en el sector privado, según revelan los datos de cotizantes del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS). La reducción es un reflejo del poco dinamismo de la economía y de la escaza liquidez del Gobierno, según la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES).

Según los datos del centro de estudios, 60,000 personas ingresan cada año al mercado laboral, esperando conseguir empleo. Pero el año pasado hubo espacio apenas para 11,491 plazas de trabajo, a lo que hay que restarle las que ya se perdieron este año.

Los sectores donde detectaron una mayor pérdida de empleo formal son el de la construcción, seguido por el de comercio y restaurantes y servicios financieros, con reducción en las plazas de trabajo de 1,923, 1,473 y 964, respectivamente.

De acuerdo con Pedro Argumedo, investigador de FUSADES, la contracción del empleo es un reflejo del bajo desempeño de la economía y del adverso clima de negocios, que se pude leer en el indicador de ventas que elabora el centro de estudios y en la caída de las exportaciones.

En el primer trimestre del año, 32.8 % de las empresas dijo haber reducido el ritmo de sus ventas, mientras que solo el 29.1 % lo incrementó. Así, queda un saldo de -9.1, cuando en el cuarto trimestre de 2015 el saldo fue de +19.7 entre empresas que aumentaron sus ventas y las que las disminuyeron.

La contracción del empleo formal impacta directamente en el nivel de vida de las personas. En esa línea, el investigador de FUSADES, Andrés Oliva, explicó que la población que vive en pobreza ha incrementado de 34.8 % en 2013 a 37.2 % en 2014.

El incremento fue entonces de 2.4 %. Oliva explicó que el incremento obedece a la convergencia de dos situaciones: un incremento en los precios de la canasta básica y un aumento del empleo.

El primero de los factores aumentó la pobreza en 3.1 %, y el segundo la redujo en 0.7 %, el saldo de ambos resulta en el incremento de 2.4 % de las personas viviendo bajo la línea de pobreza.

Oliva sostuvo que el empleo redujo la pobreza en 4.5 % entre 2012 y 2013, cuando también los precios de la canasta básica disminuyeron de forma que su variación tuvo un impacto de reducción de la pobreza de 1.4 %.

El estudio de Oliva señala que el ingreso del 30 % de salvadoreños con mayores niveles de pobreza aumentó un 6.5 % en 2012, mientras que en 2014 el mismo grupo de personas solo percibió un aumento de sus ingresos de apenas el 2.3 %.

La mínima mejoría en el ingreso no ocurrió solo en los más pobres, sino que es generalizado.

Los investigadores de FUSADES señalaron que el crecimiento económico que el país ha logrado no es inclusivo, puesto que no ha reducido la pobreza.

De hecho, en el caso de las personas que trabajan en microempresas, más hombres han salido de la pobreza que mujeres.

Las microempresas, que habían contribuido a una disminución de la pobreza del 1.6 % en 2013, solo contribuyeron en 0.7 % en 2014.

De acuerdo con el estudio de FUSADES, el 31.3 % de las personas obtienen sus ingresos por trabajar en microempresas. Esos ingresos son responsables de una reducción de la pobreza del 1.3 % y del 1.4 % en los hombres en 2012 y 2013 respectivamente, mientras que en las mujeres fue de 0.8 % y 1.1 %.

En general, la variación del empleo formal contribuyó a una disminución de la pobreza femenina del 1.2 % en 2013, un año después, más bien agravó la situación, pues aumentó la pobreza en 0.2 %.

Argumedo señala que la contracción del empleo y su efecto en la pobreza es consecuencia del adverso clima de negocios del país.

El investigador señaló que hay que redoblar los esfuerzos para que haya inversión, de forma que haya más empleo y más ingresos en los hogares. En esa línea, opinó que es necesario que el Estado trabaje en generar condiciones de confianza, lo que implica reducir la polarización, la inseguridad jurídica y la vulnerabilidad fiscal.

Explicó el experto que las inversiones han sido mínimas. Los proyectos de energía, por ejemplo, parten de una concesión, así que la seguridad jurídica y económica están protegidas con un contrato.

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