Lo más visto

15 años en una celda por un delito que no cometió

Agapito Ruano pasó 15 años en la cárcel por un delito que no cometió. Y eso no fue lo peor que le pasó. Agapito Ruano faltó al entierro de su hija de nueve años. De la primera tragedia culpa a la Fiscalía General de la República (FGR) que, según él, sin pruebas lo acusó de secuestro. De no asistir al sepelio de su hija, hace responsable al Estado.
Enlace copiado
15 años en una celda por un delito que no cometió

15 años en una celda por un delito que no cometió

15 años en una celda por un delito que no cometió

15 años en una celda por un delito que no cometió

Enlace copiado
Agapito Ruano fue capturado el 17 de octubre de 2000. Dos agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) ingresaron a su vivienda, ubicada en Guazapa, buscando a un hombre apodado como “Chopo”. “Yo no soy ‘Chopo’, yo soy Agapito Ruano, ustedes se han equivocado”, les repitió una y otra vez a los dos policías que, mientras, lo esposaban, lo golpeaban y le colocaban un fusil en la cabeza, amenazándolo con matarlo si no aceptaba que había cometido un delito.

Ruano les pidió que buscaran sus documentos para que comprobaran su identidad, pero los dos agentes tenían la orden de capturarlo porque un testigo criteriado de la Fiscalía señaló que Agapito participó en el secuestro de un empresario. La orden de captura no tenía su nombre, solo estaba escrito el apodo. Pero él recuerda que los policías sacaron un lapicero de su bolsillo y lo colocaron.

El hombre tenía que aceptar ante los medios de comunicación que a él le correspondía el apodo, pero no lo hizo. Uno de los policías lo llevó a un cuarto de su vivienda y le colocó una soga en el cuello, según su relato. “Cada vez que la apretaban sentía que la cara se me reventaba y los ojos se me salían”, recuerda Ruano.

Esa madrugada fue trasladado junto a otros imputados a la delegación de Guazapa. Otro de los acusados le dijo a la Fiscalía que se habían equivocado; sin embargo, las autoridades decidieron continuar con el proceso en contra de Ruano.

Al día siguiente, su familia buscó pruebas para demostrar su inocencia. Contactaron compañeros de trabajo con quienes estaban ejecutando un proyecto en el centro escolar de la zona, pero esto no fue suficiente para la jueza Primera de Paz de Tonacatepeque. Después de un año, el caso pasó al Juzgado Segundo de Sentencia de San Salvador. El 17 de octubre de 2001 ingresó a la sala de audiencias Rodolfo, el hermano de Agapito, quien sí se apoda “Chopo”.

Los fiscales le pidieron al juez que Rodolfo se retirara de la sala y el juez accedió a la petición de la FGR. Un guardia gritó en la sala de audiencia para preguntar quién era “Chopo” y el hermano de Agapito levantó la mano. Luego el guardia le pidió salir del salón.

Sus abogados defensores, que eran empleados de la Procuraduría General de la República (PGR), conocían sobre la identidad de su hermano, pero no optaron ofrecerlo como testigo.

“‘Ya no podemos hacer nada, ya hay juicio, ya casi está la condena. Si nosotros decimos algo nos van a fregar’, me decían los abogados que ningún día me llegaron a visitar a la cárcel”, relata ahora Agapito.

Ruano fue condenado ese 17 de octubre. Su esposa y dos hijos lo llegaban a visitar todos los días, pero esas visitas disminuyeron desde que la salud de su hija comenzó a complicarse. Ya en 2003, la vio pocas veces porque permaneció ingresada en el hospital. El día que falleció la niña, él estaba en condiciones de hacinamiento en el Centro Penal La Esperanza, conocido como Mariona. El único abogado que dio seguimiento a su caso fue su primo. Sin tener experiencia en derecho, buscó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) y presentó un escrito. Después de ocho años, la Corte falló a su favor y sentenció que Agapito Ruano fue condenado injustamente. El Estado salvadoreño le pidió perdón por condenarlo por un secuestro que no cometió.

Tags:

  • juicio
  • injusticia
  • error
  • testigo
  • prision
  • sistema judicial

Lee también

Comentarios