Vivienda y pensión: las necesidades de los adultos mayores

Varias personas mayores de 60 años escuchaban ayer con atención todas las ponencias que realizaron especialistas que hablaron sobre la situación del sistema de pensiones salvadoreño. El análisis económico, el enfoque de derechos humanos y los retos que tiene el sistema previsional fueron apuntados en hojas de papel que fueron entregadas a los adultos mayores que asistieron al evento organizado por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH).
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Al final del foro, realizado en un hotel de San Salvador, un grupo de personas de la tercera edad que residen en el distrito Italia, ubicado en el municipio de Tonacatepeque, en San Salvador, se concentraron en un pasillo para abordar a una representante del programa de Adultas Mayores de la Secretaría de Inclusión Social para exponerle sus problemas, con la esperanza de encontrar una solución.

Fueron dos las peticiones que hicieron las personas de la tercera edad: vivienda y pensión.

“Como es techo, como es la pensión, más que todo salud. Medicina ya hasta la atención es algo bajita. Sí, hay una clínica pero no da abasto”, dijo una de las mujeres que le solicitó apoyo a la funcionaria.

Margarita Ábrego, vocera del grupo, detalló que los ancianos del distrito Italia zona 1 y 2 viven en condiciones de pobreza.

“Fíjese que lo que realmente necesitamos... No tienen nada, también techo, como los tienen bien deteriorados, la señora vive en una champita (señala a una anciana delgada). Sí, quisieramos que nos ayudaramos en ese aspecto”, recalcó Ábrego.

Varias de las personas que en la actualidad residen en el distrito Italia resultaron afectadas por el terremoto de 1986. Nadie del grupo de ancianos de Tonacatepeque que ayer asistió al foro de pensiones recibe el beneficio debido a que en su juventud se dedicaron a actividades informarles como la venta de productos y tareas agrícolas, por lo que no cotizaron.

“No tenemos nada, en eso andamos (gestionando la pensión). Como en un tiempo que nos criamos en el campo que no nos dieron estudio. Nosotros así nomás nos hemos criado, haciendo ventas, trabajando en el campo. Así nos hemos criado, por eso nunca pudimos aportar así a un seguro. Nosotros andamos tras de una ayuda por la pensión, imagínese que nosotros ya de viejos a puras penitas andamos luchando y no tenemos quién nos ayude”, dijo Martina Tobar, de 65 años.

Para vivir, los adultos mayores del distrito Italia siembran maíz y frijoles o venden alimentos.

Sin embargo, por la edad, las enfermedades han comenzado a afectar su condición física y no pueden trabajar.

“Yo que no tengo nada que me ayude y mire cómo tengo mis manos, mi cuerpo ya todo quebrado (señala sus manos)”, concluyó María Saravia, de 73 años, mientras muestra sus manos afectadas por la chinkungunya.

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