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58 años elaborando flores para tumbas de desconocidos

Desde que tenía 15 años se ha dedicado a hacer flores y coronas artificiales, de forma empírica, que embellecen algunas tumbas de Ahuachapán y Santa Ana.

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Ocasión especial.  Solís afirma que la producción de flores aumenta a partir de agosto, para el Día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.

Ocasión especial. Solís afirma que la producción de flores aumenta a partir de agosto, para el Día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.

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Las manos de Gloria Esperanza Solís Bonilla llevan 58 años consecutivos haciendo de las hojas de papel atractivas flores que adornan los camposantos de El Refugio, en Ahuachapán, y de Chalchuapa, en Santa Ana.

Solís Bonilla, de 73 años de edad, reside en una humilde vivienda que heredó de sus padres, en la colonia San Antonio del cantón El Rosario, El Refugio. Fue la única mujer de seis hijos que procrearon José Miguel Solís Linares y María del Rosario Bonilla.

Cuenta que el arte de crear flores de papel lo inició a los 15 años de edad de manera empírica, cuando días antes del 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, su madre llegó a la casa con un arreglo floral que sería colocado en la tumba de su abuelo.

"Yo veía cómo cada año mi mamá compraba los arreglos para la tumba de mi abuelo, y recuerdo que un día llegó con una corona, le dije que si me la prestaba para desarmarla y presté atención de cómo era que la hacían. Desde entonces comencé, me compraban el papel bond y la pintura, y hacía los arreglos florales y coronas", comenta Solís Bonilla.

Recuerda que tomó una mayor iniciativa tras mostrar sus trabajos en la escuela Francisco Gavidia, de El Refugio, donde uno de sus profesores la motivó a continuar elaborando las flores, además de aconsejarle que hiciera otro tipos de manualidades.

"Cuando estaba en el séptimo grado uno de los profesores me dijo que tenía el don de hacer manualidades y que debería de ponerlo en práctica, fue así como comencé a poner más atención al trabajo de las flores y las coronas. Fui aprendiendo sin que nadie me enseñara, yo me fijaba cómo era que se hacían y luego me iba a la casa y repetía los procesos poniéndoles mi propia creatividad", explica la mujer.

El primer trabajo que realizó fue una corona fúnebre que fue colocada en el lugar donde se encontraba sepultado su abuelo.

Luego, con el apoyo de sus padres, comenzó lo que sería su principal fuente de ingresos económicos hasta este momento, y con el cual ha logrado educar a sus hijos: cosmetóloga y docente.

"Me acuerdo que las 15 flores las vendíamos a 3 colones y las coronas a 6. El dinero que ganábamos servía para algunas cosas de la casa y para comprarme más material y seguir haciendo las flores", recuerda y agrega que su trabajo es de todo el año.

Solís Bonilla afirma: "Si alguien viene y me dice: ‘mire, niña Gloria, necesito tantos ramos o coronas para una fecha en especial’, se les hace. si la quieren de un estilo o color en especial también se hace".

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