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170 viviendas dañadas por enjambre sísmico en oriente

Una niña resultó golpeada. Protección Civil informó que 11 de las viviendas quedaron destruidas totalmente. Educación suspendió las clases en las escuelas de la zona. Hasta las 5 de la tarde se registraron 348 sismos, informó el MARN.
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Foto de LA PRENSA/Fátima Membreño Entre escombros.  Así quedó la vivienda de Enoc de Jesús Torres, en el cantón Tierra Blanca, en el municipio de Chirilagua, San Miguel, luego de uno de los sismos.

Foto de LA PRENSA/Fátima Membreño Entre escombros. Así quedó la vivienda de Enoc de Jesús Torres, en el cantón Tierra Blanca, en el municipio de Chirilagua, San Miguel, luego de uno de los sismos.

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Los habitantes de los municipios de Intipucá (La Unión) y Chirilagua (San Miguel) se enfrentan al enjambre sísmico que inició el sábado por la noche y que hasta ayer había dañado 170 viviendas construidas con paredes de adobe, bahareque, tejas, duralita y láminas.

Protección Civil decretó alerta naranja para ambos municipios, así como para la jurisdicción de El Carmen (en La Unión). La institución detalló que 11 de las viviendas quedaron totalmente destruidas. Además informó que una niña resultó con golpes en el cantón Los Pajaritos, en Chirilagua.

El Ministerio de Educación suspendió las clases en las escuelas de los tres municipios y las reanudará hasta nuevo aviso. Hasta las 7 de la noche, el Ministerio de Medio Ambiente registró 348 sismos.

Evaristo Romero, de la Comisión Departamental de Protección Civil de San Miguel, dijo que el enjambre es debido a un acercamiento de las placas tectónicas. “Pido a la población que mantenga la calma, después de 25 réplicas ya es un enjambre sísmico. Sin embargo, quiero aclarar que no es porque el volcán de San Miguel va a hacer erupción”, dijo Romero.

Los pobladores del cantón Tierra Blanca, en Chirilagua, hasta ayer a las 3 de la tarde permanecían parados en los alrededores de la cancha La Manguera, donde iban a ser albergados.

Los afectados no ocultaban su angustia y miedo, y muchos niños les decían a sus padres que tenían hambre y que querían almorzar. Tal es el caso de Rosa María Fuentes, de 35 años, quien junto a su hija de nueve años se cubría del sol con una toalla. Ella dijo sentirse molesta y temerosa, ya que desde el sábado en la noche pidieron ayuda a las autoridades municipales y departamentales; sin embargo, aseguró que hasta ayer por la mañana llegaron a evacuarlos.

“Llamamos a las autoridades para que nos ayudaran, pero nadie vino, nos tocó pasar toda la noche y madrugada en el patio de la casa recibiendo todo el sereno. Acá hay niños, recién nacidos y es indignante que la autoridad no nos pueda ayudar en momentos tan difíciles. Estamos en invierno y todos estábamos preocupados porque lloviera y nos mojáramos y se mojaran las pocas cosas que tenemos, pero Dios no nos desamparó”, comentó Rosa María.

“Llamamos a las autoridades para que nos ayudaran, pero nadie vino, nos tocó pasar en el patio de la casa recibiendo todo el sereno”. 
Rosa María Fuentes, afectada

Otro de los afectados fue Luis López, de 54 años, quien contó que a las 7 de la noche sintió que las paredes de su vivienda, construida con paredes de adobe y el techo de tejas, le caían encima, por lo que les pidió a sus hijos que le ayudaran a sacar una colchoneta y varias sábanas para cubrirse.

“Porque Dios es grande y me dio sabiduría para salirme de la casa, no porque las tejas y paredes nos hubieran caído encima”, expresó López.

El concejal de la Alcaldía de Chirilagua, Nelson Orellana, informó que los sectores más afectados fueron Tierra Blanca, Puerto Viejo, La Estrechura y la isla Olomeguita.

“La casa comunal de acá (Tierra Blanca) no la podemos utilizar como albergue, ya que tiene fisuras, por eso lo haremos acá (cancha de fútbol)”, explicó Orellana.

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 Viviendas destruidas a causa del enjambre sísmico, según Protección Civil.

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