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Tensión por cambio de semillas

Hasta la entrada de EUA, el sistema abarcaba más de 1.5 millones de muestras.
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Estados Unidos ha sido el último país en adherirse a un tratado internacional que ha servido para facilitar el acceso a semillas básicas para la alimentación, pero no para que la industria comparta los beneficios de su uso con los agricultores.

La incorporación de Washington se esperaba tras una larga tramitación que comenzó en 2002 con la firma del entonces presidente George W. Bush y, según fuentes oficiales consultadas por Efe, no se prevé un cambio de postura en la nueva era de Donald Trump.

El Gobierno ya se ha mostrado a favor de un acuerdo que “beneficiará mutuamente la agricultura estadounidense y la comunidad agrícola global”, y que supone la puerta de entrada a un sistema de intercambio de semillas al que también pasan parte de las colecciones públicas de EUA, con más de 500,000 muestras de plantas en total. Hasta el momento 142 estados y la Unión Europea se han sumado al comúnmente denominado como “tratado de las semillas”, que desde su entrada en vigor en 2004 reconoce la contribución de los agricultores a la diversidad de los cultivos.

Bolivia, Chile y Argentina son algunos de los nuevos miembros que, como otros, han debido completar procesos complejos, desde consultas a comunidades hasta reformas legislativas para clarificar responsabilidades o lograr el encaje con otras normas internacionales, explica Francisco López, experto de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura.

El tratado establece un sistema mundial para que agricultores, mejoradores de plantas y científicos puedan acceder a los materiales de 64 cultivos esenciales para la alimentación y la agricultura, promoviendo la conservación y el uso sostenible de los recursos tras la pérdida en un siglo del 75 % de la biodiversidad agrícola.

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