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18 meses para enterrar a un hijo desaparecido

Jesús Antonio Grande tuvo que esperar 13,128 horas para poder reencontrarse con su hijo Albert Antony Grande Benítez.
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Vio pasar una Navidad sin él, un Día del Padre sin él, un cumpleaños sin él. Esperó 18 meses para reencontrarse con lo que quedó de Antony en un cementerio clandestino de la Mara Salvatrucha de Zaragoza, en La Libertad. Algunas de esas 547 noches se las pasó sumergido en angustias y pensamientos sobre el paradero de su hijo.

El calendario señala que hoy es 12 de diciembre, pero para Jesús hoy puede ser el día que tanto esperó: el día para recibir la osamenta de su hijo para realizar una ceremonia fúnebre.Lo único que falta es que la Fiscalía General de la República (FGR) emita un documento en el que le ordene a Medicina Legal entregar lo que quedó del cadáver de su hijo.Son las 8:17 de esta mañana. Jesús entra al centro comercial de Zaragoza a bordo de un pick up conducido por su hermano. Se baja, tiritando del frío porque este día la temperatura ha bajado a 20 °C. Apresurado, se excusa en el tráfico por haber llegado 17 minutos tarde a la oficina fiscal de Zaragoza, ubicada en los locales del lado sur del centro comercial.

—Ojalá que este día por fin nos entreguen a mí, y a mi exesposa, la osamenta de mi hijo –dice Jesús, mientras se calienta las manos en las bolsas de su pantalón.

—¿En todo este tiempo nunca vio los restos de su hijo?

—Me enteré, a través de su periódico, de que lo habían encontrado en el cementerio clandestino el 28 de diciembre del año pasado. Luego alguien del departamento de homicidios de la Policía me llamó diciéndome lo mismo. Ahora voy a ver si por fin me lo dan. Desde que lo encontraron no me lo han querido dar y eso ha sido un calvario eterno, demasiado eterno –responde mientras saca su celular del bolsillo derecho de su pantalón.

Revisa su WhatsApp. Quiere corroborar si su exesposa ya entró en las oficinas fiscales, para pedir el documento y llevarlo a Medicina Legal de San Salvador. Encuentra un audio y lo escucha. Entonces se entera de que ella todavía viene a bordo de un autobús, desde Apopa. Así que decide no esperarla y entra en las oficinas.

Cinco minutos después sale decepcionado, con las manos fuera del pantalón. Le dijeron que Medicina Legal todavía no ha notificado el resultado de la segunda prueba de ADN, para tener la evidencia científica de que los huesos encontrados en el cementerio clandestino pertenecían a su hijo. Lamenta que sin esa notificación no podrá reclamar los huesos de Antony. Los forenses hicieron la primera prueba de ADN en enero, después de que la Policía encontró el cadáver, junto con otros cuatro, en una colina del caserío La Vega del cantón San Sebastián Asuchillo, en Zaragoza. Esa primera prueba, según le dijeron, había arrojado que los huesos no eran de su hijo.

—No es justo que me tengan dando vueltas innecesarias –dice.

—¿Quién le dio esperanzas de que hoy sí podía reclamar los huesos de su hijo?

—Es que ayer fui a Medicina Legal a preguntar. Ahí me dijeron que los resultados ya estaban listos, pero que no me podían entregar la osamenta porque la Fiscalía no había enviado el oficio.

—¿Entonces en Medicina Legal le dijeron que esta vez la prueba de ADN sí había revelado que se trataba de su hijo?

—No, me dijeron que no me podían decir nada hasta que la Fiscalía enviara el documento.

—¿Cómo está tan seguro de que uno de esos cinco cadáveres era el de su hijo?

—Es que uno de esos cadáveres, según me dijeron, estaba atado de las piernas con la camisa de la empresa, igual a la que andaba mi hijo el día en que desapareció.

Jesús todavía está explicando cuando, faltando 15 minutos para las 9 de la mañana, ingresa su exesposa en las oficinas fiscales. “A ver con qué le salen a ella”, dice al verla entrar. “Con ella hay que tener cuidado, no le gusta mucho que los medios de comunicación estén dando seguimiento al caso. A mí me parece importante, para hacer presión mediática”, comenta.

Diez minutos más tarde, la exesposa de Jesús sale de las oficinas fiscales, con los ojos rojos como si acaba de llorar. Se dirige hacia Grande y le dice, con voz airada: “¡Por favor!, ¡por favor!, no quiero que estés hablando con algún periodista, mi hijo no es ningún show, ¿entendiste?” Luego se aleja y entra en un supermercado para comprar agua.

Jesús, parado en el parqueo frente a las oficinas, prefiere guardar silencio. Hasta que ella ha entrado en el supermercado, Jesús dice que lo único que le queda es ir nuevamente a Medicina Legal y pedirles que envíen la notificación, para después regresar a Zaragoza a pedirle a los fiscales que emitan la orden de entregar la osamenta.

No se lo piensa más y le dice a su hermano que vayan a San Salvador, a buscar a alguien en Medicina Legal. Su hermano enciende el vehículo y se van. Su exesposa queda en el parqueo.

Cuando llegan a Medicina Legal, a las 10:45 de la mañana, Jesús escucha otro audio de WhatsApp en el que ella le sugiere que ya no haga o pregunte nada, porque le acaban de dar el documento y le anuncia que va en un autobús hacia San Salvador para retirar los restos de Antony.

El caserío de los desaparecidos

El criminalista de la Fiscalía, Israel Ticas, explicó a LA PRENSA GRÁFICA el 5 de enero, en el cementerio clandestino encontrado en el caserío La Vega, que lo más probable era que Albert Antony Grande Benítez, de 24 años, estaba entre los cinco cadáveres encontrados.

En el cementerio clandestino y sus alrededores, según explicó Ticas, fueron encontrados algunos elementos que daban indicios de que Antony estaba enterrado ahí.

Primero. Desapareció en el lugar el 30 de julio del año pasado, a la 1:30 de la tarde, mientras instalaba una antena de televisión satelital en el lote 11-B del caserío La Vega, según los registros del caso que tiene la Policía. Entre los cadáveres, de acuerdo con la inspección ocular, había uno que tenía una camisa de la empresa para la que trabajaba Antony. Los registros de la empresa, que fueron consultados por los investigadores policiales, relatan que Antony fue hasta ese lugar porque una mujer, que residía en el lote 11-B, llamó por teléfono para que le instalaran la antena.

LA PRENSA GRÁFICA buscó el lote 11-B del caserío, el 5 de enero de este año, para preguntarle a la mujer si el joven Antony llegó a instalarle la antena, pero en el lugar no había nadie.

Segundo. Antony había llegado hasta el caserío, sin acompañantes, en un microbús tipo panel color blanco, año 2012 y placas P-129-932. Los restos de ese vehículo, incendiado, fueron encontrados en las cercanías del cementerio clandestino.

Por ese vehículo, el dueño de la empresa para la que trabajaba Antony fue a poner una denuncia de extravío en la Policía. En esa denuncia, según una copia a la que tuvo acceso LA PRENSA GRÁFICA, detalló que el 30 de julio a las 2 de la tarde recibió una llamada proveniente del celular de Antony. En esa llamada, el joven le explicó a su jefe que pandilleros del caserío La Vega lo habían secuestrado y que querían “dos papos”, refiriéndose a $200, a cambio de dejarlo ir con todo y el vehículo de la empresa.

El dueño de la empresa contestó que solamente tenía $100 y que se los iba a enviar con otro de sus empleados hasta la gasolinera que está en la entrada de Zaragoza.

Cuando el empleado llegó, a las 3 de la tarde a esa gasolinera, un supuesto pandillero le llamó, desde el celular de Antony, diciendo que era mejor bajar hasta otra gasolinera en el puerto de La Libertad para hacer la entrega del dinero y liberar al joven y al vehículo. El empleado se fue a la otra gasolinera y esperó hasta las 6 de la tarde, cuando se retiró porque nadie llegó a pedirle el dinero.

Desde ese momento, aunque el dueño de la empresa y el empleado llamaron en repetidas ocasiones a Antony, ya no contestó. Ese 30 de julio en la noche, el celular de Antony fue apagado.

Con la denuncia del vehículo extraviado y luego con la denuncia que los padres de Antony pusieron por la desaparición, la Policía y la Fiscalía comenzaron a investigar y a buscar.

Fue hasta el 28 de diciembre del año pasado cuando policías, fiscales y Ticas encontraron las primeras pistas en el cementerio clandestino, por lo que les dijo un pandillero capturado en la zona. El pandillero les contó todo lo que sabía a cambio de beneficios penitenciarios y reducción de los años que iba a pasar en la cárcel.

Once meses después, y a pesar de tener el testimonio del pandillero criteriado y haber hecho la exhumación de los cinco cadáveres encontrados, la Fiscalía confirmó que todavía no han capturado a ninguno de los pandilleros que participaron en el crimen. También informó que las pruebas de ADN han tenido que repetirse, porque en al menos dos casos no han coincidido con las personas que sospechan que sus familiares estaban entre las cinco víctimas. El único caso, que después de dos pruebas de ADN, resultó en coincidencia ha sido el de Antony.

LA PRENSA GRÁFICA solicitó a la Fiscalía una entrevista con los fiscales del caso para conocer las razones por las que pasó casi un año y medio para que los restos de Antony fueran entregados a su familia y para preguntar por qué todavía no hay capturas, pero hasta el cierre de esta nota no había una fecha para platicar del caso.

Sobre los otros cuatro cadáveres, de acuerdo con lo único que informó la Fiscalía, todavía se están realizando pruebas en el laboratorio de ADN de Medicina Legal para determinar científicamente las identidades.

Algunos de los habitantes del caserío La Vega, a quienes LA PRENSA GRÁFICA entrevistó, dijeron que hasta enero de este año habían desaparecido nueve personas que residían en el lugar.

Uno de ellos era un niño de 12 años. Ticas dijo que entre los cadáveres encontrados en el cementerio clandestino había uno con las características del niño.

En El Salvador es casi imposible obtener datos estadísticos de la cantidad de personas que desaparecen. La Policía Nacional Civil (PNC), cuando se le consulta, dice: “Persona desaparecida no existe como delito en nuestro Código Penal. Por lo tanto, la Policía Nacional Civil no tiene un registro con esa categoría específica”.

Las últimas estadísticas que fueron reveladas son las que el fiscal general, Douglas Meléndez, fue a decir a la Asamblea Legislativa el 20 de marzo de este año: 588 desapariciones iban en el año hasta esa fecha. Esos desaparecidos se suman a los más de 11,000 reportados entre 2009 y 2016.

Las desapariciones en La Vega, según dijeron los habitantes en enero de este año, también provocaron que al menos seis familias decidieran abandonar sus viviendas por temor a que los pandilleros, armados con fusiles AK-47, M-16 y otras armas, los desaparecieran.

El reencuentro

Cuando la exesposa de Jesús finalmente llega a Medicina Legal, a las 12:10 de la tarde, lo hace acompañada de su madre y otros cuatro familiares. Todos vestidos de negro. Todos preparados para recibir los restos de Antony.

—Vaya, tomá, te traje una copia del documento– le dice la exesposa a Jesús.

—¿Eso es todo? ¿Ahora sí ya nos lo van a entregar?– pregunta él.

—Sí, vamos a ver qué nos dicen.

Ambos caminan hacia la puerta principal de Medicina Legal, seguidos por los ojos de los familiares que se han quedado atrás, esperando. Hacen unas preguntas al guardia de turno y luego un médico forense aparece en la puerta diciendo que ya todo está listo, que ahora sí les van a entregar lo que queda de su hijo.

En ese momento también llega un vehículo fúnebre, pagado por la familia, para retirar la osamenta de Antony. La exesposa de don Jesús regresa hasta donde están sus familiares y les asegura que ahora solo deben esperar unos minutos más. Una adolescente que está entre los familiares no aguanta y deja salir las lágrimas.

“Les pido por favor que no me vayan a tomar fotos”, dice la adolescente frente a un periodista y un fotoperiodista.

Luego se acerca la exesposa de Jesús y dice lo mismo, para asegurarse.

—¿Sabe por qué no quiero a los periodistas? –pregunta.

—¿Por qué?

—Los fiscales me dijeron que mi exesposo era muy arrebatado. Que por andar hablando con periodistas podía entorpecer la investigación. Por eso es que ya no le dicen nada los fiscales a él.

—¿Pero no cree que se han tardado mucho en entregarle a su hijo?

—No lo vamos a negar, han sido negligentes quizá. Pero ya por fin lo dieron.

La conversación no ha terminado cuando Jesús se acerca y anuncia que llegó el momento, que por fin podrán recibir los restos de Antony. Da instrucciones al empleado de la funeraria para que lleve el vehículo fúnebre hasta adentro de Medicina Legal. Una vez adentro, el médico forense les muestra a Jesús y a su exesposa una caja celeste que contiene los huesos de su hijo. La exesposa llora al verlos y se queda en silencio. El empleado de la funeraria saca una caja fúnebre pequeña, diseñadas para enterrar bebés, y mete en ella los restos de Antony. Luego lleva la caja hasta el vehículo y la guarda. Afuera, los familiares ven de lejos todo lo que ocurre adentro y también lloran.

Jesús, antes de subirse al vehículo de la funeraria y marcharse a Apopa para realizar la ceremonia fúnebre, se acerca al médico forense para despedirse. “Gracias, hoy por fin le vamos a dar una cristiana sepultura, después de todo este tiempo, que sentí que fue eterno. Ya mandé a pagar la tumba en la alcaldía de Apopa, mañana lo enterramos. Gracias”.

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