138,288 hectáreas de bosque dañadas

La restauración de los bosques debe iniciar por las cuencas, según los expertos, pero también conlleva cambios en el uso de suelos y en gran medida el ordenamiento territorial para frenar la pérdida boscosa.
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Una ceiba  no pudo sobrevivir a la deforestación por las prácticas de cultivos. Una medida que se debe ordenar.

Una ceiba no pudo sobrevivir a la deforestación por las prácticas de cultivos. Una medida que se debe ordenar.

la pérdida   de bosques ha sido progresiva los últimos años.

la pérdida de bosques ha sido progresiva los últimos años.

Coatepeque  es uno de los ecosistemas más diversos: incluye lagos, bosques y volcanes.

Coatepeque es uno de los ecosistemas más diversos: incluye lagos, bosques y volcanes.

La deforestación   es una de las prácticas menos reguladas en el país.

La deforestación es una de las prácticas menos reguladas en el país.

138,288 hectáreas   de bosque dañadas

138,288 hectáreas de bosque dañadas

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Crecimiento desordenado, incendios, uso de suelos inadecuados, cambio climático, los factores que contribuyen a la pérdida y daños de bosques en el país son diversos y es una constante que ha sido irreversible en los últimos años. Entre 1998 y 2008 se han perdido o dañado 138,288 hectáreas boscosas del suelo salvadoreño, a un promedio de 13,828 anualmente.

El estudio sobre Biodiversidad Biológica del Ministerio de Medio Ambiente y recursos Naturales (MARN), establece que la situación es muy comprometida en el país y que “la mayoría de sistemas ecológicos enfrentan varias amenazas como la reducción, el deterioro y la fragmentación de los hábitats, la sobreexplotación de los recursos y la contaminación”.

Bajo este contexto no es extraña la degradación de los bosques y fácilmente, porque no se han cambiado las prácticas agrícolas masivas y el crecimiento urbano es incontenible, a promedio de 13,000 hectáreas perdidas por año hasta 2015 pudieron complicarse 91,000 más.

“La degradación de los ecosistemas ha provocado alteraciones en la estructura y función de los mismos, disminuyendo la oferta de servicios, en particular la capacidad de regulación hídrica, aumentando el riesgo de deslizamientos con graves consecuencias para la sociedad”, establece el informe.

El no modificar el uso de suelos es lo que más sigue afectando la situación ya existente, dice Jorge Ernesto Quezada, parte del gabinete técnico establecido por el MARN, quien agrega que ya hay muy baja cobertura arbórea en un país tan afectado por el cambio climático y es urgente regular la reforestación, aplicar mejor las leyes ambientales y atender mejor la demanda social de las personas (vivienda, cultivos).

“Yo creo que debemos de repensar y comprometernos de que las leyes de aquí en adelante deben apuntar hacia el desarrollo sostenible”, dice el diputado John Wright, miembro de la comisión de medio ambiente de la Asamblea Legislativa. “No podemos dar el salto y llevarnos de paso a nuestro medio ambiente, que dicho sea de paso ya lo estamos haciendo con mucha contaminación del aire. Somos un país desforestado”, explica el legislador.

La pérdida de bosque implica varias situaciones. Wright recuerda la crisis de agua que ya se vive y la falta de infiltración hacia los mantos acuíferos, pero Quezada también va más allá al recordar que los bosques también regulan los flujos de lluvia y ayudan a frenar las escorrentías.

En este mismo contexto de la deforestación y las sequías que ha afrontado el país en los últimos tres años, la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) ya advirtió de la pérdida de potencial de 15 pozos en el país que suministran agua potable.

El problema, según el legislador, pasa por trasfondos legales y económicos “en todo sentido” y se debe cambiar todo eso. Wright dice que no era necesaria una declaratoria de Naciones Unidas de que El Salvador es un país muy vulnerable, porque los problemas se viven a diario en el país.

Manuel Osorio, gerente de Investigación del Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria (CENTA), asegura que la primera fase de restauración de bosques y medio ambiente debe comenzar por las cuencas hidrográficas del país, en una coincidencia con Quezada del MARN, quien también apunta a los bosques de galería, que son los que crecen a las orillas de los ríos y evitan entre otras cosas que se desborden.

Pero Osorio va más allá y dice que esto se debe acompañar con el abandono de prácticas como la quema de suelos, mantener los rastrojos, dejar crecer árboles que broten naturalmente en el lugar, establecer barreras vivas y muertas, entre otras cosas.

Para Ricardo Navarro, del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada, todavía faltan cosas por hacer y explica que tanto el MARN como el Ministerio de Agricultura deben enfrentar de manera común el problema: “Al MARN le falta mucho para defender el ambiente y junto al MAG deberían emprender un programa de producción agroecológica para evitar la contaminación del agua y los alimentos con químicos”.

“En el fondo, no creo que el problema inmediato medioambiental se va a resolver con leyes, al margen del vacío legal que existe, sino con un cambio en nuestros hábitos de consumo, en nuestra cultura, en el uso racional del agua, en el cuido general del medio ambiente, que es responsabilidad de todos”, dice Wright.

Tanto el MARN como CENTA tienen sus proyectos en el rescate de ecosistemas; el primero en algunas cuencas y el segundo en municipios recurrentes de sequía. El gran problema es la resistencia al cambio en el uso de suelos, la falta de ordenamiento territorial que conlleva el crecimiento desmedido de las urbanizaciones y muchos patrones culturales que se deben modificar para restaurar los bosques.

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