“Evidentemente, el pacto del café fue un acto político”

Borgonovo, presidente de ABECAFE, considera que regalar plantas y fungicidas, sin un plan integral, no tendrá ningún impacto en la crisis de la caficultura.
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El sector agrícola del país ha caído en síncope muchas veces a lo largo de la historia, oficial y extraoficial. A pesar de ser un país con una extensión relativamente pequeña, el agro salvadoreño hace una importante contribución para generar empleo y riqueza propia. Carlos Borgonovo, presidente de la Asociación de Beneficiadores de Café (ABECAFE), puede narrar con detalle por qué el profundo deterioro en la caficultura no se originó por la roya, sino que se hizo más evidente con esta enfermedad del cafeto.

Borgonovo ha trabajado en el negocio del café por 17 años. La gremial que preside participa en el 80 % de las exportaciones del país. Además, desde la empresa Borgonovo Pohl, tienen 50 años de experiencia con el sector. Borgonovo considera que los proyectos para la caficultura deben estar libres de politiquería, de cortoplacismo y asistencialismo: al final, es una inversión a 40 años. Aquí está su análisis de cómo el sector privado tendrá que salir de esta emergencia prácticamente con sus propias fuerzas.

¿Cómo califica el avance de esta cosecha?

Venimos de una cosecha 2013/2014 malísima y este año los estimados de parte del Gobierno eran 1,200,000 (quintales). Nosotros como ABECAFE siempre sostuvimos que iba a ser menos de 1 millón y ahora estamos confirmando que la cosecha no va a ser mayor de 900,000 quintales. Es una leve recuperación de la 2013/2014, pero bajo nuestra óptica es una pésima cosecha, otra vez.

¿Serían dos ciclos seguidos con una producción inferior a 1 millón, entonces?

Y nuestro pronóstico, así como lo estamos viendo, es una reducción para la próxima, la 2015/2016.

¿Y en comparación a la cosecha más baja, cree que será igual?

Estoy viendo zonas que han alcanzado un nivel de deterioro que no se observó en 2012. Las Cruces es un ejemplo. Son fincas que ya parecen chiriviscos completos y están por todo el país. No creo que subamos del quintalaje que producimos este año. Las únicas fincas que quizás se van a sostener son las que han venido renovando y trabajando intensivamente su finca. Sostenemos que con las variedades que tenemos sembradas no es suficiente una o dos aplicaciones de fungicida sino que hay casos en los cuales se ha tenido que aplicar unas seis y hasta siete veces para sostener el ataque de roya.

¿Cuánto cuesta hacer tantas aplicaciones sobre el mismo área?

Carísimo. Son $30 por manzana, cada aplicación. O sea que el costo de combatir la roya puede andar entre $100 y $200. Depende de la gravedad. Solo para la roya. En nuestro caso, en las fincas propias, la inversión para combatir la roya fue de $150 por manzana.

¿Qué ha propiciado que esta infestación sea peor que la anterior?

Ya veníamos de un deterioro desde el último ataque. El parque cafetalero estaba ya muy golpeado desde 2012. El año pasado hubo problemas de antracnosis y ahora el ataque es sobre una población mucho menor (de cafetos), en comparación con lo que había antes. Como le digo, un brote sobre un parque deteriorado complica más la crisis. Necesitamos medidas de largo plazo, ya no podemos seguir pensando en una aplicación de fungicida nos va a resolver los problemas. Tenemos que pensar en renovar el parque.

La roya también atacó en Guatemala y Honduras, pero estos países han logrado crecimientos de dos dígitos en su producción y exportación. ¿Qué cree usted que marca la diferencia?

Honduras ha venido renovando durante la última década. También ha incrementado el parque cafetalero y el incremento ha sido con variedades resistentes. Tienen una caficultura nueva, con variedades de alta productividad, resistentes. Por eso es que ellos vienen para arriba. No quiero regresar al pasado, pero por todas las razones que todos conocemos, aquí no se pudo renovar. Nosotros seguimos con nuestras variedades de hace 40 y 50 años. La renovación que hicimos, en un momento dado, fue con pacas que, al final, es una mutación del bourbon. También es susceptible a la roya. Mientras que otros como Guatemala, Honduras y Nicaragua han estado renovando con material genético de vanguardia, con mayor productividad y resistentes a la roya, nosotros nos hemos quedado estáticos. Ahora estamos pagando por eso.

¿Cuáles son esas variedades hondureñas?

Son catimor, sarchimor (como el cuscatleco), en Guatemala se están sembrando variedades clonadas a una mayor escala. Son muy productivas, tienen una excelente calidad de taza y son resistentes a la roya. Aquí hay algunos que lo están sembrando pero a una escala mucho más pequeña.

¿Quiénes son “algunos”?

Es la variedad llamada centroamérica (la están estudiando en PROCAFE). También hay laboratorios que están desarrollando sus propios híbridos. Es decir, hay tecnología de otros países que está llegando al país y aunque se hace a una escala muy pequeña, por lo menos ya inició. Esa es una de las claves del futuro: ver cómo formamos alianzas con instituciones y empresas privadas de Centroamérica y el mundo que se dedican a la investigación, el desarrollo de nuevas variedades y técnicas. Tenemos que importar esa tecnología para salir adelante.

La variedad centroamérica está en desarrollo y la generaron con las homólogas de PROCAFE en la región. ¿Por qué cree que El Salvador no logra alcanzar a sus pares?

Es la falta de institucionalidad que nos aqueja. En lugar de consolidar y proveer solidez a las instituciones, lo que se observa es un deterioro. Igual que con el parque cafetalero. Ya sabemos lo que le pasa a PROCAFE, que no se le da ni un centavo, cuando la contribución de los cafetaleros (por $0.50) era para las investigaciones de PROCAFE. Lastimosamente, el mecanismo que se utilizó por mucho años deja cierta potestad al Consejo (Salvadoreño del Café, CSC). La contribución la capta el Gobierno y va a una cuenta especial del fisco. Antes, el consejo contrataba a PROCAFE, pero ahora que el consejo es controlado el Gobierno, ya no los contratan. Entonces, esa institución dedicada a la investigación y transferencia de tecnología se quedó sin fondos y con muy poco margen de acción. En este punto, vuelvo a la institucionalidad. El consejo ha pasado casi sin operar durante los últimos dos años. Ya han sesionado varias veces y no nos convocan, porque somos suplentes, como ABECAFE. Nuestros asociados exportan el 70 % de la producción nacional y no nos convocan. En Guatemala tienen una institución fuerte, que es ANACAFE. También Costa Rica tiene a varias entidades y no solo al ICAFE: hay universidades como la Earth, también CATIE, que se han metido al desarrollo de variedades y tecnología para la agricultura. Pero aquí lo que teníamos ya no existe, prácticamente. Opera con pocos fondos y no ha sido sustituido por ninguna institución.

¿Y el CENTA Café?

El CENTA Café... No sé qué está haciendo. No conozco los planes. No tenemos información de cuál es la estrategia a seguir. Como el Pacto. No sé qué es, si es una institución u otra cosa. Cuando no informan sobre sus planes se crea ese vacío y por eso existe una gran desconfianza de todo lo que está pasando. Antes todo el sector estaba involucrado. Nos informaban a nosotros, y luego trasladábamos el mensaje a nuestros agremiados. De ahí ellos hablaban con los clientes. Así es una cadena productiva que funciona. Ahora, nosotros estamos con nuestros planes y vamos hacia adelante, estamos haciendo investigación y desarrollo a nivel privado. Traemos semilla y tecnología de otros países. Hemos hecho nuestros propios viveros y tenemos nuestras propias investigaciones. Por ejemplo, los exportadores de ABECAFE tenemos 3 millones de plantas en vivero. Son los beneficiadores haciendo viveros para la cadena productiva. Eso es sin contar las plantitas que están desarrollando nuestros clientes por su propia iniciativa. Hay un esfuerzo importante que se está haciendo desde el sector privado y estamos buscando cómo triplicar ese esfuerzo, cómo catalizarlo, cómo crear ese efecto multiplicador para que los esfuerzos privados que hacemos, con fondos limitados, lleguen a más personas. Es el reto que tenemos.

¿Qué alternativas han tenido para acceder a recursos?

Son fondos propios que obtenemos del mismo negocio. Hay quienes han buscado fuentes alternativas de empresas en el exterior. También con la banca nacional. El financiamiento es limitado, pero hay. Eso también condiciona el esfuerzo que se puede hacer.

Ya que mencionó el Pacto Nacional por el Café, ¿ustedes participan como gremial?

No, nosotros no participamos y no conocemos qué está pasando. No quiero criticar: si hay algo que quiero hacer, es recomendar. Se ha dicho que habrá 6 millones de plantas. Pero eso me hace formular varias preguntas: ¿a quién le compraron las plantas? ¿la semilla es certificada? ¿es buen material genético? ¿quiénes están haciendo los viveros? ¿Existe un protocolo para el desarrollo de los viveros? ¿Quién va a revisar que los viveros, una vez desarrollados, estén sanos? Cuando vayan a repartirlos, ¿quiénes serán los beneficiarios? ¿Cómo van a hacer los beneficiarios para sembrar esa planta? Para renovar una manzana se necesitan $4,000 solo el primer año. Si se va a renovar con 3,000 plantas por manzana, con un arbolito que cuesta entre $0.30 y $0.40, entonces los arbolitos que vayan a distribuir son $900 de los $4,000. Para desarrollar esas plantitas y que lleguen a su máxima capacidad productiva, solo el primer año tiene que invertirle $3,100 a esa manzana. Por eso, cuando uno escucha el mensaje de “vamos a regalar 6 millones de plantitas”, uno concluye que de nuevo es propaganda política, porque no conocemos el proyecto, que debe de ser integral. Porque si recibo 3,000 plantas para renovar una manzana, ¿cómo voy a conseguir el financiamiento para hoyar, para comprar el abono y fertilizar, para contratar a la gente que haga tres o cuatro “peinas” (corte de maleza) en el año, para comprar los agroquímicos y combatir plagas? Todas esas labores son los otros $3,100 que se requieren para renovar.

¿Es poco el impacto al regalar la plantita?

El costo de las plantitas está entre los $900 y los $1,000. Entonces, si usted no tiene un plan integral, ordenado, no le va a servir de nada. Porque van a recibir las plantas, las van a sembrar y un año después tendrán que dejarlas que se pierdan porque no tienen dinero para trabajarlas. Sin un plan integral, esto es tirar dinero a la basura. Fue lo mismo que pasó con las plantitas que regalaron hace un año, más o menos. Cuando ni le pagaron a los viveristas, ¿se recuerda? Esas plantas iban mezcladas. No se distinguía qué variedad eran. Iban en mal estado, con nematodos (etapas iniciales de las plagas del cafeto). Yo conozco productores que recibieron y ni las sembraron. Entonces, el anuncio es bonito: “Vamos a regalar. Vamos a ayudar”. Pero algunas veces, lo regalado sale más caro. Porque no sabemos si hasta un mal le estábamos haciendo un mal a la caficultura, no sabíamos de dónde provenía la semilla, ni qué variedad era, ni si era un material genético adecuado para nuestros cafetales. Algunas plantas iban en tan mal estado, que yo pienso que más bien se botó el dinero a la basura. Quisiera creer que el Gobierno le da seguimiento a lo que le regaló al productor, porque es muy probable que esas plantas que se sembraron ya ni existen, que se murieron en antes del desarrollo. A lo que voy es que el hecho de regalar plantas no soluciona el problema. Tiene que haber un aparato y un plan bien coordinado para que esas plantas se traduzcan, en tres años, en una producción grande.

¿Ven señales de que hay un plan?

Si existe, no lo conozco. Ya debería haber un plan en blanco y negro de a quiénes se les entregará, qué asistencia técnica recibirán... Pero si eso existe, no lo hemos visto. Y mientras no lo veamos, ni lo tengamos, para mí esto es otro anuncio más de que van a regalar plantitas y a saber quiénes serán los beneficiarios. Todo ese vacío de información lo que crea es esa desconfianza.

Permítame insistir. ¿Por qué ABECAFE no quiso ser firmante del pacto?

Porque ese pacto fue en una coyuntura política y todo lo que se politiza sale mal. Ese pacto fue en medio de las elecciones. Fue un abrazo que se dieron todos allá en la finca de José Antonio Salaverría y fue dentro de una coyuntura política. Nosotros como gremial no nos prestamos. Nuestra visión es la siguiente: nosotros tenemos planes que requerirán de 15 a 20 años para ejecutarse. Las inversiones que hacemos son para cosechar en cinco, 10, 15 y 20 años. Los gobiernos cambian cada cinco años y nuestra filosofía es que el gobierno debe acompañar nuestros planes de largo plazo. Mientras, nosotros les ayudamos con sus planes de cinco años. Pero si vamos a estar con estos cambios de cinco años y van a destruir las visiones de largo plazo, pues así está fregado. No nos podemos prestar para andar en campaña, como gremial, porque dentro de las mismas gremiales hay gente con diferentes ideologías políticas. Nosotros representamos a los asociados ante el Gobierno y somos el enlace, pero no somos una institución que anda en campaña y dando espaldarazos a uno u otro partido político. Lo que nos interesa es desarrollar el sector cafetalero y frenar el deterioro. Queremos devolverle la rentabilidad al sector. Entonces, como fue en esa coyuntura, nosotros dijimos “no participamos” en el pacto. Evidentemente, fue un acto político.

Pero pocas veces se ha visto a las gremiales unidas por un motivo, como ese proyecto.

Los proyectos se ejecutan, no se anuncian. Yo puedo anunciar un montón de cosas y no hacerlas. Estuvieron unidos esa semana, para construir el “gran pacto” en días de campaña. Eso no es “unidos ante un proyecto”, sino unidos para hacer un anuncio.

¿Cree que hace falta una mayor cohesión entre las gremiales cafetaleras?

Nosotros nos llevamos bien con los asociados. Es que mire, los gobiernos siempre ponen de excusa que los empresarios no están unidos. Uno tiene que entender que las gremiales son para representar a los socios de esa gremial. Los proyectos se ejecutan con la cadena productiva. Estamos unidos productores, exportadores y compradores. Si el Gobierno quiere un proyecto exitoso, tiene que considerar a toda la cadena productiva. Por eso es que cuando un proyecto está politizado, arranca mal. El Gobierno, está bien: que ayude en lo que pueda. Pero no pueden vender (el mensaje) de que al regalar 6 millones de plantas es la salvación de la caficultura. Porque no lo es. Tampoco pueden vender (el mensaje) de que van a regalar un fungicida para una aplicación en el año, como que con eso van a salvar a la caficultura. No.

¿Cree que se pueda recuperar la producción de 1.2 millones de quintales en un mediano plazo?

Se necesita un esfuerzo realista entre todos, empresa privada e instituciones. El Gobierno, como facilitador: dar seguridad, buenas carreteras, devolver el IVA a tiempo, reducir los trámites en las aduanas, proveer incentivos –como los fiscales–, prestar desde la banca nacional como ya está haciendo. Solo con que podamos irnos a dormir tranquilos a la finca y saber que podremos salir a supervisar los trabajos tranquilos al día siguiente. Hay fincas donde los camiones no pueden entrar a la zona para recoger el café. Otros cafetaleros tuvieron que negociar con los extorsionistas. La Policía Rural está haciendo un gran esfuerzo, a pesar de que no tienen suficientes recursos. A lo que voy a es que hay cosas mucho más importantes para la renovación que regalar fungicida para una aplicación en el año, o 5 millones de plantas en mal estado, que no se sabe cómo se van a cuidar. Aquí se trata de sacar la política de la acción empresarial y diseñar un proyecto en el que estamos todos en la misma sintonía. El Gobierno facilitando, pero no regalando, ni anunciando, ni haciendo propaganda. Que propicie un ambiente donde el sector privado trabaje en una renovación a escala.

Dijo que no quería hablar del pasado, pero, ¿a qué se refiere cuando dice que no fue posible renovar antes? ¿Qué pasó?

Hubo varios motivos. La reforma agraria fue uno. Después, todos los impuestos que nos pusieron para la guerra. El impuesto a la exportación y el tipo de cambio (valor del colón frente al dólar). Eso significó millones y millones de dólares para el sector café. Luego se vino la guerra, cuando la gente no podía ir a trabajar las fincas. Fue como un “stand-by” (pausa larga) del 77 para acá, cuando en El Salvador no se pudo hacer nada. Mientras que en Honduras y Costa Rica invertían en renovación con variedades nuevas y nosotros, nos quedamos con nuestros bourbones. Entonces ahora a nosotros nos toca entrar en ese proceso. Claro, estamos en una situación compleja, pero se puede. Si no existen esas condiciones y todo es politiquería, entonces nadie se anima. Solo son anuncios y no pasa nada.

Hablando de lo que puede hacer el Gobierno, las gremiales hablan de acceder a financiamiento.

Se requiere de una arquitectura financiera fina. El reto es cómo el sector caficultor recupera la confianza del sector financiero para que nos preste a largo plazo. Porque ahora la mayoría de créditos son a un año, de avío. Todo crédito ayuda, pero para renovar se necesitan créditos para siete años o más. Están los caficultores solventes que pueden iniciar un proyecto, aquellos que pueden invertir capital propio y recibir una parte como apoyo y hay otros que están tan endeudados que tienen que vender la finca. El punto es que no podemos seguir pensando en atarrayazos, porque ahí es donde todos los proyectos nacen muertos. De qué sirve pasar la deuda a 25 años si después no hay financiamiento para renovar en la finca. Eso pasó con el FICAFE. Las deudas se pasaron a 25 años pero no hubo acceso a financiamiento. Fue entonces que comenzó a caer la producción nacional. Solo el hecho de refinanciar las deudas no es suficiente porque no soluciona el problema de raíz.

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