La sequía amenaza los suelos salvadoreños

El territorio nacional tiene una alta degradación en sus recursos, lo que amenaza la agricultura. La FAO y el MAG proponen realizar un mejor ordenamiento de las tierras para restaurar los bosques.
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El Salvador presenta un alto nivel de degradación de sus bosques y de sus cuencas, lo que lo deja especialmente vulnerable al cambio climático; esto repercute directamente en la agricultura. Según el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), más de 10,000 kilómetros cuadrados –de los 21 que posee el país– tiene posibilidades de ser afectados por sequías, mientras que 1,900 kilómetros han sido afectados por inundaciones fuertes o leves.

La estrategia de cuencas que presentó recientemente la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) señala que el 75 % de los suelos del país presentan problemas de erosión y estiman que cada año se pierde un aproximado de 59 millones de toneladas métricas de producción agrícola debido a factores asociados a la degradación ambiental y a los efectos del cambio climático. Las instituciones señalan que parte de la degradación de los suelos se debe al uso incorrecto y al desorden territorial.

“En los últimos años, El Salvador ha percibido que la frecuencia de eventos extremos ha aumentado considerablemente, situación asociada a la variabilidad del clima, cuyos efectos han ocasionando pérdidas por $486.69 millones, en el valor de la producción de granos básicos”, reza la estrategia de cuencas. De hecho, de acuerdo con los anuarios estadísticos del MAG, en la cosecha 2015/2016, hubo un rendimiento bajo del maíz, sobre todo en la zona paracentral. Este cultivo es el más popular en el territorio.

El cambio climático amenaza la agricultura salvadoreña tanto por el incremento de las temperaturas como en el exceso o ausencia de lluvia, así como también en la radiación solar, esto trae “consecuencias en la producción de alimentos, sus consecuencias son pérdida o daños en cosechas, aparición o incremento de plagas e insectos”, dice el documento.

El MAG estima que debido a la irregularidad en las lluvias, en 2015, se perdieron 85,858 hectáreas de maíz, mientras que 2016 fue “un año neutro”, puesto que aunque no hubo escasez de lluvia los niveles se mantuvieron bajos.

En otros granos básicos, en 2016 se perdieron 862,500 quintales de maicillo por causa de la plaga del pulgón amarillo. En frijol la pérdida fue de 480,000 quintales por lluvias fuera de temporada, según la Cámara de Pequeños Agricultores (CAMPO).

Tierra seca, agua escaza

Centroamérica tiene un área conocida como el “corredor seco”, que es particularmente vulnerable a la falta de agua.

En El Salvador son 25 municipios con un grado “severo” de riesgo, lo que representa 4 % del corredor, sin embargo hay 104 municipios que son afectados por canículas, la mayoría de ellos en la zona oriental del país y en sectores de Santa Ana y Ahuachapán.

La FAO y el MAG mencionan que el 62 % de los municipios salvadoreños “pueden aparecer en la franja de sequía alta y el 33.7 % tiene sequía baja”.

En cuanto a la oferta de agua en relación con la demanda, el documento revela que el país tiene un déficit, “debido a la pérdida y capacidad del proceso de regulación e infiltración del agua, el deterioro de la calidad y la creciente variabilidad climática”.

En esa línea, hay más factores que agravan el problema, como “el crecimiento poblacional, industrial, urbanístico y la consecuente impermeabilización del suelo (...) esto también incrementa los deslizamientos y el aumento de sedimentos en los cauces de los ríos disminuyendo su capacidad hidráulica”.

Como respuesta a estos problemas, la FAO y el MAG plantean promover técnicas de agricultura resilientes al cambio climático. En otro documento, la estrategia forestal, también presentado por ambas instituciones, se incluyen más acciones, sobre todo para aumentar la cobertura boscosa del país. En el plan de acción se incluyen cuestiones como ordenar el uso de los suelos y promover la agroforestería.
 

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