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“Tenía un año de vivir de la costura, así me especialicé”

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“Tenía un año de vivir de la costura, así me especialicé”

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Melba Emperatriz Zelaya recuerda los días “en los que se ganaba”. Más allá de hechos que han trascendido en la coyuntura de los mercados, considera a 2004 como el año de quiebre, cuando perdió su taller y tuvo que dejar ir a sus seis empleados. Desde entonces, está intentando reconstruir su negocio.

A sus 49 años, Melba se dedica a la venta de cojines y forros para baños y muebles de sala, productos que ella misma cose y diseña; cuenta con la ayuda de una empleada. Hace una semana, la microempresaria participó en una feria de microempresas, con la esperanza de cautivar a algún comprador interesado en revender lo que ella hace.Hace unos años, tenía un taller con seis empleados y vendía forros para baño a varios puestos del mercado Central. Recuerda que ella innovó con ese producto, puesto que fue la primera que comenzó a surtir los puestos de ese espacio comercial, una receta que le permitió no solo salir adelante, sino que montar una cadena de negocios en la que llegó a ser proveedora de una de las principales ferreterías del país que también vende artículos para el hogar.

No obstante, lo que empujó a Melba Emperatriz a emprender fue un incendio en su lugar de trabajo: era una empresa textil, “nos dijeron: el que quiera quedarse puede hacerlo pero ganando la mitad, y así no alcanzaba para los gastos, era un despido indirecto porque nadie se quedó”.

De hecho, el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) de 2014-2015 reveló que en El Salvador, un 54 % de los negocios establecidos tiene como motivación la necesidad; mientras que en las personas que realizan nuevos negocios “el 31 % indica que emprendió pues carecía de otra oportunidad laboral. Estas cifras difieren del promedio latinoamericano, donde el 26 % son emprendedores por necesidad”. Melba Emperatriz es un ejemplo: “Y sin trabajo yo cómo hacía, además que soy madre soltera”.

Así comenzó la empresa de costura, “tengo 30 años de coser”, explicó. Mientras que la costurera logró encontrar un producto que explotar, crecer fue mucho más difícil. “Yo veía cuando salía alguna máquina (de coser) en oferta, la compraba con lo que iba guardando (...), así pude sacar a mis hijos adelante y hasta logré comprar un carrito, que me sirvió para ir a dejar a los mercados (los productos)”.

La crisis, como ella recuerda, llegó en 2004. Consideró que la economía del país ya no iba bien, y su producto, “como es algo que no es de consumo, sino que para decorar, empezó a bajar”. Al final, empezó a vender en ferias: “La última Consuma en la que participé, agarré tres puestos y en todos fue pérdida total, no se sacaron costos”.

Luego perdió el taller: “Antes éramos seis, pasamos así durante 10 años casi, primero sola y logré escalar y escalar, eramos seis cosiendo, yo me dedicaba a coser y a vender”.

Con la esperanza de recuperar su negocio, Melba ha seguido adelante; sin embargo, esto no ha sido fácil. De hecho, el 10.8 % de los adultos entre 18 y 64 años cerró un negocio en 2014, la mayoría de ellos (9.4 %) de manera definitiva. La tasa de abandono en El Salvador es anormalmente elevada y sugiere problemas para la sostenibilidad de los negocios", dice el informe del GEM.

De acuerdo con la investigación, “la falta de financiamiento, la violencia y criminalidad, y las debilidades del sistema educativo en formar actitudes y capacidades para el emprendimiento” son, según los expertos consultados en la encuesta, los obstáculos para los pequeños.

Melba evidenció uno de esos problemas el año pasado, cuando le robaron su carro, lo que le ha dificultado más la entrega de mercancía. La inseguridad le afecta aún más, puesto dice que no puede tener un local, por temor a ser víctima de extorsiones. “La única solución es tener un local de estos (en el interior de un centro comercial), pero eso es muy caro”.

Aunque la dificultad más grande que encuentra es el costo de los suministros: “La competitividad en los precios de las telas, eso es lo que no nos hace crecer”.

La decoradora tiene ahora dos apuestas: primero, encontrar alguien que le compre al por mayor. “A mí me encantaría hacer estos dos productos, porque yo me he especializado en eso y conozco mucho, me gustaría hacer eso y poder venderlo”. Segundo, diseños de forros de sala que ahora expone a través de Facebook, dice que el perfil que creó en esa red tiene más 4,000 contactos.

“En Facebook me anuncio, siempre hay alguien que quiere la costura, es así que capto la costura”, manifestó. Explica que en un principio le costó utilizar la red social, pero poco a poco fue probando y ahora la utiliza para que sus clientes la contacten; estos también le escriben por WhatsApp.

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