Luz del Señor

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<p>Entre los beneficios que Dios nos dejó a causa del sufrimiento y muerte de Nuestro Señor Jesucristo es tener un renacer en Él con una nueva razón para vivir con un “propósito nuevo”.</p><p></p><p> “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que améis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habías alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. (1.ª de Pedro 2:9) Con estas palabras, Dios describe lo que para él somos, no hay cosa más bella, nos aparta del mundo para que pertenezcamos por completo a Él y proclamemos el evangelio de salvación para su gloria y alabanza.</p><p></p><p>En el Antiguo Testamento el sacerdocio estaba restringido a una minoría selecta de personas. Su actividad consistía en ofrecer sacrificio a Dios a favor de su pueblo. Ahora por medio de Jesucristo, todo creyente ha sido constituido sacerdote al servicio de Dios y eso nos hace tener acceso directo a Él por medio de Cristo. Esto nos obliga a llevar una vida santa, debiendo ofrecer sacrificios espirituales a Dios que incluyan: vivir en obediencia a Dios y no adaptarse al mundo; orar y alabar a Dios; servir de todo corazón y con la mente bien dispuesta; hacer buenas obras; dar de las posesiones materiales; ofrecer el cuerpo a Dios como instrumento de justicia, orar e interceder los unos por los otros y por todas las personas, predicar la palabra a todas las personas y orar por su éxito.</p><p></p><p>Los discípulos estaban convencidos de que la mayor necesidad de toda persona era el salvarse del pecado y de la ira de Dios, y predicaron que podía suplirse esa necesidad solo por medio de Jesucristo. Eso revela la naturaleza exclusiva del evangelio y la enorme responsabilidad de la iglesia de predicar el evangelio a toda persona. Si hubiera otros medios de salvación, la iglesia podía estar tranquila, pero Cristo mismo aseguró que no hay esperanza de salvación para nadie aparte de la salvación por medio de Él.</p><p></p><p>Gálatas 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”</p><p></p><p>Pablo describe su relación con Cristo en términos de un profundo afecto por su Señor y dependencia de Él. Los que tienen fe en Cristo viven en íntima unión con Él, tanto en la muerte como en la resurrección de su Señor. Todos los creyentes hemos sido crucificados con Cristo en la cruz. Estamos muertos a la ley como medio de salvación y ahora vivimos por medio de Cristo para Dios. Debido a la salvación en Cristo, el pecado ya no nos domina. Los que hemos sido crucificados con Cristo ahora vivimos con Él en su vida resucitada. Cristo y su fortaleza residen en los creyentes, convirtiéndose en la fuente de toda la vida y el centro de todos sus pensamientos, palabras y acciones. Es por medio del Espíritu Santo que la vida resucitada de Cristo se le imparte al creyente de continuo. El creyente participa en la muerta y en la resurrección de Cristo mediante la fe, es decir, la confianza, el amor, la devoción y la fidelidad al Hijo de Dios, que amó a la humanidad y se dio a sí mismo por ella. La vida por la fe se puede considerar como la vida por el Espíritu.</p><p></p><p>Gálatas. 2:14 “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. La Cruz de Cristo, que representa la horrible muerte que el Salvador sufrió por la eterna salvación del mundo, ahora es la barrera por la cual el mundo está separado de los creyentes y ellos del mundo. “El mundo representa todo lo que se opone a Dios, a su reino y a su justicia. Los que se convierten a la Cruz en su vida y su orgullo ya no aman al mundo ni se cumple en sus normas, valores, oposiciones, honores y costumbres. Estar crucificados con Cristo incluye la crucifixión al mundo. No se puede participar en la salvación y la gloria de la cruz de Cristo sin apartarse de todos los placeres terrenales que separan el corazón de la presencia de Cristo.</p><p>[email protected]</p><p></p>

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