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"Transferimos toda la responsabilidad al productor"

Muchos productores en Centroamérica ya aplican un modelo de adaptación al cambio climático; el reto es que esto sea una norma y no la excepción.
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Centroamérica es una de las regiones más vulnerables al cambio climático. La agricultura, aunque ha perdido peso en El Salvador, sigue siendo la fuente de ingreso de miles de hogares que, ante la crisis, se ven en la necesidad de migrar. En la región se han ido desarrollando una serie de experiencias de adaptación. Sin embargo, como lo señala Horacio Rodríguez, coordinador general del proyecto Centroamérica Resiliente (ResCA) de The Nature Conservancy (TNC), el reto es hacer que esas buenas prácticas sean la norma y no la excepción, lo que requiere de trabajo tanto en la producción como en el mercado.

¿Cuáles son los desafíos más urgentes para el agro en la región?

Centroamérica, por su posición geográfica, pero además también por sus características socioeconómicas, es una de las regiones más vulnerables al cambio climático. De hecho, en la lista de países más afectados Honduras está en segundo lugar a nivel mundial, Nicaragua está en la posición ocho. Esto tiene que ver con huracanes y tormentas, pero también cada vez más las sequías.

Si bien hay muchas experiencias e iniciativas en Centroamérica de ONG y de los Gobiernos en buenas prácticas agropecuarias, el reto es escalarlas. Son pilotos, uno por aquí, otro por allá, entonces cómo hacemos para que en lugar de que sean la excepción sean la regla.

Estamos trabajando tanto con los productores y con la industria para desarrollar nuevos mercados, porque si la sostenibilidad no es negocio para un productor, es muy difícil que adopte esas conexiones y, por otro lado, trabajamos con los Gobiernos para que las políticas públicas estén alienadas a favorecer este tipo de prácticas.

¿Qué se necesita para que esas prácticas sean la norma, conocimiento o inversión?

Yo creo que es una combinación, no hay un solo factor. Uno tiene que ver con el conocimiento, pero, sobre todo, tomar en cuenta los conocimientos de los productores.

Ellos son los que viven en su parcela y la conocen muy bien, pero sus conocimientos y prácticas no están sistematizadas. Cómo aprendemos de ellos y combinamos sus conocimientos ancestrales con la investigación y con la ciencia y no llegar como un agrónomo, como un experto, en "yo te voy a decir a ti, productor, lo que hay que hacer", sino que hay que dialogar, "qué sabes tú, qué sé yo".

El otro tema es que se requiera una inversión. Cambiar a buenas prácticas a veces requiere de inversiones iniciales altas tanto en tecnología como en capacitación y necesitamos que alguien financie esto. Ahí es donde entra la parte pública, con subsidios, pero también la parte financiera con los bancos: cómo los bancos pueden hacer créditos más accesibles para los productores.

¿Existen experiencias de créditos de la banca pese al alto riesgo que puede suponer la agricultura?

Sí, en México hay una experiencia muy interesante a través de FIRA, el Fideicomiso Instituido en Relación a la Agricultura. Es una banca de segundo piso que dan plata a los bancos de primer piso para que ellos den los créditos. Trabajamos con ellos un sistema de garantías tecnológicas, porque sabemos que las buenas prácticas tienen mejores rendimientos y menores costos de producción en el largo plazo. Lo que hicimos fue diseñar un programa de acompañamiento técnico.

¿Hay experiencias en México de combinación de tecnología con conocimientos ancestrales, por ejemplo, para las semillas?

Sí, TNC promovió en la península de Yucatán el rescate de semillas nativas que utilizaban los mayas con las comunidades mayas que existen todavía allá y lo que hicimos fue crear bancos comunitarios de semillas. Es muy interesante que a veces las variedades nativas están mucho más adaptadas al cambio climático que las externas.

¿Cuál es el reto, ya desde el punto de vista del mercado, para la escalabilidad de las prácticas sostenibles?

A veces como consumidores urbanos transferimos toda la responsabilidad al productor: "El productor es el que tiene que cambiar sus prácticas y es el que tiene que ser amigable con el medio ambiente". Pero nosotros no reconocemos el esfuerzo que eso implica, vamos al supermercado, al mercado o aun a restaurante y no nos interesa, no valoramos el esfuerzo para tener los alimentos en nuestra mesa y, sobre todo, no valoramos el esfuerzo para que sean más sostenibles.

Algunos productores buscan certificaciones o sellos y vender así a mejor precio, pero ¿existe un realmente un mercado?

Las certificaciones (son) una vía, pero no es la única. Sí hay mercados internacionales que demandan certificaciones, pero estas son muy caras porque hay pocas empresas que hacen certificación. Hay un sello, por ejemplo, que se llama Cosecha Azul, que no es una certificación, pero muchos compradores la reconocen. Sí, la certificación es una vía, pero se puede hacer sin certificación.

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