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Medellín vive en el año 3017

El Salvador, con todos los problemas sociales y económicos que enfrenta actualmente puede ser grande. Por eso, sigo invirtiendo y le seguiré apostando a El Salvador, porque sé que podemos estar mejor económicamente. Y hace unos días, reafirmé lo que siempre he creído: la innovación es la clave para el desarrollo económico de los países.
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Medellín vive en el año 3017

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Recientemente visité Medellín en un viaje de estudio patrocinado por USAID. Fue una experiencia sin igual. Nos juntamos la empresa privada, la academia, gremiales y el Gobierno. Pudimos conocer de primera mano la evolución de Medellín, una de las ciudades más innovadoras del mundo.

Algo que me pareció fascinante fue darme cuenta de dónde partía la historia de esta ciudad: de ser la más peligrosa del mundo, con mucha pobreza, problemas de narcotráfico y terrorismo. Y es increíble el giro que ha dado. ¿Qué pasó para que esto fuera posible? Se pusieron de acuerdo los actores de la sociedad: Gobierno, empresa privada, sociedad civil y academia y decidieron apostarle a la innovación y al emprendimiento.

La realidad de la que partía Medellín no es muy lejana a la que estamos viviendo ahora en nuestro país; y si este cambio pudo ser posible en otro país de Latinoamérica, también puede pasar en El Salvador.

Pero para que suceda, tenemos que partir de algo: de un diálogo sincero y, como nos lo dijeron ahí, de “abrir el corazón”. Es decir, dejar de lado los egos y los intereses político partidarios. Y entonces comenzar a avanzar paso a paso.

El paso número uno que dio Medellín, nos contaron, fue devolverles la dignidad a sus ciudadanos por medio de la inclusión urbana. Un ejemplo claro fue la manera en la que resolvieron la problemática de los habitantes de algunas comunas de Medellín que tardaban horas subiendo gradas para llegar a sus casas. Así que construyeron escaleras eléctricas. Con esto lograron accesibilidad y conectividad.

f ¿Qué podemos retomar de este ejemplo?

Que invertir en las comunidades transforma. Que innovar hace una gran diferencia. Con acciones así, los habitantes (así sean pandilleros) se sienten tomados en cuenta, se sienten valorados. Por lo tanto, poco a poco se van integrando al tejido productivo de su ciudad.

Otro paso fue cambiar de estrategia. Históricamente, en Medellín se atacaba los síntomas y no el origen. La delincuencia y la falta de empleo eran síntomas. Pero el problema principal que tenía (y creo que lo compartimos) era la falta de oportunidades. Estas las tenemos que crear nosotros mismos, emprendiendo, creando empresas que salgan de lo común, con ideas nuevas.

Medellín cuenta con todo un ecosistema de emprendimiento: incubadoras, aceleradoras, capital de riesgo, ángeles inversionistas, etc. Entonces, hay una cultura de apoyo al emprendedor por parte de la academia, sociedad civil, Gobierno y empresas.

En mi visita a Medellín, pude comprobar la importancia de darles ciencia e innovación a las personas para aplicarlas en problemas del día a día. Algunos de los proyectos innovadores en Medellín son las bicicletas que generan electricidad, la flor que capta agua lluvia y la potabiliza y las máquinas de reciclaje que reciben botellas de plástico y dan a cambio recargas de celular.

El Gobierno tiene que ser un facilitador y debe apoyar a la empresa privada en la creación de oportunidades. A la vez, debería cubrir las necesidades básicas de los ciudadanos, como educación, salud y seguridad. Lo demás irá cambiando como resultado de atacar el origen de los problemas. Pero todo esto será posible si se genera confianza entre todos los actores, gobierno, sociedad civil, empresa privada y academia.
 

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