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Una sociedad astillada

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La sociedad entre Enel e INE se gestó en 2001 y dio impulso a GESAL (luego llamado LaGeo), un proyecto de generación de energía a partir del vapor por el calor del subsuelo. La Superintendencia General de Electricidad y Telecomunicaciones (SIGET) avaló dicha concesión.

El contrato, firmado entre Enel e INE, permitiría a la italiana alcanzar la mayoría accionaria de LaGeo a medida que inyectara inversión. En ese entonces, Enel comenzó con un 12.5% de la participación accionaria de la geotérmica, mientras que a INE le correspondía el 87.5% restante.

A medida que se completaran los proyectos geotérmicos en Berlín (Usulután) y en Cuyanausul (Ahuachapán) Enel ganaba acciones en LaGeo. Este último proyecto no prosperó porque en la fase de exploración se determinó que no contaba con suficiente potencial geotérmico, pero con el primero Enel logró llegar al 36.2% del pastel de acciones de LaGeo en 2007. Con esta estación LaGeo pasó de suplir el 12% de la energía que se consume en el país hasta un 24%.

Hasta ese entonces, Enel había invertido alrededor de $105 millones. Ese mismo año comenzó una batalla legal entre ambos accionistas (INE y Enel) porque no se le permitió a la empresa extranjera inyectar más capital para alcanzar la mayoría accionaria.

En 2008 esta batalla legal se llevó a un tribunal de París, el cual resolvió tres años más tarde que se debía permitir a Enel capitalizar LaGeo y lograr la mayoría accionaria. Ese mismo año, 2011, INE apeló la sentencia, pero dos años más tarde esta petición fue desestimada.

A esto se suma una resolución de la CSJ emitida en 2012 que indica que la concesión de LaGeo es inconstitucional porque la SIGET no está facultada para hacerlo. Además, señalaron que las concesiones no pueden ser indefinidas.

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  • arbitraje CEL ENEL
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  • generacion de energia geotermica

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