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“Nos están llevando al Socialismo del Siglo XXI”

Que el gabinete actual haya asumido los documentos del Congreso del FMLN revela que gobierno y partido tienen los mismos objetivos.
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Lo quiere dejar claro: El Salvador va por un mal rumbo, teniendo el Socialismo del Siglo XXI como mapa, un destino que ya fracasó en otros lugares. Así lo dice Miguel Ángel Simán, el presidente de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES). Prueba de ello, asegura, es que solo hay empleos para 7,000 de los 60,000 jóvenes que ingresan a la fuerza laboral, el aumento del sector informal del 52 % al 72% de la economía y con un crecimiento por debajo de la mitad de lo que están creciendo otros países de la región.

El gobierno podría decir que son los privados los que han dejado de invertir. ¿Qué pueden decir los privados?

No puedo hablar por el sector privado, somos un centro de pensamiento. Pero FUSADES ha demostrado que hay dos fuentes que están afectando esa inversión. En primer lugar, la falta de certidumbre jurídica, de falta de respeto al Estado de derecho. Está generando nerviosismo entre inversionistas nacionales y extranjeros, que no se ven motivados a invertir y generar esas nuevas oportunidades de empleos que se necesitan. Por otro lado, también hay una realidad. Hay un nivel de intervención del Estado en la economía que está obstaculizando al sector privado para hacer las inversiones que se necesitan en sectores críticos, como la construcción, que demanda mano de obra y que sufre las complicaciones de los procesos para obtener permisos. Menos se fomenta la inversión si se nos está queriendo arrastrar a un modelo que, se ha demostrado, ha fracasado, pues no ofrece respuestas a los problemas que tenemos los salvadoreños.

Las brújulas del gobierno, Venezuela y Cuba, ambas están cambiando. Sin embargo, el Congreso del FMLN no lo hace. Incluso, se sitúa en el pasado, con un discurso cerrado.

Efectivamente. Por eso hacía referencia a ese mapa, que es el marco de referencia, o la brújula, como tú dices, que está desorientando al país. Es una brújula que claramente expresa cuáles son las intenciones, los objetivos que el partido de gobierno quiere alcanzar, y que están en línea con el modelo del Socialismo del siglo XXI. En FUSADES hemos tomado en serio esos documentos (del Congreso del FMLN) y los hemos analizado. A algunos no los sorprende. Pero hay aspectos que hacen la diferencia, por lo cual estamos preocupados. En primer lugar, dejan clara la intención de tomar el control total del poder del Estado, lo cual va en contra de las aspiraciones democráticas de los salvadoreños, va en contra de Constitución del país, que busca consolidarse como una democracia, una república, con respeto al Estado de derecho, con independencia de poderes, para evitar que se cometan esos abusos del poder. Pero los documentos dicen que el mapa apunta a la toma total del poder.

¿Es eso peligroso?

Es delicado, no solo porque son las altas autoridades del partido las que están validando ese mapa de ruta, sino que también son los altos funcionarios del gobierno. En ese congreso participaron el presidente de la República, el vicepresidente, el secretario técnico y otros altos miembros del Gabinete de Gobierno. Y también estuvo ratificando esos documentos la presidenta de la Asamblea Legislativa. Entonces, no es un documento del partido, sino que es un mapa de ruta del partido y del gobierno. Estos documentos presentan un marco de referencia, es un mapa estratégico, pero también es un plan de acciones específicas, que incluyen la neutralización de opiniones disidentes. Es un plan que incluye la descalificación de personas e instituciones. Es un plan que claramente establece lineamientos para arrastrarnos a la fuerza a ese modelo del Socialismo del Siglo XXI, un modelo fracasado. Si bien es un marco de referencia, lo interesante es que aquellas acciones que se consideraban aisladas, lo que los documentos nos dicen es que tenían un hilo conductor y que son parte de un esfuerzo y un propósito.

A diferencia de Venezuela o Cuba, tenemos partidos políticos fuertes, con tradición y que pueden hacer contrapeso. ¿Qué le hace falta a la oposición para evitar que un solo partido asuma el control total?

El Salvador tiene el activo de contar con partidos tradicionales y fuertes, contrario a otros países donde hay una gran cantidad de partidos que fragmentan las posibilidades de darle estabilidad al Estado, al país. Ese activo debemos aprovecharlo los salvadoreños. Sin embargo, hay que reconocer que el país viene en un proceso de maduración. Hay una responsabilidad de todos los partidos para transformarse y ponerse al nivel de lo que la coyuntura y la democracia demanda de ellos. Ese activo está en riesgo en la medida que los partidos no se transforman, no abren las puertas a nuevas generaciones y en la medida que no se comprometen con este espíritu democrático que los salvadoreños ambicionamos. Nos dio tristeza ver en los documentos del partido de gobierno que esa apertura no se está dando, contrario a lo que vemos en otros partidos, donde están pasando por momentos difíciles que conllevan al proceso de maduración y transformación, pero que se están abriendo las puertas a las nuevas caras, en general. Eso es positivo. Algunos quisiéramos que fuera más rápido, pero se están dando. No pasa así en el seno del FMLN. Al contrario, probablemente lo que estamos viendo es una mayor radicalización. Para tomar el control total del poder del Estado implica el control de las estructuras y, por lo tanto, la restricción de la libertad de opinar.

Una oposición débil, sin toda la contundencia, obligó que instituciones de la sociedad, como la ANEP, adoptaran posiciones más propias de la oposición política. ¿No cree que también ARENA, como oposición, debe fortalecerse para enfrentarse al partido de gobierno?

En el debate debe haber, al menos, uno más. Tenemos que asegurar que los partidos de oposición tengan esa capacidad de debatir con profesionalismo las diferentes temáticas que el país afronta. Eso requiere de una apertura y una transformación interna de estos partidos. Allá afuera hay fuentes de información y opinión que pueden aportar insumos a ese debate, debate que tienen que llevar en el seno de las diferentes comisiones legislativas. Tienen que hacerse sentir y asumir el liderazgo que la población les otorgó a través del voto, asumirlo con humildad y valentía que se merece.

El gobierno amenazó a las empresas telefónicas con quitarles las concesiones. Un magistrados de la Sala de lo Constitucional se expresó diciendo que es un chantaje.

La confrontación que tuvo el gobierno anterior con diferentes sectores del país, la confrontación en el caso CEL-ENEL, estas amenazas contra las empresas telefónicas, el acoso fiscal contra el sector privado y otras acusaciones que se han hecho a instituciones y personas, a las que se ha acusado de desestabilizadores y golpistas, todos son mensajes nefastos. Llegan a los oídos de la inversión extranjera. Son causa de esa falta de certidumbre jurídica, falta de Estado de derecho que inhibe la inversión, necesaria para el crecimiento económico que genere empleos y recursos fiscales que el gobierno necesita para enfrentar programas sociales.

Aun así, la empresa privada no rechaza al gobierno. Recientemente, el vicepresidente acompañó la construcción de un nuevo hotel, ANDA recaudó $25 millones en una titularización... El empresario ha mostrado interés en seguir en el país, pero estos obstáculos podrían arruinar esta buena disposición.

Desde FUSADES vemos un sector privado comprometido y dispuesto a seguir invirtiendo. El problema es que enfrentan incertidumbre jurídica. Pero también la burocracia, en la medida que hay mayor intervención del Estado en la economía. Los procesos burocráticos detienen la inversión en sectores claves, como el sector construcción. También se afecta la productividad en la medida que no se cuenta con aduanas ágiles. Hay procesos engorrosos para cumplir con las demandas de las nuevas regulaciones. La misma cantidad de impuestos le restan productividad al país y restan la oportunidad de generar mayor inversión. La inversión extranjera se va a otros países con mejores condiciones. Todos estos son factores que afectan a la inversión del país. Como FUSADES hemos expresado que este no es el camino. Vamos a seguir por mal camino en la medida que el mapa esté equivocado, mientras se quiera llevar al país hacia un modelo que ha demostrado que ha fracasado. Los ejemplos de Venezuela y Argentina demuestran que ese no es el modelo para El Salvador. Y, además, aunque se llame Socialismo del Siglo XXI o como le dijo Medardo González ‘de pupusas con loroco’ o como le querrás llamar, al final va en contra de los salvadoreños. Hay que recordar cuáles son las características de los salvadoreños: trabajadores, emprendedores, amantes de la democracia, amantes de la libertad, ambicionamos una democracia en donde se respeten nuestros derechos y donde se respete la libertad de expresión. Queremos un país de oportunidades donde nos podamos realizar con libertad. Todos esos valores que nos hacen ser salvadoreños van en contraposición de lo que es el modelo del Socialismo del Siglo XXI al cual nos están llevando en este mapa de ruta que se refleja en los documentos validados y ratificados por el gobierno mismo.

El gobierno ha importado modelos extranjeros, como la figura de las asambleas ciudadanas, que están inspiradas en Bolivia, Ecuador y Nicaragua. ¿Lo ve desde el punto de participación ciudadana o cree que esto puede desnaturalizarse?

Estamos viendo ese tema con mucha cautela. Uno siempre busca dar el beneficio de la duda y pensar que estas asambleas buscan consensos a nivel local, oriental inversión local. No obstante, nos preocupa que ya a nivel local ya hay diferentes actores, que participan y toman decisiones. Nos inquieta saber cómo estas asambleas van a funcionar en los territorios. ¿Van a respetar la autoridad local? ¿Van a respetar a las comunidades que ya se han organizado? ¿O lo único que buscan es manipulación política? Son inquietudes que tenemos. Inquietudes que nacen de la realidad que estamos viviendo en la medida que a nivel nacional también se han dado manipulaciones similares. A veces nos sentimos frustrados que estos espacios de diálogo muchas veces se han desaprovechado y pareciera que se han utilizado para legitimar medidas que jamás fueron discutidas en el seno de estos foros.

¿Por ejemplo?

Para ilustrar, la contribución especial-impuesto a la telefonía. Fue justificado por el gobierno con la idea de que servirá para hacer frente a programas de seguridad. Pero no refleja la discusión o los planes que se definieron en el Consejo de Seguridad Pública. Dentro de ese consejo hay una mesa que tiene que ver con aspectos financieros para fondeo de esos planes. Y en esa mesa jamás fueron discutidos estos impuestos o contribuciones especiales. Ha sido frustrante ser parte de un espacio de diálogo y enfrentar un doble discurso, que se plantea en el diálogo, pero otro que se implementa afuera y que no tiene que ver con lo que se discute en los foros. Quiero dejar claro: nosotros en FUSADES estamos dispuestos a seguir colaborando. Hemos aportado en todos los espacios a los que nos han invitado, pese a que se nos ha descalificado e intentado desprestigiar, pese a que se nos ha acusado de golpistas y desestabilizadores. Pero ahí estamos, porque estamos comprometidos con el país. Estamos convencidos de que hay que aportar. Lo estamos haciendo. En el Consejo Económico y Social –que ahora no sabemos qué ha pasado con él, pues pareciera que se ha desvanecido–, en el Consejo Nacional de Seguridad Pública, en el Consejo Educativo, en el Consejo del Triángulo con el programa de gobierno de Estados Unidos, en el Consejo Medioambiental. En fin, estamos llenando los espacios en los que nos invitan a aportar. Pero, en la medida que vemos un doble discurso, nos vemos obligados a revisar nuestra participación en estos espacios.

Al abandonar los espacios, el daño es mayor. El mismo FMLN lo comprendió cuando abandonó la junta directiva de la Asamblea Legislativa. Se dieron cuenta de que tenían que estar ahí para estar en la jugada y formar parte de las decisiones. Lo mismo le podría pasar a FUSADES: si no está ahí, no se entera.

Y por eso estamos ahí y haciendo presión. Pero hemos llegado a un punto que es imperativo dar un cambio. Es imperativo que del diálogo de entretenimiento que hemos participado se dé un paso hacia un diálogo efectivo que, realmente, permita el debate y los acuerdos para que luego se traduzca en medidas efectivas que afronten los problemas que estamos viviendo. Los salvadoreños lo están demandando. Así que cuando digo que es importante revisar nuestra participación, no necesariamente es levantarse, pese a que es una consideración que siempre vamos a tener en cuenta, pero sí revisar cómo podemos hacer el diálogo más efectivo. Seguir como estamos no nos está llevando a ningún lugar. Es más, pareciera que estamos legitimando este mapa de ruta equivocado por el medio del cual están arrastrando al país y que no es congruente con las aspiraciones de los salvadoreños.

¿No cree que este problema esté relacionado más con el tipo de interlocutores o realmente es parte de una estrategia de legitimación?

Después de analizar los documentos que fueron ratificados por el partido y por el gobierno de El Salvador, cualquier interpretación se vale. Esto es lo triste de esto. Cuando ves la estrategia manifiesta en esos documentos, ves el plan de acción y los términos que se ocupan, dan cabida a esta teoría de que todo este accionar, todo este entretenimiento que se da en los foros y espacios de diálogo pueden ser parte de esta estrategia de mantenernos distraídos mientras el país está siendo arrastrado hacia un modelo que lleva al fracaso.

Representantes diplomáticos de Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, también han mostrado su preocupación. Es decir, el gobierno no puede decir que es una percepción de FUSADES.

Lo interesante es que muchos de ellos no solo son embajadores o agencias de cooperación, universidades o centros de pensamiento –como es el caso de FUSADES–, sino que también se han sumado otras multilaterales. Todos nosotros, con la mejor voluntad y dando el mejor beneficio de la duda hemos buscado siempre, en los espacios que hemos tenido, colaborar. No obstante, hay un cansancio de todas estas instituciones que estamos viendo que el país va por mal camino y esa ansiedad está generando que algunos estén expresando, con mayor fuerza y criticando con mayor objetividad, para demandar los cambios que se necesitan. No olvidemos que los embajadores de otros países en El Salvador han tenido una continuidad y han conocido el proceso que el país ha venido atravesando. Han tenido el beneficio de que, con perspectiva externa, ver lo que está pasando internamente. No hay que descalificarlos. Al contrario, hay que aprovechar sus opiniones y perspectivas porque no solo han sido aliados importantes en el desarrollo del país, sino que potencialmente son aliados para resolver problemas que nos han venido agobiando. Así que, más que callarlos, lo que tenemos que hacer es aprovecharlos.

El gobierno ha tenido muchos insumos: un puerto terminado en La Unión y no se ha puesto en marcha, igual bajos precios del petróleo y no vimos una estrategia para aprovecharla. ¿Cómo ve que teniendo apoyo de empresarios y tanques de pensamiento no los aprovecha?

Mirá, yo creo que lo que está sucediendo es que la parte ideológica-dogmática del modelo, en este caso el Socialismo del Siglo XXI, te restringe las posibilidades. Mientras el modelo siga consistiendo en el cual el Estado es el mayor interventor y mayor operador, lo que hacés es limitar los espacios a la inversión privada, nacional o internacional. Por lo tanto, se asume que el Estado podrá hacerle frente a todas las necesidades. Y eso no es cierto. Somos un país con recursos limitados. Nuestro mayor recurso es el talento humano, que no se está aprovechando en la medida que no se dan las condiciones para fomentar la inversión. Si el Estado pretende ser el único actor y controlar estratégicamente esta infraestructura y oportunidades de inversión, lógicamente vamos a seguir estancados.

Se aprobó, por ejemplo, una Ley de Asocios Público-Privados, pero no hemos visto hacerse ningún proyecto a gran escala. CEPA, por ejemplo, sigue diciendo que ya están dadas las condiciones para que el aeropuerto se modernice, pero eso lo escuchamos desde hace 10 o 15 años...

Imagínate que el Asocio para el Crecimiento se constituye para cinco años. Está a punto de finalizar y todavía no hay ningún proyecto, ninguna inversión que de alguna manera evidencie que hay un asocio público-privado. Imagínate cómo estamos quedando. No solo con los que participan de buena voluntad en ese asocio, sino cómo quedamos con la cooperación internacional y con países como Estados Unidos que le han apostado a El Salvador y ofrecieron recursos. Ahí están y no los estamos aprovechando. Es una tristeza cómo dejamos escapar oportunidades que le pueden abrir camino a un El Salvador próspero y un El Salvador con oportunidades para las nuevas generaciones.

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