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18 aplausos en 46 minutos de informe

Parado frente al salón azul de la Asamblea Legislativa, Salvador Sánchez Cerén, el segundo presidente del FMLN, trata de convencer al pleno sobre las bondades de su gobierno.
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El presidente Salvador Sánchez en momentos que dirige su discurso en la Asamblea.

El presidente Salvador Sánchez en momentos que dirige su discurso en la Asamblea.

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Con traje negro impecable, corbata roja y la banda presidencial que cruza su pecho, se ve sobrio, hasta impávido, como si solo llegara a cumplir con el compromiso del informe de su cuarto año de gobierno, como si ya sabe de memoria todo lo que debe decir.A las 10:18 de la mañana cuando ingresó, ya Schafik Hándal hijo preparaba el terreno al hacer una señal de aplausos a Nidia Díaz, quien sonríe, toca su pelo y hace un gesto de afirmación. Suenan las palmas del Gabinete, de los diputados efemelenistas, del grupo de jóvenes con todo lo que colocaron en el mezzanine; el resto de diputados solo se para por protocolo, por rigor, por la obligación reverencial al primer mandatario.

A las 10:27 de la mañana comenzó su alocución. Nada nuevo para el comienzo de un discurso presidencial en el que los logros enumerados van colgados uno tras otro como si se tratara de un racimo de trofeos: la consolidación de la democracia, el crecimiento económico, la persona humana como centro, la reducción de la violencia, el combate a la corrupción, etc., etc.

Allí comenzó el camino de sus 18 aplausos, de los cuales solo tres fueron sonoros, los otros 15 tan tímidos como el desgaste de su gobierno, según repiten las diferente encuestas de opinión pública.

Frente a los diputados, el presidente lee de manera plana un discurso tan elaborado como los de antaño, donde todo está pintado como un país de maravillas; aún así, con tanta cosa positiva que repite como logro su gesto esconde las emociones y pareciera que se sostiene al podio de manera rígida, solo una vez levantó su mano derecha, a las 10:35.

Antes a las 10:30 sonaron las palmas, con la oposición incluida, cuando pareció tomar como propia la canonización del arzobispo y mártir Óscar Romero, lo que calificó como un mensaje de esperanza. La obviedad indica que aplauden por el próximo santo, porque nada tiene que ver el Gobierno en el proceso seguido por el Vaticano.

FOTO DE LA PRENSA/José Cardona Salvador Sánchez Cerén junto a su esposa, Margarita, al momento de llegar a la Asamblea Legislativa para el informe de su cuarto año de gobierno.

Hasta las 10:37 su voz enumeró logros en seguridad, los más reclamados por la ciudadanía en general; los beneficios de los programas sociales, también el recurso más agotado como panfleto propagandístico. El Salvador Seguro y El Salvador Educado saltan como una panacea asolapada por los Jóvenes con Todo, sentados atrás y que parecen llevar el compás de los tenues aplausos que acompañan el discurso.

Sobre las 10:40 ha hecho el recuento de la educación de primera infancia, de la reforma de salud y los reclamos hechos carteles de los diputados areneros Lucía de León y Orlando Candray dibujan las 2,000 escuelas dañadas y la pelea por el escalafón en el Ministerio de Salud. Karla Hernández va más allá: “Profesor su herencia es el desempleo, la inseguridad y la pobreza”.

El freno a la “economía neoliberal” y las privatizaciones los abordó a las 10:43, junto con el buen clima de inversión, un crecimiento inclusivo, el aumento al salario mínimo. Olvidó el desempleo y subempleo. Para ese momento parece haber cansancio en el mandatario y hasta en su auditorio: Schafik se rasca la mano derecha de manera inquieta y 21 personas entre miembros del Gabinete, diputados de la oposición y tres diputados del FMLN revisan sus celulares.

Sobre el cierre abordó los logros medio ambientales, los hermanos en el exterior; regresó para matizar subsidios y programas sociales y llamó a vivir en paz y dignidad. Eran las 11:09 de la mañana. Con paso cansino regresó a sentarse con la junta directiva de la Asamblea.

Cinco minutos más tarde abandonó el salón azul, con su tercer aplauso más sonoro, tal cual el de ingreso. A su paso olvidó los cambios y rotación de puestos en su Gabinete tras el fracaso electoral el 4 de marzo, una muestra de que su gobierno sangra pálido, como su partido, cuya cúpula fue herida en las primarias cuando las bases rechazaron a su ungido. Ambos arrastran un reclamo de la población que no se reflejó en el discurso.

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