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12,000 botellas para estudiar el séptimo grado

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12,000 botellas para estudiar el séptimo grado

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Carlos Antonio Recinos sabe que son muy pocos los niños que continuarán estudiando séptimo grado, pues la escuela más cercana, situada en la zona urbana de Joateca, Morazán, está a dos horas caminando. Pero eso podría cambiar gracias a miles de botellas plásticas.

Unos 30 adolescentes han sido censados en la comunidad Agua Fría, situada en el cantón Paturla, que podrían estudiar séptimo grado pero las condiciones económicas de sus familias no les permiten ir a otra escuela. Padres y profesores están empeñados en que se funde el nuevo nivel y ya comenzaron a gestionar su aprobación en la Dirección Departamental de Educación, donde, aseguran, les pusieron como requisito poder contar con al menos un aula más.Esta construcción costaría entre $8,000 y $10,000, por lo que tuvieron que ingeniárselas junto a Shelby Fallon, una ciudadana estadounidense miembro de Cuerpos de Paz: construirla con la comunidad, pero con plásticos, para bajar el costo y mostrar a las nuevas generaciones de Agua Fría cómo se cuida el medio ambiente.

Con el entusiasmo de Shelby, alta, delgada, de 25 años de edad, quien ya daba clases de inglés y ecología desde 2011 en la escuela, iniciaron la aventura de hacer una construcción distinta. Ella consiguió financiamiento para algunos materiales y la comunidad se comprometió con el material plástico y la construcción.

Venancio Portillo Urquilla, presidente de la Asociación de Desarrollo Local, recuerda que al principio la propuesta les dio risa, la idea les parecía “rara” porque no se imaginaban que lo podían llevar a cabo, hasta que un video grabado en Guatemala sobre la misma experiencia les hizo cambiar de opinión.

Él y otros padres de familia, quienes nunca habían ido a bailar a otro lugar más que en su cantón y las ferias de Arambala, se anotaron para ir en el pasado noviembre al carnaval de San Miguel. Shelby les contó que luego de la actividad encontrarían abundante plástico.

Sin miedo, a la medianoche abordaron el camión que la alcaldía les prestó y se dirigieron a la actividad. A la 1 de la mañana las calles de la ciudad migueleña estaban repletas de basura, y aquellos hombres menudos, curtidos por el sol, que usan sombrero a toda hora, se apresuraron a recoger las botellas y las bolsas. “Hicieron falta manos”, recuerda Venancio, quien lamentó no haberse podido llevar todo lo que produjo el festejo y se tuvo que conformar con llenar los 15 sacos de yute que llevaron.

Lo recogido duró tres días y fue poco para lo que necesitaba la obra: en total fueron 12,000 botellas de 16 onzas las colocadas, cantidad que lograron con el apoyo de otros centros escolares y recolectando todo el plástico que se produce en Joateca.

Algunas madres y niños llenaron las botellas con bolsas vacías. Luego las amarraban de tres en tres para apilarlas en la pared. Se pasaron semanas en la misma actividad, turnándose en el voluntariado.

En pocos días el aula estará lista y habrá inauguración junto con las escuelas que les colaboraron, incluyendo el Instituto Nacional de Perquín, pero aún les resta poder contar con mobiliario y equipo: pizarra, pupitres y hasta sueñan poder tener computadoras, pero sobre todo que sea aprobado el séptimo grado para que los niños de Agua Fría tengan las mismas oportunidades que todos los estudiantes del país, no importando estar ubicados lejos en el mapa, en medio de los cerros del cantón Paturla.

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