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La roya amenaza al café de Guatemala

La inseguridad es otro de los problemas que deben enfrentar los pequeños productores.
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Pérdidas.  La roya ha afectado a unos 60,000 productores en Guatemala, en su mayoría pequeños.

Pérdidas. La roya ha afectado a unos 60,000 productores en Guatemala, en su mayoría pequeños.

La roya amenaza al café de Guatemala

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El hongo de la roya y la violencia amenazan con empobrecer aún más a las pequeñas comunidades rurales de Guatemala, en donde la mayoría de sus habitantes depende casi en su totalidad del café, uno de los más importantes productos agrícolas de exportación de ese país.

“La gente está de manos atadas porque no tiene recursos para hacer frente a la roya” y, para empeorar la situación, “la inseguridad ha crecido de forma desproporcionada”, dijo a ACAN-Efe José Luis Marroquín, alcalde de Alotenango, un pueblo ubicado en las faldas de los volcanes Fuego, Agua y Acatenango, donde el 80% de la población vive del café.

Desde hace dos años, cuando la roya “revivió” entre las plantaciones de café de los minifundistas de esa comunidad, ubicada a 54 kilómetros al suroeste de la capital guatemalteca, no ha dado tregua a los campesinos que han observado cómo el hongo Hemileia vastatrix impide el crecimiento de sus plantaciones y amenaza con empeorar los niveles de pobreza que padecen desde siempre.

Según datos de la Asociación Nacional del Café (ANACAFE), el 95% de las 3,460 manzanas de terreno que los productores de esa población dedican al café ha sido infectado por la roya, lo que en la cosecha pasada (2011-2012) causó pérdidas sensibles en la economía del lugar.

Aunque de los 1,808 productores reconocidos por ANACAFE en Alotenango 1,008 son considerados como “medianos y grandes”, lo que implica que cuentan con mayores recursos para hacer frente a la plaga que afecta a las plantaciones, los restantes 800 son “pequeños”, que apenas cuentan con pequeñas parcelas para cultivar.

“Las fincas pueden hacer frente a la roya, pero los pequeños (productores) no; ellos son los más afectados”, señala Marroquín, quien con los recursos del ayuntamiento impulsa un programa de asistencia mínima para que los productores “no se desanimen y sigan luchando”.

Víctor Sol, uno de los 800 minifundistas cafetaleros del pueblo, reconoce que parte de la responsabilidad de que los cultivos se hayan contaminado del hongo es de los mismos campesinos, quienes a pesar de conocer el peligro se confiaron y no hicieron “lo correcto para prevenirlo”.

Juan Palencia, uno de los técnicos de ANACAFE que asesoran a los campesinos de ese pintoresco pueblo, dice que $25 por cada manzana de terreno son suficientes para fumigar las plantaciones con fungicidas químicos, lo cual evitaría la contaminación.

Sin embargo, dice Sol, las ganancias son “tan pocas” y la confianza de que la roya no los ataque “tanta” que prefieren destinar los recursos de las cosechas a sobrevivir antes que a prevenir.

Para ajuste de males, señala Marroquín, la inseguridad ha crecido en Alotenango tanto más que la misma roya, hasta el punto de que, debido a ambos factores, “varios productores han empezado a abandonar sus parcelas”.

Grupos delictivos se dedican a robar las cosechas y a extorsionar a los campesinos al exigirles cantidades “imposibles de pagar”.

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